Tantadel

mayo 04, 2012

Intelectuales y política en México

Recientemente el polémico y talentoso Mario Vargas Llosa, declaró que “El desprestigio de la política en nuestros días no conoce fronteras, debido en parte a que el nivel intelectual, profesional y sin duda también moral de la clase política ha decaído.” Añadió con clara contundencia que no deja de ser notable la escasa influencia que ejercen los intelectuales en la sociedad actual. Es verdad. Los grandes debates actualmente no existen, tampoco los producen los políticos, a lo sumo, provocan escándalos, se ven envueltos en ellos. Sarkozy es un ejemplo destacado. Otro puede ser Obama quien jugaba golf mientras sus cuerpos de inteligencia y militares asesinaban a Osama bin Laden y en Guantánamo se pudren docenas de musulmanes.

En México podemos seguir en detalle el paso de cuatro candidatos presidenciales y de unas centenas de aspirantes a puestos menores. Los medios dan cuenta de su penoso andar. Ninguno dice algo novedoso, inteligente, no hay propuestas valiosas, lo que nos dan a raudales es charlatanería y poca imaginación. Menudean los ataques entre ellos. Con frecuencia los discursos y los ofrecimientos desmesurados e inútiles que tienen en los labios, son dictados por “especialistas” en mercadotecnia que escasamente poseen alguna vocación social y apenas conocen los grandes deberes del Estado.

Carlos Fuentes suele hablar de política y trata de ser crítico e imparcial. A veces da en el blanco, al contrario de Carlos Monsiváis, quien formaba parte de la comitiva de López Obrador en lugar se serle útil a la sociedad. La mayoría de nuestros intelectuales están por decirlo de una manera evidente cooptados por los políticos. Si nos ponemos rigurosos, los hallamos cautivados por la demagogia infinita de López Obrador. Lo apoyan sin ninguna postura crítica, simplemente los tiene fascinados. Olvidan que el principal encanto que poseen los caudillos es la ferocidad con sus rivales y la cordialidad con sus servidores. En nuestro caso, la lista de aquellos intelectuales que están en el primer círculo de AMLO es casi interminable. Elena Poniatowska se hará cargo de la todavía inexistente Secretaría de Cultura. Para colmo, hablan de independencia y de ser críticos.
Carlos Fuentes es un intelectual que, como Mario Vargas Llosa, suele hablar de política. Incluso de varias formas han entrado de lleno en tal actividad. El primero fue consistente partidario de Luis Echeverría y embajador de México en Francia. El segundo se presentó como candidato a la presidencia de su país natal, Perú. Es, en todo caso, normal que tengan preocupaciones de orden político.

Fuentes acaba de declarar en Buenos Aires, tajante, que los candidatos (tres) con más posibilidades de conquistar la Presidencia de México “son mediocres y poco interesantes”. Añadió con precisión: “No están ofreciendo ninguna novedad, sólo nos dan retórica”. Ello podría dar idea de cierta congruencia política. No dejan de tener razón sus palabras. Pero enseguida explica lo innecesario o torpe, luego de afirmar que no apoyará a nadie: “Hubiera respaldado a Marcelo Ebrard si hubiera llegado a presentarse a los comicios, ya que es un candidato inteligente”.

Estas últimas palabras son prueba de que conoce a Ebrard personalmente pero que como es obvio, no vive en el DF. Sin duda olvida que era el jefe de seguridad cuando en Tláhuac lincharon a policías y nada hizo por salvarles la vida. Marcelo, dentro de las llamadas “izquierdas” es de los pocos letrados, que habla con pulcritud y que no proviene de las cloacas políticas más bajas sino del arrogante PRI, en la época en que su mentor Manuel Camacho estaba seguro de ser el sucesor de Carlos Salinas de Gortari. No recuerda Fuentes que ha pasado desde el PRI hasta la “izquierda” sin dejar de lado el centro, al que más de una vez elogió públicamente, cuando él y Manuel tenían su propio partido político. En fin, la lista de errores y traspiés es larga y no daré cuenta completa de ella. Me limito a señalar algunos datos para que Fuentes, que a veces pasa por México a recoger un premio literario o un doctorado, tenga una mejor idea de quién es su “gallo”.

Pero retomemos las palabras de Vargas Llosa. El intelectual ya no produce ningún debate de altura, carece de grandes ideas, no es el gran partícipe de las polémicas que antaño enriquecían. José Vasconcelos, quien creó la SEP. Vicente Lombardo Toledano, fue maestro en el arte de polemizar y de proponer ideas destacadas. Era marxista. Del otro lado de la luna, estaba Daniel Cosío Villegas, un crítico ejemplar del presidencialismo. La UNAM, como institución de alto rango, produjo infinidad de casos. Hoy sólo aparecen parodias, que monótonamente repiten las acusaciones obvias: el PRI es el malo, le sigue el PAN y el PRD es la “izquierda”, sin importar sus niveles de corrupción. Para ello escriben libros y artículos que pocos leen y que en nada influyen. No hay novedades políticas, ni siquiera son analizadas las ideas que vienen del extranjero. Consumimos nuestra propia mediocridad. Nuestros lugares comunes que los medios de comunicación repiten una y otra vez.

Sin embargo, estoy de acuerdo con Carlos Fuentes: no existe el buen candidato, el mejor, el más propositivo, hay a lo sumo el menos malo. Y esto depende de las simpatías y antipatías personales de cada elector.

Opinión 2012-05-04 - La Crónica

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