Tantadel

abril 16, 2012

Fox, ¿oráculo político o provocador?

Vicente Fox consiguió la hazaña de sacar al PRI de Los Pinos, no es poca cosa. Una vez en la Presidencia de la República, el hombre perdió el ímpetu, el coraje y se hizo un chivo en cristalería. Si para frenar las ambiciones de Francisco Labastida lo señaló como “mandilón”, ya en el poder él se asumió como un hombre sujeto a los caprichos de la mujer de la que se enamoró: calculadora, mediocre y ambiciosa. De vocera pasó a esposa y allí se vio como posible sucesora presidencial, como una suerte de Eva Perón. Pero Fox cometió tantos desatinos que terminó por convertir la famosa silla del águila en silla de fonda. Fox fue un caudillo, pero no el hombre que México necesitaba para la transición democrática que aun ahora se ve distante. El país perdió seriedad y se hizo botín de auténticos rufianes, ya sin disfraces de ninguna clase. Las ideologías se perdieron, el respeto también. En lo sucesivo la política se hizo un torneo de vulgaridades y falsedades. Fox pasó de esperanza a verdadero charlatán.

Sin embargo, no todo estuvo perdido, pese a que, como a la usanza priista, quiso dejar a un sucesor, a Santiago Creel, Felipe Calderón fue capaz de remontar a su antiguo jefe y también al candidato más fuerte en ese momento, López Obrador, y derrotarlo. Es decir, pese a todo, Fox mantuvo al PAN en el poder, incluso a pesar suyo.

Pero seamos claros: Fox no era panista, no lo es, su carácter de ranchero independiente, su rápido ascenso, su capacidad para los chascarrillos y su desenfado a veces cínico, otras natural, lo convirtió en aquello que a los mexicanos tanto les gusta: un caudillo. Para triunfar y alcanzar Los Pinos formó una misteriosa organización, no suficientemente estudiada, llamada “Amigos de Fox”, de donde salieron recursos materiales y voces de empresarios, intelectuales y políticos resentidos que le sirvieron como un sólido apoyo.

El resto cualquiera lo sabe. Fox no ha dejado de sentirse presidente de México y habla con desparpajo. Atrás quedó el vendedor de refrescos y hoy es un “intelectual”, un “politólogo” que explica y ha formado una fundación con su nombre y un centro de estudios que produce materiales de poca monta y sirve como escenario de sus fanfarronadas. En una de ésas, ha sido sincero: el ex presidente no le ve capacidad a Josefina Vázquez Mota. Tiene razón. La señora, economista y madre, como se presenta en sus “comerciales” no es una mujer de experiencia política, no sabe lo que es enfrentarse a las masas, responder a sus adversarios, se limita a explotar un antipriismo fácil, ramplón, que se ha agotado en las ocurrencias de López Obrador.

A pesar de dos o tres aciertos, en general Josefina no ha podido crecer. De allí que Vicente Fox, siempre inoportuno, haya declarado vencedor de la contienda presidencial a Enrique Peña Nieto, salvo que “ocurra un “milagrito” y Josefina pueda remontar una enorme ventaja que la separa del priista y mantener a Obrador en el tercer lugar. Por ahora ella confía en el equipo que la rodea, donde no hay uno que digamos pueda destacar: todos son incapaces evidentes.

Fox metió al PAN en un enorme lío: le anticipó la derrota ante Peña Nieto, quien públicamente agradeció la “deferencia” y dijo que aún faltaba camino y que seguiría trabajando con ahínco. El PAN se indignó, los posibles votantes de Vázquez Mota se desconcertaron y ahora el fuego amigo se concentró en Fox, quien anuncia que tendrá su propio show televisivo, donde entrevistará a grandes figuras de la política nacional e internacional. Para empezar, el PAN de Guanajuato anticipa que prepara una sanción contra Fox. ¿Cuál podría ser, regañarlo, expulsarlo? Lo primero se le resbala, lo segundo es ridículo. ¿Ya para qué?, podría decir él mismo.

El daño está hecho y Josefina Vázquez Mota apenas ha modificado sus tácticas de lucha política, a lo sumo se “ha puesto los pantalones” y se hace llamar “La Jefa”, una expresión que ya usaron con Marta Sahagún. ¿Jefa de quién?, si está rodeada de hombres y mujeres de poco o nulo talento político que fueron sus rivales. Josefina sin duda confía en el debate, donde piensa recuperar simpatías, prestigio y votos. No será fácil, pero es posible anticiparla atacando a su principal oponente, a Peña Nieto, ¿para qué perder el tiempo señalando las infatigables mentiras y el historial de López Obrador? Pero allí puede estar el “milagrito” que necesita no sólo para mantenerse en el segundo lugar sino para ganarle al PRI. Pero pongámonos foxistas: Peña Nieto no está manco y puede responder o no, según la estrategia del grupo de mañosos que lo rodean pueda señalarle. Mientras tanto, Vicente Fox, en una de sus típicas salidas para no perderse en el olvido, ya la derrotó. Tampoco es como para tomar sus palabras a la ligera. Venció al PRI y como sea, contribuyó a otro “milagrito”: impedir que López Obrador llegara a Los Pinos. Para colmo, una de las conciencias marginadas del PAN, Manuel Espino, aseguró que Fox tiene razón.

Opinión 2012-04-16 - La Crónica

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