Tantadel

junio 18, 2012

Cuauhtémoc Cárdenas de cerca

El pasado jueves el Museo del Escritor, dentro de sus actividades, organizó una exposición del actor Carlos Bracho en La casita de Polanco, en el Parque Lincoln. Para muchos fue una sorpresa, pero sus amigos cercanos sabemos que sus inquietudes lo han llevado por multitud de caminos: actor básicamente, pero asimismo escritor y fotógrafo, político por añadidura, fue diputado federal y candidato al gobierno del Estado de México por el PRD. La exposición consta de 35 fotografías y fue titulada “Rostros de la literatura”, pues todas son de poetas y novelistas, la mayoría mexicanos. Dionicio Morales explicó los valores del trabajo de Carlos. Las palabras inaugurales estuvieron a cargo del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, quien no sólo habló del actor y fotógrafo sino que se extendió generosamente para hablar de las tareas del recién creado Museo del Escritor, de su importancia y sus méritos por ser una institución única en su género.

Al final, como suele suceder, algunos grupos decidieron ir a cenar, en donde Rosario y yo quedamos, fue con el Dr. Héctor Mayagoitia y su esposa Arminda, el Ing. Cárdenas y dos amigos cercanos y el artista Carlos Bracho. Aunque conozco a Cuauhtémoc Cárdenas desde hace muchas décadas, poco he departido con él socialmente, es mi hermana la maestra Iris Santacruz Fabila, quien lo frecuenta y ha trabajado en diversas tareas con él. Fue una grata experiencia y un par de horas conversando con él. Contra lo que muchos suponen es un experimentado conversador, de buen humor, cordial, sonriente y en particular un hombre culto, sabe mucho de historia, es un experto conocedor de la política nacional e internacional y un hombre que sabe escuchar a sus interlocutores con profundidad para enseguida dar una respuesta brillante y bien argumentada.
En algunos momentos la conversación pasaba por los atroces momentos que todos de una forma u otra padecemos. Fue, me parece, un hombre sincero y coherente consigo mismo. Entendí porqué siempre cuando le preguntan los periodistas si ha cambiado, él responde afirmando que no, que las cosas a su alrededor son las que han cambiado y tiene razón.

Conocí a su padre el general Cárdenas antes que a Cuauhtémoc, cuando en los inicios de la Revolución Cubana acudimos a su casa en las Lomas a pedirle orientación. Un grupo de universitarios (yo estaba en preparatoria) necesita saber cuál era la ruta para seguir el fenómeno político y social que había arrancado en la Isla. Fue sensato en las respuestas y nos dijo que primero observáramos bien las cosas y que eso podría darnos una buena idea acerca de una revolución que él veía con simpatía. Recordé la hermosa fotografía de Fidel Castro y el general Cárdenas, en el Capitolio de la Habana, a donde acudió el mexicano a darle al cubano su mejor gesto de solidaridad.

Luego vinieron tantos sucesos que no acabaría uno de citarlos. Cuauhtémoc fue tres veces candidato a la Presidencia de la República con un fuerte y sincero apoyo de masas. En 1988 convirtieron su triunfo en una derrota merced a un fraude organizado, entre otros, por Manuel Bartlett, quien ahora es un hombre cercano a López Obrador y futuro senador por el PRD, partido al que tanto combatió.

No he sido muy afecto a ir a las urnas, pero las veces que he votado, lo hice primero por Valentín Campa cuando fue candidato sin registro oficial del Partido Comunista y más adelante voté en todos los casos por Cárdenas. No siempre he compartido sus opiniones y he mostrado en los medios mis desacuerdos, pero inalterablemente con respeto. Como otras veces he escrito: es un hombre que ya está, como su padre, en la mejor historia nacional. Él como pocos ha contribuido a la democratización de México, su gran pasión.

Pienso que hubiera sido un gran Presidente, pero la suerte no le favoreció y para colmo sufrió un fraude visible, el que será analizado con detenimiento en el futuro, cuando las pasiones se apacigüen y el país reflexione sobre las figuras políticas sin tanto apasionamiento. Entonces veremos la grandeza de un mexicano que todo lo arriesgó para democratizar al país. Si su padre el general Lázaro Cárdenas construyó las instituciones más valiosas y perdurables del país, las que aún lo tienen en pie. Su hijo fue respetuoso de todas ellas. Pudo en 1988 incendiar al país, crear conflictos sociales de envergadura, no reconocer la dudosa derrota, sin embargo optó por ser un ciudadano respetuoso y buscar de nueva cuenta la presidencia. La oportunidad se había escapado. Él mismo dijo, quizá pensando en Lula, no puedo ser candidato eterno y ha optado por mantenerse en lo posible al margen de una sucia contienda electoral. Los partidos actuales, incluido el PRD que él edificó, han sido injustos. Por fortuna el tiempo suele poner las cosas en su lugar. Entonces sabremos cuál es el peso de Cuauhtémoc Cárdenas en la historia mexicana, su trascendencia y los valiosos y corajudos esfuerzos por transformar positivamente a México.

Ahora es un lúcido y brillante partícipe y testigo de la historia contemporánea, que por fortuna ha dejado testimonios escritos de su andar brillante y valioso.

Opinión 2012-06-18 - La Crónica

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