Tantadel

abril 11, 2012

Günter Grass, un escándalo magnificado

Cuando era niño y Alemania estaba a punto de sucumbir, Günter Grass fue reclutado por las perversas tropas de asalto nazis, en sus últimos intentos por frenar la oleada roja que venía a gran velocidad sobre Berlín. Algo semejante le sucedió al Papa: en su juventud estuvo afiliado al nazismo y ahora es una persona que nadie acusa de servidor de Hitler o antisemita.

El pueblo alemán lleva una pesada carga: el siglo XX presenció dos salvajes guerras desatadas por el excesivo militarismo prusiano. En la primera se rindieron fuera de su territorio, la segunda fue una severa lección para Alemania. Debió ser difícil para toda la nación aceptar que habían apoyado a un grupo decididamente antisemita y anticomunista. Pero el síndrome del holocausto les quedó, ha sido su peor carga y lo pagan de diversas maneras. La principal es apoyar a toda costa a Israel. Pero como hace algunos años en México dijo el destacado intelectual Gabriel Zaid, Israel no es Ana Frank. Ahora es una potencia nuclear que cuenta con un enorme apoyo de Occidente y cuyos lazos con el gran capital son evidentes. Todos recuerdan los seis millones de judíos asesinados, pero nadie los veinte millones de soviéticos masacrados en su propio país: la URSS. Y no es un problema de cantidades, lo es de analizar bien los resultados de la Segunda Guerra Mundial y la manera en que nace Israel en lo que por siglos fuera territorio palestino.
Hace un par de años, en Nueva York, me acerqué por pura curiosidad a una manifestación en contra del expansionismo israelí. Me llamaron la atención dos cosas: la participación de muchos judíos al lado de los palestinos y la distribución de una hoja donde aparece Palestina en 1945 y hoy en día, disminuida de modo atroz por los asentamientos judíos. No se trata de ir contra ese pueblo por razones raciales, se trata de entender que es expansionista y está cometiendo un nuevo genocidio contra los palestinos que carecen de la fuerza necesaria para enfrentar a uno de los más eficaces ejércitos del mundo, bien armado y decidido a dominar la zona. Un país que ha crecido a costa de los palestinos con el apoyo invariable de Estados Unidos y que hoy no cuenta con ningún contrapeso, desparecida la Unión Soviética.

Para EU y en general para la Comunidad Europea, la presencia todopoderosa de Israel es fundamental para el control de la zona. Los árabes se mueven inquietos y sin una ruta precisa como la tuvieron hace años. Los dictadores proliferan y no hay sentimiento de unidad. Viven, en tal sentido, como los encontró en la Primera Guerra Mundial el célebre Lawrence de Arabia, quien escribiera un hermoso libro de memorias: Los siete pilares de la sabiduría. Desde hace tiempo todo es políticamente correcto, hasta tener armas nucleares en Occidente, menos en otros países. Corea del Norte está en la mira y desde luego Irán. Sólo las “democracias” tienen derecho al armamento atómico. Los demás no. Pero Israel lo tiene, su ejército es poderoso en extremo y recibe apoyo a raudales. De muchas maneras es un país imperialista en la zona que esgrime el terrible holocausto, juega a la eterna víctima y ay de aquel que diga lo contrario, es satanizado como nazi. Lo curioso es que los palestinos acusan a Israel de ser neonazi: exterminadores, al mostrar cadáveres de niños y mujeres, de hombres armados de forma rudimentaria, que pelean por su derecho a vivir como un Estado, en su propia casa.

En este contexto apenas dibujado, el formidable escritor Günter Grass escribe un poema donde señala los excesos de Israel y la manera en que se prepara un ataque a Irán. El escándalo se desata: todos lo acusan de antisemita. No lo es, es un hombre que ve con claridad el problema de Medio Oriente y tiene el valor de decirlo. No es nazi por haber escrito unos versos reveladores. En su propio país, donde siguen avergonzados por sus crímenes de guerra, se le lanzan al cuello. Recibe críticas excesivas y pocos recuerdan su notable literatura que bien conocemos en México. Salman Rushdie, también perseguido, alega que Grass no es antisemita y es evidente, es un intelectual que no acepta la maniobra de pinzas entre Occidente e Israel para eliminar a sus enemigos. Su obra muestra a un crítico del nazismo, pero eso no significa que deba callar ante las nuevas atrocidades.

Que Israel tiene derecho a existir, es verdad, existe y es un poder notable, económico y militar, pero también lo tendrán los países árabes que lo rodean y aquí debe entrar una reflexión a futuro. ¿Cuánto tiempo podrá el magnífico ejército judío mantener a raya a los millones y millones de árabes y musulmanes que son sus vecinos? Israel ha mostrado intolerancia una y otra vez. La música de Wagner, por ejemplo, no la escucha porque fue el autor favorito de Hitler y ello le ha impedido a su pueblo disfrutar a un enorme autor, que ni remotamente fue nazi porque el nacional socialismo apareció como amenaza internacional, y no sólo para los judíos, muchos años después de su muerte.

Opinión 2012-04-11 - La Crónica

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