Tantadel

mayo 23, 2012

El nuevo y el viejo PRI

A mi querido colega y amigo Pepe Grillo, periodista notable
Si hemos de tomar en serio (yo sí lo hago) las palabras, metafóricas, obviamente, de Kapucinsky, de que se aprende más política en un museo o en una galería de arte, tendríamos que aceptar al dramaturgo Arthur Miller cuando precisa en un libro espléndido, Al correr de los años, que nuestra sociedad actual exige que un líder político sea también un consumado actor. Para probar su acierto, habla de Nelson Mandela, Bill Clinton, Roosevelt o Truman. Tiene razón. El presidente Nixon sabía mentir como un experto actor que repite parlamentos notables escritos por alguna otra persona. Miller trata de explicarse en función de esta característica, el doble papel del demócrata Roosevelt, campeón de la lucha contra el nazismo, que permitió que la España republicana fuera destruida por Francisco Franco, apoyado por dos agresivas potencias fascistas: Alemania e Italia. Al final tuvo que arrepentirse de su actuación. Existía la posibilidad de que una España libre hubiera contribuido a detener la expansión de Hitler y Mussolini.


Algunos políticos mexicanos, como Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, saben mentir, en particular este último, quien lo hace con naturalidad y lo hace así porque está buscando un Oscar por su papel: se contradice y lleva a cabo promesas demenciales. Sus partidarios lo adoran. Habla del PRIAN y de una misteriosa colaboración de esa mafia con las televisoras para impedirle el paso a Los Pinos porque cambiaría todo positivamente. No sabe cómo, pero millones de mexicanos creen en sus palabras.

De su lado, Felipe Calderón, trata de ponerse a salvo en las postrimerías de un sexenio perdido, fracasado, y nos dice que contra él no protestan. O es ajeno a la realidad o reacio a ver lo que pasa en las redes sociales, donde lo menos que le dicen es “teporocho” y “asesino” todos los días. Peña Nieto precisa con ingenuidad que él y su partido representan la modernidad. Pero hay algo en común: los cuatro candidatos van a modernizar, a cambiar profundamente al país. No pasa un día sin que nos digan que ésa es la meta. Claro, tampoco dicen cómo lo harán.

Pero los que presenciamos intercambios de insultos disfrazados de proyectos, comenzamos a mentir también. La palabra PRIAN pareciera una verdad matemática, cuando lo que existe es una reunión tácita entre el PRD y el PAN en su intento por derrumbar al puntero. La mafia del poder, incluye a López Obrador y aquellos que no acaban de notarlo, son sus mejores víctimas, los ciudadanos. Pero de algo estoy seguro: existe un viejo PRI y entre sus más conspicuos militantes están, cito sólo algunos representativos, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Marcelo Ebrard, Manuel Camacho, Ricardo Monreal, Arturo Núñez, Rafael Moreno Valle, Andrés Manuel López Obrador, Manuel Bartlett, Ifigenia Martínez, Socorro Díaz, Alejandro Rojas, Alejandra Moreno Toscano, Cota Montaño, Gabino Cué…

El nuevo PRI tiene lo suyo y es posible resumirlo con la célebre frase de Napoleón Bonaparte cuando ante las pirámides de Egipto dijo: “Soldados, cuarenta siglos os contemplan”. Por donde los vea uno, vienen del jurásico, han pasado por todos los cargos imaginables y todavía están allí, como el famoso dinosaurio de Monterroso. Pero hay algunas novedades entre las que destacan: Rosario Robles, René Arce, Ruth Zavaleta y desde luego el propio Enrique Peña Nieto.

Ambos partidos nos dicen que representan la modernidad y quieren hacer de México una nación avanzada. Entre los dos está la lucha por Los Pinos. El PAN, el que fuera descartado desde hace muchos meses por el visionario y prófugo Humberto Moreira, en efecto se autoeliminó. Entre los errores fatales de Felipe Calderón y las pifias de Josefina Vázquez Mota, ahora comparsa de AMLO, Acción Nacional no está más en la batalla incruenta. Probó que no sabe hacer política a pesar de su larga existencia, comenzada en 1939. El viejo PRI miente con desfachatez. El nuevo, también. Pero uno de los dos se quedará con la Presidencia de México, mientras Josefina y Calderón salen de México a curar su derrota en un avión llamado Ipiranga.

Entre el viejo y el nuevo PRI no hay voces de cambio real. Ambas fuerzas proponen lo mismo: parchar el edificio, ponerle más pintura a la fachada, reparar los muros que amenazan derrumbarse, en fin, remozar el sistema. Ninguno propone cambios sustanciales. Se trata de darle al neoliberalismo un rostro amable, menos severo y permitir que el Estado haga algo, se sienta su presencia, al menos en Pemex, lo que significa mantener la empresa igual. Las dos versiones de lo mismo pertenecen con rigor al centro y ninguna a la izquierda.

Desaparecida la propuesta del marxismo, donde los menos radicales pedían un comunismo de rostro humano, ahora nos queda la posibilidad de darle al capitalismo algún ropaje celestial y brindarle apariencia de generosidad. Nadie toca al monstruo. A escala global, el neoliberalismo cruje, hace daño a incontables países, pero en México, los candidatos presidenciales quieren mostrarlo como una novedad redentora.

Los políticos mexicanos son buenos actores, mienten y muchos saben hacerlo de modo convincente por instinto o porque intuyen el método Stanislavsky. Nosotros somos espectadores que cumplimos el papel de pagar los gastos y aplaudir como focas. Gozosos.

Opinión 2012-05-23 - La Crónica

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