Tantadel

abril 18, 2012

Cómo anda la campaña presidencial

Luego de que han aparecido recientes encuestas, los partidos comienzan a buscar nuevas estrategias, a consolidar lo que consideran éxitos o a instrumentar acciones novedosas para intentar cambios que hasta hoy no son perceptibles. Enrique Peña sigue de puntero con alrededor del 50% de la intención del voto. Josefina Vázquez Mota ha descendido un punto, más o menos, y López Obrador se aferra al 20% en el mejor de los casos. Gabriel Quadri, ni siquiera se ha movido, ocupa la última posición. Extraño: es el mejor preparado intelectualmente, es un rostro novedoso en la política, pero lo afectan su desinterés y el partido que lo propone para Presidente de México.

Dice el refrán que en la guerra y en el amor se vale todo, en esta lógica, habrá que incluir a la política, simplemente porque es más perversa. El puntero siempre mantiene las cosas igual, no le toca insultar o ser agresivo en exceso, debe cuidar su ventaja. Si es alta, como sucede en este proceso, ¿para qué modificar las cosas? En todo caso, habrá que intensificar las acciones de campaña, ser cauteloso y mostrarse como la solución de un país agobiado. Son sus rivales los que tienen que arriesgar más, sobre todo cuando la diferencia es tan alta. Por ello, Josefina Vázquez Mota, que iba bien antes de que el IFE diera el banderazo de salida, ahora se rinde, se enfunda en los pantalones de los hombres machos y hasta se pone sombrero de charro para mostrar que las puede. Honestamente, sus asesores y camaradas no la quieren al permitirle que el eje de su campaña sean los ataques feroces de una experta en autoestima y buenos modales en contra de alguien que de no cometer un enorme traspié está en las mejores posibilidades de conquistar la Presidencia.

Josefina es de pena ajena. Su discurso fatiga y aburre, está plagado de verdades que se han hecho lugares comunes que a pocos mueven. El discurso antipriista lo agotó prácticamente López Obrador, un ex priista. Son frases manidas que no producen ningún terror, sobre todo si se observa que no funcionan en la práctica: Peña Nieto sigue subiendo. Si hoy fueran las elecciones y el PRD y el PAN se unieran de alguna manera, no ganarían.

López Obrador desde hace días recuperó su discurso natural, la crítica violenta, las descalificaciones, prepara la idea, que en el pasado le resultó, de ser víctima de un fraude. Pero no se percata que su fugaz paso a la “República amorosa” lo dañó, pocos creyeron la patraña. Los empresarios van con cualquiera con tal de proteger sus intereses, los pobres se quedaron sin portavoz y los fanáticos de AMLO están desconcertados por su aparente cambio de personalidad. Muchos lo han señalado y puesto públicamente distancia con él. El PRD sabe que está entrampado, que muchos de los votos que atraiga su candidato beneficiarán al PT y, desde luego, a Morena. No muchos seguirán creyéndole a ciegas, no tiene muchas esperanzas de crecer, salvo seguir la ruta de Vázquez Mota y ya la ha tomado: irse de lleno contra Peña Nieto. Si alguien tiene la curiosidad de leer las intervenciones de ambos diariamente están incluidos varios ataques a Peña Nieto y al PRI. Criticar al PRI es sencillo, tiene un historial negro, pero tampoco el PRD con su enorme corrupción y el PAN con su total incapacidad y con los miles de muertos de la guerra contra el crimen organizado, son para defender.
Por su lado, Enrique Peña Nieto parece seguro, quizá lo esté. Rodeado de hábiles dinosaurios, marcha por el país acumulando puntos que se reflejan en las encuestas y en los propios medios que suelen destacar más sus propuestas que las de sus rivales. Tanto Josefina como Andrés Manuel se refugian en las propuestas demenciales: hacer trenes bala, bajar la gasolina, subir impuestos, mejorar salarios, crear refinerías por todo el país… Pero no nos dicen cómo en un país de tan frágil economía. Es verdad, prometer no empobrece, pero sí se corre el riesgo de perder simpatías ante la propuesta imaginativa, lejos de la realidad.
Josefina Vázquez todavía podría enmendar el rumbo y disminuir la distancia con el puntero. Para AMLO las cosas se ven más complicadas. El discurso amoroso no funcionó y su regreso a la virulencia y la propuesta descabellada lo exhiben como un político inestable. Él mismo se contradice, modifica su opinión y sólo es tenaz en el agravio. No tiene buenos asesores o si los tiene no los escucha. Confía en él como toda persona mesiánica, pero su mejor momento pasó y no da señas de tomar un rumbo coherente. Sólo sus feligreses lo acompañan ciegamente. El problema es que son los mismos que ya lo siguieron en la derrota. La mayor parte de la población ve con mejores ojos a la panista y al priista, como se aprecia en las encuestas.

Faltan los debates. Es la esperanza de todos: allí aparecerán las armas secretas, los peores golpes de parte de los que van abajo. El que puntea tendrá que saber sortearlos. La mejor encuesta aparecerá luego de los debates.

Opinión 2012-04-18 - La Crónica

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