Tantadel

abril 01, 2012

La mentira como arte

Hay un hombre cuyos partidarios aplauden cada mentira suya y ay de aquél que ose señalar sus engaños...

Aunque México es católico esencialmente, son pocos los que respetan el mandamiento de la ley de Dios, no mentirás, en especial los políticos. Por una razón u otra engañan, hacen promesas que no piensan cumplir y para todo tienen una respuesta de falso optimismo. Luis Donaldo Colosio, en tal sentido, fue un caso raro. Advirtió que veía un país adolorido en un discurso conmovedor. Días después era asesinado. La propia sociedad te invita a mentir, a ocultar tus opiniones, tienes que fingir y ser cauteloso ante los errores y defectos sociales que te agobian. Quien infringe esta regla, es sancionado de múltiples maneras, dependiendo del ámbito donde se mueva.

Pero hay un hombre cuyos partidarios aplauden cada mentira suya y ay de aquél que ose señalar sus engaños: sufrirá insultos y descalificaciones. Hablo de Andrés Manuel López Obrador. Mintió cuando para ser candidato al gobierno del DF, impulsado por Cuauhtémoc Cárdenas, dijo tener la residencia capitalina de la que carecía para serlo. Una vez en el poder, buscó la Presidencia y para intentar llegar a ella hizo de la mentira y el cinismo eficaces armas políticas que le permitían ocultar su esencia: autoritarismo y brutalidad.

La mayor falsedad fue hacerse presidente legítimo, una bufonada costosa para él. Luego se despojó el pomposo título para ser falsamente amoroso. Ahora recupera su naturaleza: hace días volvió al cargo para perdonar a Calderón y retar: Sigo siendo presidente legítimo y me convertiré en presidente constitucional. O ya se hizo líos o su desfachatez es mayor. La megalomanía lo poseyó y no hay exorcismos contra eso a menos que un buen psiquiatra lo ayude, tal vez su futuro secretario de Educación Pública. Prepara la derrota y la siguiente disputa e insiste: “los dados están cargados” y las “cartas marcadas”. Es decir, hay un nuevo complot, pero ganaré, clama desde su tercer sitio, lejos de Peña Nieto y Vázquez Mota, quien también miente, olvida la bajeza de los suyos y afirma que el PRI es quien la espía y le hace la guerra sucia. La República del amor es una fantasía boba. No más “la izquierda” a toda costa, el rayito de luz y esperanza que torcía las leyes y ordenaba plantones para desquiciar a una ciudad que lo idolatra por pura demencia. Como es usual en él, dejó el amor y ataca con bríos y majaderías no sólo a sus enemigos, a veces acompañado por personajes que se dejan enlodar. Presenta libros como propios, que más adelante aceptará sólo haber firmado. Eso es grave, lo exhibe como un charlatán. Retomó la campaña en su tierra, donde ya lo conocen a través de las corruptelas de su hermano incómodo José Ramiro, acusado de fraude y desvió de recursos. En Tabasco, Obrador consigue el tercer lugar, luego de Peña Nieto y Vázquez Mota. Pierde fanáticos. Hasta Fernández Noroña ha roto con AMLO, a pesar de que no ve mejor candidato y es así porque de los cuatro no se hace uno. El aguerrido político, de los pocos “izquierdistas” no ex priista, se siente traicionado; lo es. AMLO reconoce a Calderón luego de una larga y loca guerra donde arrastró a miles.

Hago memoria y regreso a los años en que yo comenzaba a impartir clases en Ciencias Políticas y Sociales; recuerdo a un joven priista, Andrés Manuel, fanatizado por su causa, enemigo del estudio, que sabía engañar pero no a los maestros, reprobaba una y otra vez. No parecía tener futuro político. Pues lo tuvo, es una celebridad y la única materia que no recibió, Demagogia I, lo hizo exitoso y lo convirtió en caudillo. Es experto en proponer absurdos, inventar simplezas, designar ingenuos en cargos remotos y engañar con frialdad a buena parte de la nación. La intelectual Ikram Antaki, mujer de izquierda real, escribió un artículo premonitorio: AMLO degradará al DF; se quedó corta: ha degradado a todo el país, desprestigiado a la izquierda, ridiculizado a la política y convertido a la mentira en un arte.


Excelsior 2012-04-01

No hay comentarios.: