Tantadel

mayo 21, 2012

Las voces de los políticos

Mario Vargas Llosa, entre novela y novela o libros de crítica literaria, se da tiempo para reflexionar sobre los pésimos tiempos políticos que nos abruman. Ahora, en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, advirtió algo que tendría que poner focos rojos en cada esquina o rincón de México y tomo la información de EFE, reproducida por La Crónica: Hay un gran peligro para el futuro de la libertad y la democracia: el que las ideas sean remplazadas por eslóganes y lugares comunes. Si uno en lugar de presentarle, como fue en la Universidad Iberoamericana, un cartel a un candidato presidencial que diga “Te odio”, mostrara una propuesta o intentara reflexionar su aversión, no respiraríamos esos aires tan densos y sucios que la política nos ha dado. Seríamos un país avanzado. El problema es que los propios intelectuales y los comunicadores suelen utilizar más frases y adjetivos que ideas. Estamos ante un panorama que bien representa el joven de la pancarta. Sé que en una guerra el odio es natural. Pero en la lucha electoral, ¿es el camino correcto?

La manifestación contra Enrique Peña Nieto y el PRI del pasado sábado produjo algunas reflexiones mediáticas sobre sus posibles consecuencias. La primera es la capacidad de odio que en algunos sectores provoca el PRI. Sin duda hay más de una razón, pero parte de la aversión la estimulan los ex priistas y aquellos militantes del PAN, partido nacido en 1939 como cerrada oposición a los avances de la Reforma y la Revolución y en especial a las conquistas de Lázaro Cárdenas. Entiendo algunos de sus argumentos, no todos. He dado la pelea al priismo desde hace décadas con una postura, la del marxismo. Cuando dejó de ser una opción real, pasé al lado de los intereses de la sociedad. Si antes mi animadversión contra el PRI se manifestaba en novelas y artículos, ahora trato de entender un fenómeno más amplio y riesgoso: el éxito del neoliberalismo y las confusiones que ha traído. El odio ha llegado a tales extremos que puede convertirse en algo más que una guerra civil de palabras.

La alianza tácita entre el PAN y el PRD ha dado pobres resultados. Los mejores cálculos del DF hablan de unas 22 mil personas convocadas por “las izquierdas”, los militantes panistas cercanos a Vázquez Mota y los que acudieron a las llamadas disfrazadas de ciudadanas de las redes sociales. En Morelia, fueron 300, en Colima, 100… Las cifras son pequeñas ante el padrón electoral. Pero es evidente que tiende a una sola cosa: debilitar a Peña Nieto. Sin embargo, puede ocurrir, lo cual no es improbable, que desate en principio una reacción del voto duro priista y de algo más grave para el antipriismo, que el amplio número de indecisos, se acerque a quien menos ataques lanza.

Si de convocar a un debate nacional sobre los grandes problemas nacionales se trata, ya vimos que los organizados por el IFE de nada sirven. Mientras que la virtual alianza PAN-PRD actúa para derribar al puntero, si el priismo fuera sensato y audaz, en lugar de sólo mostrarse como víctima de un complot panista-perredista, lo que comprueba que, contra lo dicho por López Obrador, sí hay acuerdos entre ambas fuerzas, como los hubo en Puebla o en Oaxaca, daría a la nación un agudo resumen de sus éxitos y fracasos y aprovechar el momento para ofrecernos disculpas por agravios atroces. Cualquiera medianamente sensato sabe que de ganar no será el mismo PRI por más que alrededor de un joven aspirante presidencial estén los mismos de siempre. De ganar, no regresará el mismo partido que cometió más de un desatino e hizo del presidencialismo una monarquía sexenal, por una sola y simple razón: el país ha cambiado. Otros son los medios de comunicación y otra es la sociedad. El mexicano es crítico y no sumiso. Pero ha de entender mejor si los discursos de los partidos cambian la ofensa y la descalificación para privilegiar las propuestas y las ideas.

El “periodismo” que hacen en las redes sociales tiene mucha responsabilidad en el problema. La necesidad de intervenir en el cambio, cualquiera que sea, obliga a miles de jóvenes a improvisar chistes majaderos y lanzar calumnias y acusaciones insostenibles. Nadie debe olvidar que cuando aparece una acusación grave, el buen periodista o la persona inteligente deben tener la información a la mano y provenir de una fuente confiable.

Caminamos hacia la democracia y la libertad de expresión dando tumbos y en medio de un feroz intercambio de insultos. El camino será largo, pues está sembrado de los rencores que los partidos y algunos candidatos nos muestran como programa político. Pero si el debate se torna de altura y dejamos de oír mentadas de madre y adjetivos majaderos, si los jóvenes universitarios nos dan ideas en lugar de mostrar odio, la ruta podría ser más corta. La propuesta de Vargas Llosa no es improvisada, es resultado de la larga reflexión política de un intelectual que ha transitado por el arte, sí, pero también por la acción política y allí pudo percatase del valor de la argumentación y del debate antes que apoyarse en frases gastadas o en promesas que nunca serán cumplidas.

Opinión 2012-05-21 - La Crónica

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