Tantadel

mayo 09, 2012

No fue un debate, fueron millones

Contra lo que suponemos, el del domingo pasado no fue un debate, fueron tantos millones como personas que lo presenciaron. Esto es, cada quien vio su propio debate. Por eso en el box hay reglas y un grupo de expertos que determina los golpes de cada contendiente, su forma de atacar y defenderse, etcétera. Un debate entre nosotros es siempre de una clara subjetividad y está en función de quien lo vea y de sus simpatías personales. Hay, en esencia, de todo, como en botica, y los refranes suelen ser exactos, nos reflejan bien.

Desde que concluyó el “debate” arrancaron los comentarios en favor de uno, de los otros o de la restante. Me correspondió discutir el tema en el programa televisivo de Ricardo Alemán, que arrancó en vivo a las 23:00 horas del domingo. En el trayecto de mi casa al estudio, escuché en radio unas veinte o más opiniones y ninguna coincidía. Al cruzar por el World Trade Center me topé con una multitud de priistas que coreaban el triunfo de Enrique Peña Nieto, pocos metros adelante estaba un grupo gritando que Josefina Vázquez Mota había ganado. En la sesión de maquillaje poco antes de sentarme ante las cámaras, la muchacha que trató de mejorarme me dio su opinión. Mientras, en buena parte de los canales televisivos y estaciones radiofónicas se desgañitaban nuestros más preclaros comunicadores diciendo quién había vencido y quiénes habían estado mal. Excuso decir que no había coincidencias, ninguna. A lo sumo, estaba el que mejor argumentaba en favor de la actitud del candidato de sus simpatías. No más.

En tanto, los perredistas, los panistas, los priistas y hasta los del Panal festejaban ruidosamente el triunfo apabullante, claro y rotundo de su propio aspirante a vivir seis años en Los Pinos. Para qué hablar del lunes. Todos, pero absolutamente todos los candidatos se declararon triunfadores y argumentaron con entusiasmo sus logros. Uno tras otro, en radio y televisión, explicaron la forma prodigiosa en que habían destruido a sus rivales y la técnica estupenda que habían utilizado para demolerlos. Algo semejante aparecía en los diarios: cada medio había visto su propio debate. Y hasta tenían una opinión sobre la pobre muchacha que tuvo la osadía de ir vestida al simulacro de debate de manera “provocativa”, no acorde a la seriedad y trascendencia de las propuestas de los aspirantes presidenciales, cuando en realidad los cuatro tenían que haber sido noqueados por el público y los medios.

Lo mismo me ocurrió con amistades y colegas universitarios: con toda precisión, cada quien tenía una explicación de los resultados del “debate”. Imagino que así será el resto del tiempo hasta que lleguemos al segundo debate. Entre uno y otro, aparecerán, ya está en marcha el proceso informativo, diversas encuestas que tratarán en vano de orientarnos. Seguiremos ajenos a las opiniones de los demás, la nuestra es la valiosa, la fundamental en la historia de la nación. Por ejemplo, Ricardo Monreal, antiguo militante priista, explicó el lunes pasado que nadie sabía cuál era el arma secreta de AMLO, por qué razones será el triunfador y pronto estará en la casona presidencial ordenando trenes bala, creando terceros pisos en los desiertos y bajando los precios de todo: por una razón sencilla, él sí conoce el país. De acuerdo, ¿pero eso lo convierte en ganador del encargo presidencial? Al contrario, Gabriel Quadri vio a Vázquez Mota y a Obrador como “grandes perdedores”. Y varios medios señalaron que PAN y PRD se unieron contra el PRI.

Pero hubo afinidades. Muchos señalaron a Quadri como ganador del “debate”, mostró las diferencias entre un ciudadano bien preparado y los políticos que perdían el tiempo echándose lodo unos a otros, aunque quedó claro que la panista traía en una cubeta más fango del que podía repartir. Al parecer, los mexicanos nos limitamos a ver el choque de titanes, el famoso rating se fue a las nubes y en el IFE estaban más que satisfechos a pesar de las críticas por no haber seleccionado ropa adecuada a la edecán y por la pésima transmisión.
El ganador realmente fue Felipe Calderón. De cuatro candidatos, tres le asestaron tremendos golpes de mazo. Pero ninguno pronunció su nombre, se refirieron a los años recientes y precisaron que ha sido tiempo de miseria, de problemas graves. Fueron respetuosos, al viejo estilo, y omitieron el nombre y el apellido del culpable del fracaso económico, de la guerra contra el crimen organizado que lleva más de 60 mil víctimas. Por eso, en Los Pinos, un hombre sonreía feliz, satisfecho: su nombre jamás apareció y para colmo, en el debate que él y su esposa presenciaron, Josefina Vázquez Mota, la que no era su candidata, tuvo una aplastante victoria contra el puntero Enrique Peña Nieto. Para ponerle la cereza al pastel de la victoria, López Obrador fue también duro contra Peña Nieto, contra las grandes televisoras, fue al fondo y citó a don Antonio López de Santa Anna, olvidando cuatro o cinco años de virulentos ataques al usurpador que la mafia colocó en la presidencia: Felipe Calderón.

El debate fue milagroso, todos vimos uno diferente.

Opinión 2012-05-09 -
La Crónica

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