Tantadel

junio 08, 2012

Herejes y renegados en México

Un libro fundamental para entender los cambios políticos de los seres humanos, incluso los de aquellos que parecían plenamente convencidos de su postura ideológica, se encuentra en la obra de Isaac Deutscher Herejes y renegados. En ella el lúcido pensador marxista, precisa quiénes son unos y quiénes los otros. El tiempo, su tiempo, fueron años dramáticos donde la discusión estaba en la ruta del socialismo. Muchos valiosos comunistas estaban decepcionados del camino seleccionado por Stalin y ello sin duda les hizo cambiar de actitud. Numerosos militantes serios renegaron de Marx y otros más prefirieron mostrar modificaciones que sonaban a blasfemia. En ambos casos, la razón los asistía. La rigidez y el autoritarismo del modelo soviético los abrumaba. La polémica, la discusión había muerto como posibilidad salvadora y ahora imperaban los deseos de un puñado de personas sometidas a Stalin. El triunfo aplastante del Ejército Rojo sobre las hordas nazis, le dio al PCUS mayor fuerza. Bien vistas las cosas, desde la consolidación del estalinismo, los herejes y los renegados comenzaron a aumentar en cantidad.

En la citada obra, Deustcher dice que alguna vez Ignazio Silone le dijo en son de broma a Togliati, el célebre dirigente comunista italiano, que la lucha final sería entre comunistas y ex comunistas. La posibilidad se antojaba absurda, pero Arthur Koestler, el autor de 1984, había precisado: Los que fuimos comunistas y luchamos por tal causa, somos los únicos que sabemos de qué se trata. Aquellos años eran de intensas y profundas luchas ideológicas, lo que estaba en juego era el destino de la humanidad y nadie pretendía, como las “izquierdas” de hoy en México, utilizar una posición política para enriquecerse. Todos, enemigos y admiradores de Marx pensaban en el futuro de la humanidad, no en migajas de poder personal.

Algo semejante sucede en México, la lucha final se dará (está dándose) entre priistas y ex priistas. Derrotada Josefina Vázquez Mota, el bipartidismo es claro: la pugna es entre el PRI y el ex PRI. No hay dentro de los mejores cuadros perredistas sino ex priistas. Todos perversos, tortuosos y resentidos de la brillante carrera que imaginaron desarrollar dentro del modelo original. La interminable lista de personajes salidos del Revolucionario Institucional prueba la aseveración. Ellos sí conocen al monstruo, fueron parte muy íntima, vivieron en sus entrañas. Nadie más cerca de la Presidencia que Manuel Camacho, quien ahora despliega con habilidad las enseñanzas y su rencor al partido que le dio casi todo, menos Los Pinos. Encabeza, junto con otros renegados como Marcelo Ebrard, Arturo Núñez, López Obrador, Muñoz Ledo, Ricardo Monreal, etcétera, las tareas para derrumbar la candidatura de Enrique Peña Nieto o abrir el paso al conflicto poselectoral violento. Las diferencias con los años que analiza Deustcher, son claras: no hay proyecto ideológico, nadie piensa en los demás, salvo en sus propias posibilidades de ocupar cargos claves para mantenerse en una lucha que se antoja perdida. En este caso, no serán derrotados los “comunistas”, sino los ex “comunistas”; es decir, aquellos que se formaron en el PRI y ahora lo combaten con las mismas armas que allí obtuvieron: falta de ética y corrupción. El rencor y el odio vinieron después.

El desaseo político nacional ha llegado a tales extremos de corrupción y miseria ideológica, que políticos de todas las tendencias corren en sentido inverso a la lucha de ideas. Ahora militantes férreos del PAN, del PRD y aún aquellos que se formaron lejos de los partidos y en extrañas luchas sociales, reniegan de sus orígenes y se incorporan al PRI de Peña Nieto. ¿Es un hombre carismático con un notable proyecto político entre las manos o simplemente, estamos en presencia de oportunistas que buscan la manera de seguir en la política activa?

Alguna vez, me correspondió entrevistar a un importante político del Estado de México. Mi primera pregunta fue ingenua: Y ahora que no es gobernador, ¿a que se dedicará, a los negocios? El tipo me miró con desprecio: No, amigo, un político nunca deja de serlo. Conforme a esta lógica, debo pensar que aquellos que regresan al PRI o llegan por vez primera, son simplemente personajes que saltan de un partido a otro, como en el futbol, con tal de seguir jugando. La lista de dirigentes no es mínima ni intrascendente: René Arce, Rosario Robles, Ruth Zavaleta, Hugo Círigo, Ramón Sosamontes, Tere Vale, Lía Limón, Manuel Espino… Recuerdo la única vez que hablé con Rosario Robles, acababa de ser designada jefa de Gobierno del DF. Fue grosera, arrogante, se jactaba de su partido, el PRD, lo defendía sin tener razón; en otros términos, era fanática de la organización que la había llevado tan alto. El resto de la historia la conocemos. Hoy es pilar de la campaña de Peña Nieto y en consecuencia parte del partido repudiado.

Si en la Europa de la primera mitad del siglo XX la lucha era ideológica, ¿hoy por qué pelean los herejes y los renegados contra su antigua ideología? Mucho me temo que se están mudando de casa por dos razones: el PRI tiene mejor candidato que los demás y más posibilidades de triunfo. Para colmo en los demás partidos la podredumbre y la incapacidad superó al priismo con creces.
¡Cómo estarán las cosas!

Opinión 2012-06-08 - La Crónica

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