Tantadel

junio 11, 2012

El debate visto desde antes

Al igual que sucede con los actores, el rasgo más importante que un político debe mostrar es una sinceridad relajada.
Arthur Miller

Por razones de trabajo (me corresponde comentar el debate en vivo con el periodista Ricardo Alemán), mi artículo está escrito con anticipación, es previo a los hechos. Entonces opto por describir el ambiente tenso de las horas que lo antecedieron y aventurar algunos pronósticos. Según Rubén Aguilar y Jorge Castañeda, los candidatos saldrán a lo siguiente: Peña Nieto a mantener su primer lugar inobjetable, mientras que López Obrador tratará de dar un campanazo para acercarse al puntero y alejarse de Vázquez Mota. Quadri podrá hacer un buen papel, pero sus posibilidades son nulas. Sin embargo, mostrará que es el más inteligente y culto de los aspirantes presidenciales y de nuevo nos dirá que es un ciudadano y no un político profesional. Por lo pronto mantiene la suficiente intención de voto para que el Panal conserve el registro.

El ambiente se ha hecho cada vez más tenso y turbio. Nadie duda que las ofensas y descalificaciones, con toda la guerra sucia que ha caracterizado a esta campaña, aparezcan en el debate. Será a muerte, con los datos que cada candidato considera los adecuados. No deja de ser insólito que haya tantas cifras sobre un mismo tema. Ha llegado el momento en que resulta difícil creerle a alguno de los partidos: manejan los datos y las cifras a placer. Las encuestas son positivas si los favorecen. De lo contrario, está pagada por el que obtiene la mayoría.

En esta escandalosa guerra sucia, que el IFE ha sido incapaz de contener, los teóricos de López Obrador se llevaron las palmas. Entre Manuel Camacho y Ricardo Monreal fueron sembrando minas por todo el país a ver cuántas pisaba Peña Nieto. La primera fue en la Iberoamericana. Una trampa perfecta donde se siente la mano de Camacho, el apoyo de Ortiz Pinchetti y de algunos más que tienen vínculos con profesores y funcionarios de dicha universidad. De nueva cuenta Manuel Camacho mostró hasta dónde es capaz de llegar en su ambición de poder. Nos recordó a muchos el asesinato de Colosio. El arma no la disparó él, pero su rabia al perder la Presidencia fue tal que puso el escenario perfecto para que lo asesinaran y cambiar el rumbo de la historia.

A la inversa, los priistas mostraron que sí viven en la república amorosa que AMLO trató de vender. A Peña Nieto lo ofenden y responde diciendo los respeto. No sé si esto a la larga sea una táctica adecuada. Sólo la elección lo dirá. Por lo pronto, si López Obrador anticipa que de ganar el PRI es la prueba que México es un país de masoquistas, ya muchos de sus críticos han advertido lo mismo: de ganar él, una figura tan poco estable mentalmente, que miente con naturalidad, probará algo parecido a lo que vemos en el DF, una masa enorme de fanáticos del PRD que ven cómo los saquean sus autoridades y se conforman con albercas, pistas de hielo y conciertos de rock en el Zócalo, el que por regla general está ocupado por plantones de sus comparsas.

Este nuevo debate será visto como el anterior, según las preferencias electorales de cada ciudadano. No hay objetividad, el odio está presente. Allí está la señora Wallace, de poco tacto y escasa habilidad política, seleccionada arbitrariamente por Madero y Calderón por encima de la voluntad del PAN. ¿Merece las ofensas que los universitarios le propinaron? Pienso que podría ser tratada con dureza en lo político, pero sin majaderías tan graves.

El nuevo debate y la campaña electoral que estamos viendo finalizar, cualesquiera que sean sus resultados, muestra que somos un país predemocrático. El problema es que falta mucho para verlo transformado positivamente. Desde el primer debate, Vázquez Mota hizo una especie de acuerdo tácito con AMLO para destruir a Peña. No lo han conseguido. Pero sí lograron enrarecer la situación al grado que el segundo ya prepara las condiciones para decir, en caso de ser derrotado, que fue un complot, un fraude que él anticipó. Vaya forma de hacer política, y él es el salvador de México. No hay mucho más que opinar sobre este mar de lodo. Ya sabemos que si AMLO gana será presidente y si pierde volverá a serlo y su reino será Reforma o Tlalpan, que es mayor. En todos los casos, será el primer presidente reelecto luego de la Constitución de 1917. Algo que intentó Álvaro Obregón con funestos resultados.

Pese a la opinión de los expertos bien intencionados y del IFE, si Peña Nieto no gana por un margen aceptable, no hay duda que tendremos encima a los obradoristas empeñados en armar una gran revuelta, alegando de nuevo ¡fraude, fraude! La solución está en los indecisos, pues el voto duro no dará marcha atrás en ningún caso. El problema es que mientras que en el inmenso DF, Rosario Guerra y Miranda de Wallace buscan un lugar en la política, Beatriz Paredes apenas se asoma en casas confortables o escenarios seguros, desde allí nada dice. A buen santo se arrimó Peña Nieto para ganar algunos votos capitalinos.
Todos son malos actores, sus mentiras son obvias.


Opinión 2012-06-11 - La Crónica

1 comentario:

Valeria C. dijo...

ESTOY EN TOTAL DE DESACUERDO EN REFERENCIA CON EL COMENTARIO DE LA CANDIDATA EL PAN , ISABEL WALLACE, SI TUVO SU APOYO POR MADERO Y CALDERON, PERO SI TIENE HABILIDAD POLITICA, SE ME HACE UNA MUJER MUY PREPARADA INTELIGENTE Y CAPAZ DE RESOLVER MUCHOS PROBLEMAS QUE HOY EN DIA SE VIVE EN EL DISTRITO FEDERAL A CAUSA DEL PRD! ESTAMOS CONTIGO WALLACE!!