Tantadel

abril 13, 2012

La insufrible política mexicana

Al contrario de lo imaginado, la alternancia ha resultado una pifia democrática. Son los partidos políticos quienes nos han degradado, dividido y hasta idiotizado: basta leer los medios, atender a los mensajes electorales y asomarse a las redes sociales, que de sociales, al menos en estos meses, nada tienen: están politizadas de la peor manera.

En otros países donde se ha transitado de la tiranía a la democracia, los resultados han sido si no estupendos sí importantes. España, por ejemplo, ha entrado en un buen desarrollo económico, aunque con las habituales crisis económicas tan propias del capitalismo, pero la alternancia es un resultado de un manejo político que bien podríamos calificar como adecuado. En México, en cambio, cada día que pasa los partidos políticos sin excepción se convierten en factores de odio, transmiten mensajes llenos de perversidad, mentiras y calumnias. Si uno observa de cerca los equipos de cada candidato, vemos toda clase de tiranuelos y personas deshonestas, falsarios y sin ninguna ideología. Intercambian acusaciones y mentiras, se calumnian unos a otros. Los candidatos, en mayor o en menor grado se han convertido en fabricantes de lodo y promotores del odio, el que cuaja perfectamente en una sociedad inmadura como la nuestra. La mejor prueba son los discursos de AMLO, pero no se quedan atrás Vázquez Mota, Peña Nieto y Quadri. No buscan soluciones, buscan los errores y defectos de sus enemigos para atraer votos y descalificar rivales. El PAN, recorre el Estado de México buscando pruebas de que Peña Nieto no cumplió cabalmente su cometido, ha gastado una fortuna en ello, sus resultados son bajos.

En estos días los artículos de los periodistas manifiestan ya no su asombro del lodazal de la campaña, sino de sus alcances a escala nacional. Empachan los mensajes, hartan los discursos, irritan sus exageraciones y lo peor, las escasas promesas que hacen son inviables, puras humoradas, acciones fáciles de hacer, imposibles de llevar a cabo. Prevalece la ligereza y la demagogia. Quienes por distintas razones se topan con ellas, están fastidiados. Todos saben o intuyen que esta suma de falsedades se lleva a cabo con su dinero, con los dineros que pudieran ser utilizados para construir y mejorar escuelas, regenerar las ciudades tan llenas de imperfecciones y problemas, crear fuentes de empleo en un país donde el número de personas desocupadas crece. La mayoría, estoy seguro porque suelo hablar con muchas personas diariamente a causa de mis actividades laborales, terminarán tan decepcionados que no irán a las urnas por más que el IFE nos endilgue mensajes positivos, cuando la realidad de la partidocracia es inmunda.

Ante nuestras críticas, las críticas de periodistas sensatos y miembros de la sociedad civil, la burocracia responde: es el costo de la democracia. Si alguien se ha beneficiado con el nuevo sistema, son los partidos políticos, sus más destacados militantes y sus cercanos militantes que aprovechan el dinero que el gobierno reparte con generosidad. Han hecho fábricas de ricos.
Para colmo, los medios de comunicación, especialmente los diarios, están plagados de políticos disfrazados de periodistas y los intelectuales han asumido compromisos con los partidos. Son previsibles, a veces sólo basta ver sus nombres para saber qué nos dirán, cuánto lodo saldrá de sus computadoras. ¿Cuál es el objeto de tenerlos y además pagarles cuando se necesitan opiniones distantes de los criterios e intereses políticos? Honestamente, no lo sé. Pero, por razones de trabajo, abro los periódicos y los veo llenos de políticos: unos tienen empleo y usan el periodismo para mejorar su situación, otros están desempleados y quieren chamba. Todos ellos, que son docenas y docenas, están al servicio de sus partidos y de ellos mismos, de sus intereses. Usan sus espacios para esparcir más y más el fango. Hablar con políticos es un ejercicio complejo: hay que soportar sus mentiras, sus falsas promesas, su total carencia de ideología. Vistos los personajes cercanos a la señora Vázquez Mota, hay de todo, hasta panistas convencidos y para qué señalar al PRD, allí sólo hay ex priistas que ahora tratan de mostrar su arrepentimiento y la necesidad de salvar al país.

Los meses que faltan para que los políticos callen son pocos, pero parecerán una eternidad.

Faltan los debates, el intercambio de insultos, de ofensas de gruesos calibres, faltan las reacciones a esos imaginarios debates donde no hay ideas ni proyectos, sólo acusaciones vulgares. La política mexicana carece de dignidad, de nivel. Está en unas cuantas manos, sí, pero todas ellas capaces de pervertir al país entero. Entre Peña Nieto, Vázquez Mota, López Obrador y el recién llegado al cochinero, Quadri, han llevado a cabo tantas “hazañas políticas” que sumadas podrían salvar no sólo al continente latinoamericano, sino a la totalidad de los países pobres del mundo que no son pocos.

Realmente no merecemos una clase política como la que padecemos, pero el problema es que cada feligrés o militante ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en su candidato.

Opinión 2012-04-13 - La Crónica

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