Tantadel

mayo 14, 2012

La revuelta de la derecha

La gresca que se armó en la impoluta Universidad Iberoamericana por la presencia de Peña Nieto cambió mi punto de vista sobre las universidades privadas. Pensaba que este tipo de choques, donde predominan las mentadas y las ofensas, eran propios de las universidades públicas, donde me formé y trabajo desde siempre. Imaginé, quizá luego de leer las críticas de Josefina Vázquez Mota a la UNAM, que en la Iberoamericana los debates eran de altura, puro intercambio de ideas geniales, algunas hasta celestiales. Pero no. La crónica de Maru Rojas, ayer mi alumna, hoy distinguida periodista, sobre las groserías y amenazas, la violencia desatada por los hijos de los ricos, muestra que también ellos se han contaminado del pesado ambiente político que impera en México y han ido más lejos.

También me hizo recordar mis años escolares en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, donde un notable historiador, intelectual de reconocido prestigio, maestro de lujo, por añadidura dueño de buen humor, Arturo Arnáiz y Freg, nos dijo en plena euforia por la recién nacida Revolución Cubana: En México, la revolución socialista no saldrá de las colonias populares, saldrá de las zonas ricas, donde sí han leído El Capital, de Marx. Parecía una broma, hoy veo que es cierto, que es en la Iberoamericana donde se incuba el cambio social que el país requiere y va en pos de la vía armada. Lo que sucedió el viernes me desconcertó, parecía una acción llevada a cabo por el resentimiento y la amargura de los desposeídos. Pero no. Los hijos de industriales y banqueros han cobrado conciencia de transformación y preparan un levantamiento para al fin acabar con el neoliberalismo que nos agobia. Nos fundiremos nosotros los pobres con ustedes los ricos. Adiós, lucha de clases.

Alguna vez, en la UAM-X, como responsable de tareas extramuros, invité a los aspirantes presidenciales de todos los partidos. Cuauhtémoc Cárdenas me dijo que no le veía caso, era una plaza suya. Asistieron Muñoz Ledo, postulado por el PARM, y Manuel Bartlett. El candidato oficial del PRI, Francisco Labastida, ni siquiera me tomó la llamada. A pesar de que allí habían mostrado su simpatía por Cárdenas, alumnos y profesores escucharon a Muñoz Ledo y a Manuel Bartlett y sí, hubo diferencias, pero nada grave. Los jóvenes les dijeron que no a los dos, no les interesaban sus propuestas y Manuel Bartlett salió muy reconocido con la institución. La rectora, Patricia Aceves, estuvo en ambas presentaciones. Contra lo que algunos podrían suponer, no hubo ningún escándalo, salvo un joven que trató de ironizar a Muñoz Ledo y salió mal parado ante su inteligencia y cultura.
Me asombra que los muchachos de la Iberoamericana, a los que imaginé muy propios y bien educados, utilizan también lenguaje de carretoneros y actitudes violentas. No es posible amenazar y ofender a los periodistas, ellos cumplen con su deber, no son parte del séquito de Peña Nieto o de López Obrador, están enviados para cubrir la noticia. No recuerdo ni en la UNAM ni en la UAM, dos instituciones de alto rango, que los alumnos hayan desatado tal escándalo y seguido al candidato y a los reporteros con ánimo de ofenderlos y lastimarlos hasta sus respectivos transportes. Alguien aquí recordó la presencia de Luis Echeverría en la CU, pero eso fue distinto: el político había participado en agresiones violentas contra los universitarios.

Me siento bien, el complejo de pobre y el resentimiento social han disminuido. Apenas he pisado una universidad privada en México, salvo justo la Iberoamericana para participar en una mesa sobre periodismo cultural, a pesar de que estábamos allí directores de secciones y suplementos significativos, tuvimos un pequeño grupo que moría de tedio ante nuestras palabras. Fueron educados y a mí me dieron la imagen de una deidad como pago.
Cuando en 1962 ingresé a la CU, aquellos que no tuvieron la misma fortuna lamentaban su futuro: tenían que ir a una universidad privada y la que existía era la Iberoamericana. Pero algo cambió. Y de pronto la cadena hacia el poder dejó de originarse en la universidad pública y pasó a las particulares, dejando de lado el sentimiento social de la primera. Hoy injustamente parecemos de mala calidad junto a ellas, cuando es a la inversa. Asombrado veo que mis colegas, la mayoría formados en la UNAM, tienen a sus hijos en instituciones de alto costo como la multicitada Iberoamericana, donde nos miran con desprecio.

No sé a qué atribuirle un acto vandálico como el transcurrido el viernes. Entiendo que detesten a Peña Nieto y al PRI, pero se podía discutir, debatir con argumentos, no con majaderías. Vemos que la violencia se ha generalizado y que actúa hasta en las universidades patrocinadas por curas. AMLO se deslindó de la provocación, lo que confirma aquello de explicación no pedida… Algunos estudiantes culpan al PAN de la brutalidad, otros a saboteadores anónimos que esperaban afuera del auditorio. Algún funcionario dijo con falsa inocencia que fue resultado de la libertad de expresión. Finalmente, queda claro que las universidades son un peligro, dirían los conservadores, para quienes no piensan como ellas.

Opinión 2012-05-14 - La Crónica

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