Tantadel

abril 27, 2012

El hermano incómodo del mejor alcalde del mundo

El escándalo Walmart comenzó en Estados Unidos. La empresa sobornó a funcionarios mexicanos para desplazar a mercados populares y avanzar sobre la competencia de supermercados. Calderón dijo estar “indignado”, pero no recordó exactamente el nombre de la firma.

Los mercados públicos del DF, orgullo de Ernesto P. Uruchurtu, fueron un prodigio de organización y eficiencia. Era maravilloso comprar en tales sitios ordenados, limpios y con productos frescos de calidad. Luego comenzaron a deteriorarse, mejor dicho, a ser abandonados. La competencia con los supermercados es desigual. El marchante de frutas, de quesos, la carnicería, la señora que vendía flores por años, todos fueron cediendo ante el peso de las cadenas de tiendas de autoservicio. La inmensa mayoría de los viejos mercados hoy son lugares de comida, los puestos que venden frutas o semillas, carne y tortillas están al borde de la extinción. Son pocos los pequeños comerciantes que han resistido. El mercado al que suelo ir, situado en la colonia Del Valle, desde hace años compite contra un súper a media calle y sólo se mantiene vivo merced a la comida que abunda. Los locatarios que tienen otros productos terminan por rendirse y emigran luego de traspasar su local o lo convierten en fonda para los oficinistas de la zona.

Los mercados están descuidados, han perdido el esplendor, su frescura, el entusiasmo de antaño. Hay veces que uno se rinde y acude al Walmart donde hay todo y suponemos que más barato. El fallecido escritor y periodista de origen italiano, Carlo Cocciolli, decía que eran como museos para ver latas, envases, botellas, productos raros, todo ordenado y limpio, eficaces como suelen ser las empresas de la iniciativa privada. Pero asimismo son puntos donde la voracidad y la corrupción se han centrado o al menos han pasado a las altas esferas de la política nacional, siempre vinculada a negocios turbios o a tráfico de influencias.
Ahora los mexicanos, especialmente los capitalinos, descubren que uno de los más altos ejecutivos de la trasnacional se llama Alberto Ebrard Casaubon y sí, claro, es hermano del “mejor alcalde del mundo”. Está visto que hasta en las mejores familias de “las izquierdas” la corrupción florece, hacen negocios al amparo del poder. Para tener un mejor mapa de las turbiedades del PRD en el Distrito Federal habrá que esperar algún día no distante, pero al fin lo veremos. No sólo la corrupción se da en esferas inferiores, en las delegaciones como Tlalpan donde El Pino (flamante secretario de Educación del DF), Guillermo Sánchez Torres e Higinio Chávez han saqueado literalmente las arcas delegacionales, sino en términos generales, este partido ha sabido aprovechar de manera astuta su inmenso poder, el que los capitalinos refrendan en cada proceso electoral sin ninguna reflexión. Los negocios turbios son su principal ocupación, como hemos visto en René Bejarano, Clara Brugada o Dolores Padierna. Son pocos quienes se salvan de la corrupción.

Ahora le tocó a la familia de Marcelo Ebrard. Lo extraño es que muchos lo sigan viendo como el paradigma del político “progresista” y distinguido, cuando es un prófugo de un PRI autoritario que no le dio la Presidencia de la República a su mentor y mejor amigo, Manuel Camacho. Desde entonces, pasaron al centro y de allí se declararon “izquierdistas”. Pero no basta con proclamarse de izquierda, son las acciones las que prueban la filiación política, ideológica y si antes las sospechas de corrupción llegaban hasta esos rimbombantes apellidos, hoy las pruebas comienzan a aparecer. La diputada panista Margarita Martínez Fisher señaló ante locatarios de mercados públicos que piden apoyo y reorganización: “No sabía por qué el Gobierno de la ciudad no beneficia a los mercados públicos con los seis mil millones de pesos que otorga anualmente mediante la tarjeta de apoyo alimentario para las personas adultas mayores. ¿Por qué no las usan en los mercados? No sabía, pero ya lo tengo claro. Consulté la página de internet del Grupo Walmart México y saben qué encontré, que Alberto Ebrard Casaubon, hermano del jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard Casaubon, es vicepresidente en ese grupo”. La citada página informa que Alberto Ebrard Casaubon es vicepresidente senior de Bodega Aurrerá y tiene 14 años de antigüedad en la empresa.

Está visto que el PRD cada día que pasa nos obsequia otra muestra de su infaltable corrupción. Antes se conformaban con auspiciar el comercio ambulante, ahora ya están en los grandes negocios trasnacionales. Y eso que cada rato nos endilgan rollos patrióticos y hablan de rechazar todo intento del PAN o del PRI de privatizar lo que queda en manos del Estado. Lo que nunca dicen “las izquierdas” es que en el DF poco resta en la esfera gubernamental, todo está privatizado, para la construcción de vialidades, un negocio descomunal, se recurre, desde luego, a empresas particulares. Para justificarse, explican que son “izquierdas modernas”. Bueno. Sólo es cuestión de que los capitalinos despierten y vean que el hombre que toleró el linchamiento de policías en Tláhuac, es también parte de un bien aceitado negocio cuya sede está en EU, cotiza en la bolsa de valores y es experto en corrupción. ¿Ahora está claro el abandono de los mercados públicos?

Opinión 2012-04-27 - La Crónica

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