Tantadel

junio 29, 2012

¿Cuál es el México real?

Imposible creerles a los políticos: mienten o exageran habitualmente. Los medios de comunicación, dicen muchos, tampoco son confiables. ¿Las instituciones? Menos. Ya AMLO las mandó al demonio. En las redes sociales van y vienen, con gran intensidad, opiniones diversas, encontradas y la mayoría lleva una desconcertante carga de odio. En internet, ha dicho el politólogo norteamericano James H. Fowller, una mentira puede convertirse en verdad.

Ya no parecen ser tres los candidatos sino dos, los más consistentes o los que han adquirido un lugar en las encuestas (asimismo puestas en la picota): Enrique Peña y Andrés Manuel. Los correos y artículos de quienes apoyan a uno y a otro, suelen buscar argumentos contundentes. No obstante tal indagación, lo que notamos es la furia que produce un inacabado sistema político como el mexicano.

Los argumentos, a dos días del proceso electoral que puede transformar al país, se han hecho más y más agresivos. Hace menos de una semana, el periodista Ricardo Alemán, fue ofendido y agredido en la Avenida Juárez por simpatizantes de López Obrador. ¿Esto es respetar la diversidad política? Recuerdo a mi profesor de Sociología Pablo González Casanova quien insistía en que a las personas se les respetaba y a las ideas se les combatía. Al parecer, es una regla de civilidad e inteligencia olvidada. ¿Tenemos que pensar todos igual y sumergirnos en las ocurrencias políticas de un candidato que nada de amoroso tiene y sí mucho de violento? Espero que no. Que tengamos la posibilidad de pensar de manera diferente.

Pero hay que hacer un esfuerzo para entender el encono de la campaña, principalmente de aquellos que no han logrado subir al primer lugar en las encuestas y que desconfían del IFE, de la UNAM y de diversas instituciones respetables que nos indican que no habrá fraude. No hay manera de llevarlo a cabo. Sin embargo, una multitud ruidosa ya anticipa que sí lo tendremos y que en consecuencia sólo nos queda la protesta violenta, los plantones, las marchas, los gritos y los insultos. En vano los intelectuales, los más lúcidos pensadores de México, hablan de paz y concordia. Ellos mismos contribuyen a enturbiar el ambiente político. Pongo un caso. Circula en internet un mensaje que ha sido reproducido ya en varios medios impresos. Allí alguien precisa los nombres y las frases contrarias a Enrique Peña Nieto. Son contundentes e inobjetables. Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Enrique Krause, Lorenzo Meyer y muchos más. Uno piensa, está bien, eso opinan de un candidato. Lo sorprendente es que existe otro donde aparecen esos mismos personajes, hombres y mujeres, que opinan pestes sobre López Obrador. Valdría la pena buscar los trabajos completos de donde salieron descalificaciones tan severas para ambos. Los partidarios de Josefina Vázquez Mota pudieron hacer un correo más en donde sumen las opiniones de, por ejemplo, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa contra sus rivales políticos.
En otro nivel, la lucha pierde altura y se concentra en acusaciones del peor estilo. Allí aparecen insultos y calificaciones inauditas. No tiene caso repetirlas. No deja de llamar la atención que los antes archienemigos de Felipe Calderón lo hayan dejado en paz, no es más un “teporocho” ni un mandatario “asesino” (culpable de más de 60 mil muertes) o “ilegítimo”, para concentrar el fuego sobre el aspirante presidencial priista. Ello nos lleva a una conclusión elemental: los enemigos de ayer de Calderón, son los de Peña Nieto hoy.

Desde que llegó la alternancia, lo hizo acompañada por la intolerancia. Los debates no acabaron de convencernos porque sólo hubo intercambios de insultos y si estamos pendientes de las redes sociales no acabamos de contar las frases agresivas. Tenemos una carga de odio heredada, bien vistas las cosas, por un solo partido que se dividió en dos: el PRI. Su hijo, el PRD, pasó muy pronto de astuto rival a enemigo abierto. Es obvio, quienes atizan el odio contra el PRI, son aquellos resentidos que disfrutaron de sus prebendas como Manuel Camacho, Ricardo Monreal, Porfirio Muñoz Ledo, Marcelo Ebrard, Arturo Núñez, Andrés Manuel y una lista infinita. Desde esta perspectiva, el PAN resulta un partido amigable que sólo tiene un problema: una total incapacidad para gobernar.

El país está bien abonado para un conflicto poselectoral. Sólo habrá que esperar a que dentro de los partidarios de López Obrador, haya capacidad de actuar con cordura ante una posible derrota. Esperar, además, que tanto las instituciones como los medios de comunicación y los intelectuales famosos hagan un esfuerzo para mantener al país en calma. Tenemos suficiente con la guerra declarada por Calderón contra el crimen organizado, como para todavía acercarnos a una guerra civil o al menos a una confrontación de fuerzas que pongan en peligro la estabilidad nacional o en el mejor escenario, en la ciudad capital, donde está el mayor peso de AMLO. En esta pugna, nosotros, los ciudadanos, pagamos el choque político. Cada seis años nos enfrentamos con mayor rabia. Es grave que la búsqueda del poder en México conlleve a la violencia. Si se tratara de modificar abiertamente la estructura y desterrar la economía de mercado, se entiende, pero romperse el alma peleando por unos cuantos parches al sistema resulta incomprensible.

Opinión 2012-06-29 - La Crónica

No hay comentarios.: