Tantadel

mayo 30, 2012

De república amorosa a desamorosa

El encuentro de Javier Sicilia con los cuatro aspirantes presidenciales ha dejado multitud de reacciones y lecciones que por ahora no serán cabalmente entendidas. Cada quien lee las cosas como le conviene. Desde los participantes de las redes sociales hasta los políticos profesionales y los comunicadores que a estas alturas poco comunican y sí contribuyen mucho al caos.
El domingo presenciamos un debate que puede ser calificado como patético, frases hechas, lugares comunes, agresiones, mensajes cifrados y un tedio completo. Los ganadores sin duda fueron aquellos que optaron por la lectura de un buen libro o de un filme notable. Decepcionante, pero así está la capital. Sólo Miguel Ángel Mancera estuvo en lo suyo: para qué pelear si tiene ganada la elección y es así porque no tiene contrincantes al frente. Se esperaba mucho de Beatriz Paredes, simplemente fue a mostrarse ante un público ávido de soluciones a los grandes desafíos que padece el DF, hoy, sin dudarlo, un infierno para visitantes y habitantes. Las victorias pírricas de Ebrard y la escandalosa corrupción apenas aparecieron.

Luego la República vio desconcertada el encuentro de Javier Sicilia con los aspirantes presidenciales en Chapultepec. Javier estaba en lo suyo, era el dueño del escenario y como tal actuó. Regaños y besos para cada uno. Besos que todos recibieron, menos AMLO. Con tal de ganar puntos y votos soportaron públicamente la reprimenda. Fingieron ser humildes y amorosos, cuando en realidad quieren ser dueños de un país que pasa por una grave crisis de valores, donde todos mienten con descaro. Desde Felipe Calderón que está por irse y no quiere ser perseguido por organismos de derechos humanos, por los deudos y fantasmas de las miles de víctimas que su paso ha dejado, acosado por los desempleados, los pobres y los engañados con sus discursos y promesas, por su infinita demagogia. Deja un país envuelto en una contienda incivilizada y brutal. Pocos lo han dicho, pero la pugna civil que nos involucra es su responsabilidad, es un hombre que no sabe gobernar, que nos enfrentó a unos y otros y que le falló al propio PAN.

Veamos. Javier tiene razón y así lo aceptaron tres con docilidad: Peña Nieto, Vázquez Mota y Gabriel Quadri, quien mantuvo su postura de “independiente” y fue hábil al responder como si fuera un luchador social y no el candidato del Panal. Sólo dos llamaron la atención, quizá porque Josefina, pese a sus descabellados intentos de recuperar terreno, miente en sus mensajes y ante el espejo; no cuenta más: está derrotada. Uno, Peña Nieto: de nuevo lo vimos sumiso, negado para devolver las críticas. Otro, López Obrador, porque al recibir el regaño (autoritario, resentido, mesiánico, intolerante, aliado de Bartlett…), emitió como respuesta una nueva falsedad: “No me pueden meter en el mismo costal. No soy nada de eso que tú mencionas…, no soy un político mentiroso, corrupto…”, una simulación colosal, todos, hasta sus fanáticos, saben que es justamente eso, una persona que engaña con inaudita facilidad, es un hombre que no tolera la crítica y ha permitido la corrupción. Un semidiós que convierte odiosos pecadores priistas como Ricardo Monreal, Manuel Camacho y Manuel Bartlett en monjes de la caridad de “izquierda” con dinero.

Enrique Peña Nieto, quien a diferencia de López Obrador sí vive en la república amorosa, ante cada insulto, cada mentada, cada acusación, responde inalterablemente diciendo que respeta a sus agresores. Podría defenderse. No, respeta a sus enemigos que lo han tratado de linchar. No me imagino a López Obrador, el de la prédica amorosa (una farsa), pidiendo paz y respeto a sus enemigos. A ellos, los trata de aplastar. Si queremos ser sinceros, el famoso candidato de Televisa no debe serlo tanto, los más conspicuos periodistas al servicio de esta empresa se han ensañado con él, lo han provocado, nadie lo ha defendido y él responde con el estribillo: Yo los respeto a todos. A estas alturas, el mito debería estar fuera de las indignadas bocas de quienes así lo veían. Joaquín Coldwel dice que “es educado”. Yo no sería tan generoso. Está en la guerra sucia y no es una metáfora.

El debate que viene entre los presidenciables será prueba de que hemos pasado a un combate colosal, sólo falta el conflicto poselectoral. La pelea ya está clara, será entre Peña Nieto y López Obrador. Vázquez Mota irá sólo a desahogar su odio y a atacar al primero, su principal obsesión.
La única ventaja de esta campaña convertida en un zafarrancho vulgar es que de muchas maneras está contribuyendo a modernizar políticamente al país. Si somos sensatos, hay que aprovechar las duras lecciones llenas de violencia que vemos a diario, madurar y buscar al fin un país libre de mentiras y demagogia. Una nación digna de ser considerada con respeto. Como vamos, tan llenos de odio, no nos queremos ni nosotros mismos. La obsesión de cada votante posible es ver sometido, agraviado, ofendido, linchado, a su enemigo, mientras que a su candidato lo pone en un pedestal. Es intocable y tiene la razón. Hoy muchos obradoristas muestran su malestar o desconcierto, ante las palabras de Javier Sicilia dirigidas a López Obrador.

Opinión 2012-05-30 - La Crónica

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