Tantadel

abril 11, 2012

El líder social a la mexicana

Explica Ricardo Alemán que Enrique Peña Nieto es puntero no tanto por su talento político, sino por los errores de sus rivales. Tiene razón el experimentado columnista. Cada día que pasa vemos las debilidades de la panista y del dueño de todas “las izquierdas”. A cambio, no encontramos ninguna fortaleza. Por esa simple razón, Enrique Peña conserva el primer lugar en las encuestas. Ahora recorre el país con la característica habilidad del viejo priismo y la seguridad que le han dado sus rivales por más que lo acusen con lugares comunes, que no son ya efectivos.

Vázquez Mota no da pie con bola. Comenzó bien, derrotó a sus enemigos internos encabezados por Felipe Calderón, Gustavo Madero, la señora Sota, Genaro García Luna y Ernesto Cordero. Fue una hazaña que imitaba a la de Calderón enfrentándose a Fox y a su delfín Santiago Creel en calidad de “hijo desobediente”. Les ganó y alcanzó al puntero López Obrador y le pudo ganar. Pero Josefina Vázquez pensó que todo estaba solucionado al obtener la candidatura del PAN y que el resto marcharía sin sobresaltos hacia Los Pinos.

Experta en autoestima, olvida que la política se mueve con otros valores. Hoy ha dado tantos traspiés que está por reorganizar su campaña, mientras voces “amigas del PAN” piensan en buscar un candidato más adecuado para bajar a Peña Nieto del primer lugar. La señora supone que echándole la culpa de todos los males del mundo al PRI ganará. No después de doce años de panismo. El discurso y las tácticas deben sufrir alteraciones. Necesita a su alrededor políticos que conozcan el país, comunicadores que sepan qué es una campaña de esa envergadura. Pero no, iba segura y gozosa hasta que se topó con varios muros pequeños que no supo sortear.

El primero fue el Estadio Azul, donde se quedó hablando sola; el segundo una oratoria meliflua que ve a Peña Nieto como el diablo, cuando podría insistir en propuestas y proyectos para México. Desde luego, romper discretamente con el hombre que más daño le hace, su propio jefe nato, Felipe Calderón. Pero tampoco, va justificando los actos que medio país le reprocha, entre otros la guerra contra el crimen organizado. Hay que poner distancia, debe ser una “hija desobediente” y no una hermana de la caridad, enfrentándose a lobos. Muchos dentro de su mismo partido.

AMLO, a su vez, no sabe qué hacer: ha sufrido tantas metamorfosis que ya ni sus más leales seguidores lo quieren cerca, unos por sus bandazos, otros por sus locas ideas políticas, unos más porque a cada tipo que se encuentra le da cabida en su gabinete ampliado y a los que faltan les explica sandeces que al menos los hacen dudar de la cordura y consistencia ideológica del líder tabasqueño. Asesores los tiene y de cierta calidad, saltimbanquis que han ido de un partido a otro y hoy juegan sus últimas cartas pensando en que ganará, lo cual es una auténtica broma. O una pésima comprensión de la política mexicana. Que puede subir en los debates, de acuerdo, pero también puede perder más ante Peña y Vázquez Mota. Por ahora, pese a su insostenible y ridícula república amorosa, apenas consigue algo. Los medios, un indicador de cómo marcha la campaña, lo sienten y notan, van obsesivamente tras Peña Nieto y no tras sus rivales. El puntero da noticias, los otros causan pena. Josefina, luego de un ligero mareo mostrándose en shorts en una caminadora para probar que está sana y fuerte, es una bobería. Pero las palmas a la incoherencia se las lleva López Obrador, a pesar de que él sí cuenta con asesores de peso. Claro, un dictador jamás escucha. Su rudimentaria definición de líder social (él) dada a conocer en Twitter no lo retrata: “Un dirigente social busca convertir los sueños en realidad. Es movido por un ideal, una doctrina, una filosofía, algo. Sin ello, es la nada”. Pues sí, él es la nada. Carece de ideología, tiene montones de ocurrencias, de chistes, ninguna idea seria. Primero fue tras los pobres, ahora coquetea con los ricos empresarios. Carece por completo de ideología, como carecen Peña Nieto y Vázquez Mota. Sus discursos son huecos, sus hechos lamentables. Ha perdido incluso el valor de enfrentar a los poderosos, ahora les ruega, les pide apoyo. Hay un hombre lastimoso que pide perdón por haber ocupado Reforma, destruido negocios y entorpecido la vida urbana. Nada de fondo. No leyó a los clásicos del pensamiento progresista: de Marx a Bobio. Es pura intuición y eso funciona cuando como Napoleón se es un genio capaz de ganar grandes batallas y al mismo tiempo planear leyes y estructurar cambios para modificar a las monarquías europeas. No es ni siquiera un líder social, es un hombre de ambición descomunal que ama el poder y que piensa que está señalado por el dedo divino para obtenerlo. En efecto, un líder social tiene una poderosa ideología, como la tuvo Lenin o Ernesto Guevara. No él. En este contexto, la gente mayoritariamente sigue viendo mejor a Peña Nieto y no porque lo sea, sino porque parece (dije parece) más experimentado. Cuando afirma haberse formado en la universidad de la vida, tiene razón y eso es nada.

Opinión 2012-04-09 -
La Crónica

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