Tantadel

mayo 28, 2012

La ciudad y los perros

Leo en los diarios que la Real Academia festeja los 50 años de la aparición de la novela inicial de Mario Vargas Llosa, la que lo elevó a alturas insospechadas, lo hizo parte del célebre Boom latinoamericano: La ciudad y los perros. Con tal motivo reunieron opiniones polémicas y encontradas sobre el valor literario de la obra. Al parecer, pese a su enorme éxito, el escritor peruano de nacimiento no acaba de encontrar la paz que otros novelistas disfrutan. Sin duda, más que su obra literaria, es su crítica política la que irrita a muchos. No olvidan sus frases duras sobre la Revolución Cubana, con la cual rompió hace años. Ahora mismo, el hecho de que durante el cordial debate con Gilles Lipovetsky sobre su libro La civilización del espectáculo, Vargas Llosa se haya declarado en favor del capitalismo, tal como suena, de manera enfática, irritó a diversos politólogos. Pudo decir ‘estoy a favor de la economía de libre mercado’, pero no, pronunció la palabra maldita entre los intelectuales progresistas.

Cuando apareció su primer libro, Los jefes, en una edición modesta de Populibros en Perú, Mario Vargas Llosa obtuvo algún reconocimiento en un continente donde los comentarios se dirigían a Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Ernesto Sábato, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Carlos Fuentes y otros más de altos rangos. El Boom fue muchas cosas, entre ellas, un hecho comercial estimulado por la famosa agente literaria Carmen Balcells. Pero, con pocas figuras jóvenes en España, América Latina entraba ruidosamente en Europa. Creo que este fenómeno, visto en su momento más como show literario que como movimiento literario, está poco estudiado. Encontró amigos, también críticos feroces. La verdad es que todos ellos hoy siguen siendo leídos y comentados. Luego del Premio Nobel, la fama de Vargas Llosa se extendió. Políticamente situado como enemigo de la izquierda tradicional, no acaba de ser aceptado como lo que es: un enorme narrador y un ensayista interesante que con frecuencia provoca polémicas intensas y sanas para la cultura latinoamericana.

El orden en que leí sus libros primeros fue el cronológico: Los jefes y enseguida La ciudad y los perros. Mi generación se impresionó, recuerdo comentarios de algunos: José Agustín dijo que es una novela que trae una enorme frescura y propone nuevos caminos a la narrativa. Jorge Arturo Ojeda, un escritor más dentro de la fantasía que del realismo, mostró también su admiración por ella y yo, francamente, quedé muy impresionado y algo debo haber dicho o escrito porque mi edición (la primera) tiene anotaciones y marcas por todas sus páginas, algo que no suelo hacer.
Como la novela había obtenido el Premio Biblioteca Breve, el impacto entre los lectores fue memorable. De pronto, con un par de libros a cuestas, el joven se ponía en alturas insospechadas, como lo hizo Fuentes luego de arrancar con Los días enmascarados y La región más transparente. En esos años el eje de la vida intelectual latinoamericana avanzada giraba alrededor de la Revolución Cubana y del proyecto de Salvador Allende para llegar al socialismo por la vía electoral. Vargas Llosa estaba por romper con el régimen encabezado por Fidel Castro y cuando lo hizo, no iba solo, lo acompañaban muchos escritores más, algunos cubanos como Severo Sarduy y Cabrera Infante. La polémica desatada por la represión a un intelectual crítico de la Revolución hizo que Vargas Llosa no únicamente rompiera sus vínculos con la Isla, sino que en lo sucesivo sería su acérrimo enemigo.

Veo palabras de desdén sobre La ciudad y los perros y palabras elogiosas. Ambas cosas parten de escritores afamados e importantes de América Latina. Es evidente que la situación peruana que motivó la creación de la novela no existe más. Pero eso es normal. El París de hoy nada tiene que ver con la ciudad que vio Víctor Hugo en Los miserables y eso no le resta ningún valor. Pero en todo caso, es el inicio de un autor fundamental en las letras castellanas y en los debates políticos del planeta. Queda claro que aún mueve a los lectores, para bien o para mal. Lo evidente es que muchos de sus críticos piensan más en el escritor que en la obra y eso impide ver con precisión sus valores reales. Es posible que más adelante, los críticos literarios y los escritores puedan hacer una lectura más clara y sacar conclusiones que de nada le sirven al arte. A instancias de la Casa de las Américas en La Habana, muchos marginaron a Jorge Luis Borges por su postura política. Qué error. Perdieron la obra del mayor literato de nuestros tiempos, el más influyente en el orbe. Vetado una época en Cuba, hoy lo publican y los lectores cubanos descubren la impresionante obra de una auténtica figura mayor. Muerto Borges, alguien escribió, la literatura también ha muerto.

Leí dos veces La ciudad y los perros, quizá sea tiempo de hacerlo una tercera vez, ahora que es una señora distinguida y respetable que cumple 50 años de edad.

Opinión 2012-05-28 - La Crónica

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