Tantadel

junio 15, 2012

Cómo inventar un fraude

Me he podido dar cuenta de algo obvio: López Obrador está mejor diseñado para perder que para ganar. Me explico. Las derrotas le gustan: ha perdido en Tabasco y en la lucha por la Presidencia de México. El DF lo ganó merced al apoyo de Cuauhtémoc Cárdenas, entonces líder indiscutible del PRD. No hizo realmente un buen gobierno. La corrupción se intensificó de manera escandalosa y él sólo aprovechó la ingenuidad de la gran capital para usarla como plataforma de su lanzamiento como flamante candidato presidencial, haciendo de lado a su mentor Cárdenas. México es un país enamorado de los caudillos, siempre a la caza de uno para adorarlo y seguirlo con fiereza.

Cada vez que AMLO ha sido derrotado, resurge con ímpetu y pronto recupera a sus simpatizantes, cada vez más radicales y violentos. Tan no cree en su triunfo que ha venido preparando con claridad impresionante el escenario postelectoral. Al ser derrotado, como indican las encuestas actuales, las que incluyen el segundo debate, ha dejado correr la idea de que todo es parte de una conspiración más. Lo dice Obrador y lo repiten sus seguidores, donde ahora están los jóvenes que integran el movimiento antipeñista Yo Soy 132, quienes son el desconcertante brazo “armado” del PRD. Lo entendiera si AMLO fuera un revolucionario, pero sólo es un político segundón, sin ideología, a lo sumo el populismo heredado de Echeverría, rodeado de ex priistas.

López Obrador ya no manda al diablo a las instituciones, pero en vano trató de seguir los consejos de sus asesores, su discurso ha perdido frescura, originalidad, sus palabras están manoseadas. De allí que desde hace algunas semanas, cuando él y los suyos vieron que Peña Nieto no caía, optaron por la previa descalificación. No confían en el IFE, en los medios de comunicación escrita y electrónica, todos los periodistas de peso están en su contra y forman parte de una gran orquesta que cometerá un nuevo fraude electoral. Desde luego, cita al duopolio y ve en el PAN y el PRI una oculta y malvada unidad en su contra. Es decir, AMLO ha perdido de vista la realidad. Se mueve dentro de una espesa nube de humo. López Obrador finge escuchar a sus consejeros, pero se desliga de ellos como lo hizo de quienes fueron a pedir dinero a empresarios en su nombre y para financiar la campaña presidencial. Es un caudillo caprichoso, se conduce según ocurrencias y debe estar feliz del futuro que se avecina: de nuevo tomará posesión de la presidencia legítima y otra vez el Zócalo y Reforma serán su Estado libre y soberano. El que se enoja pierde, afirma el refrán y al parecer así sucede. López Obrador lleva mucho tiempo enojado y eso es mala compañía y se convierte en rencor. No prepara su victoria sino borda su derrota, ¿qué debe hacer con los sectores más cercanos y radicales, cómo será su nuevo gobierno, lo seguirán sus flamantes secretarios de gabinete que no han tomado posesión o de plano dejará que el peso de la lucha lo lleven los jóvenes surgidos de la Universidad Iberoamericana, los que pensaron ser el Waterloo de Peña Nieto?

México tiene una extraña manía, la de sentir compasión y cariño por las víctimas y una de ellas comienza a ser Peña Nieto. El tipo ha resistido a pie firme insultos, agresiones, ha tenido que salir por la puerta trasera, han apedreado su comitiva, lo siguen para provocarlo y él pide respeto, dice querer al prójimo. En fin, si alguien parece vivir dentro de una “república amorosa”, no es el PRD y López Obrador, es el PRI y Peña Nieto que ponen la mejilla cada tanto. ¿Cómo explicarán sus estrategas el que Peña Nieto no baje de la cima? Pasó la trampa jesuítica-perredista de la Iberoamericana, los dos debates, las agresiones del PRD y del PAN de Josefina Vázquez Mota y tanto el puntero como el colero siguen igual, inamovibles. El segundo lugar lo disputan Obrador y Vázquez Mota. Lo más extraño es que en el último debate, Vázquez Mota hizo escarnio de sus rivales, por igual, señaló lo que a su juicio son sus defectos. Hubo coincidencias: Josefina ganó. El miércoles las nuevas encuestas la ponían en el tercer lugar y Peña Nieto inamovible a unos cuantos días de la elección, a pesar del apoyo de intelectuales que uno suponía formados en el marxismo o en tendencias progresistas serias, no en chifladuras.

Los días que siguen serán largos y duros. A Peña Nieto lo acosarán en busca de que cometa un error, no parece fácil. El priista ha aprendido que no todo es el Estado de México y da pasos cautelosos. Apenas muestra sus diferencias ante sus agresores. ¿Cómo verá la sociedad mexicana, concretamente los indecisos, el hecho de que turbas de jóvenes y perredistas, vuelquen su odio y resentimiento, el que les ha inculcado López Obrador, contra un hombre que no ha insultado a nadie, que solicita, como si fuera hippie, paz y amor, respeto? A su vez, López Obrador debe ver más hacia el futuro: de nuevo ha perdido la Presidencia, pero aun tiene mucho peso en la sociedad, ¿por qué no utilizarlo para reorganizar a eso que llaman “las izquierdas” y que con un programa serio y una visión de futuro, podrían ahora sí cambiar un sistema que indudablemente es odioso?

Opinión 2012-06-15 - La Crónica

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