Tantadel

junio 22, 2012

Interpretar a Vicente Fox

A Vicente Fox le correspondió la fortuna de sacar al PRI de Los Pinos. Fue una hazaña y asimismo una tragedia. Otra cosa hubiera sido la alternancia en manos de Cuauhtémoc Cárdenas. Pero la historia carece de vuelta al pasado para modificarla. Fox era, lo que tanto aprecian los mexicanos, un caudillo, dicharachero, provocador, ignorante y sobre todo decidido. Convenció al PAN y lo puso a su servicio, no le fue suficiente y creó una organización paralela (como más adelante lo imitaría López Obrador con Morena y otras agrupaciones empresariales) para obtener recursos: los amigos de Fox. Su último discurso en tanto candidato presidencial fue de total arrogancia al llamar a Cárdenas a declinar por él, a cambio, respetaría el legado de su padre. A su lado, ya estaba Porfirio Muñoz Ledo.

Su gobierno fue ridículo y trágicamente gracioso. Humoradas, ocurrencias, equívocos… Para colmo nunca aprendió Lógica y era incapaz de ordenar sus ideas. Necesitó un intérprete, una persona que tradujera sus discursos y declaraciones. Designó a un ex guerrillero, Rubén Aguilar, quien todas las mañanas comenzaba su trabajo justificando: “Lo que el presidente quiso decir…” La confusión aumentaba y los mexicanos nunca supimos qué trataba de comunicarnos Fox.

El tiempo ha pasado, pero Vicente Fox no ha cambiado. Cada tanto regresa al campo de batalla y hace declaraciones que los medios recogen y difunden. Recientemente cometió otra pifia al decir que deberíamos reunirnos en torno al puntero del PRI. Los medios de comunicación, los que antes de su triunfo electoral permanecían bajo severa censura, se desataron según sus simpatías electorales. Hubo toda clase de opiniones. Sin embargo prevalecía la confusión. Poco a poco fue dándole claridad a su postura. Su candidata presidencial era y es Josefina Vázquez Mota, el PAN es su partido, pero le aterra que triunfe Andrés Manuel López Obrador, quien a su juicio sí es un “peligro para México”. Con ironía se refirió a él como López Chávez. No es que sea priista y simpatizante de Peña Nieto, sino que es antiperredista y enemigo de López Obrador. Para vencer al caudillo tabasqueño, es necesario apuntalar a quien todas las encuestas señalan como vencedor faltando una semana para ir a las urnas. Su juego es claro y hasta respetable. ¿No todos tienen la obligación de ser Ricardo Monreal, Marcelo Ebrard o Elena Poniatowska? La pluralidad es característica de una democracia. En la semana que falta para ir a las urnas, habrá más pasión y más sorpresas. La lucha ya es entre Peña Nieto y López Obrador, cuyos partidarios lanzan entre sí toda clase de acusaciones, desde las descabelladas hasta las que parecieran tener sensatez. La política es pasión, entre otras cosas, pero por su importancia debe ser un tipo de pasión que tolere la reflexión. Los obradoristas están convencidos, a nadie le cabe la menor duda de ello, de que Peña Nieto es el títere primero de Televisa, ahora también de TV Azteca, que es ignorante, como si Obrador y Vázquez Mota fueran cultos, y nadie duda que habrá fraude electoral. ¿Toda la enorme inversión física y económica que se ha invertido en el proceso, el trabajo no sólo del IFE sino de miles de observadores muchos organizados, otros no, de qué sirvió?

Volvemos seis años atrás: el fraude es inevitable y visible. Y es así porque el nuevo caudillo lo ha decidido en espera de triunfar aunque sea por pocos votos y de perder por una cantidad mínima, gritar ¡fraude! Repetir, por añadidura, el número de la presidencia legítima que tanto ridículo y estupor produjo y el que ha sido olvidado. Para colmo, ahora están los futuros rechazados de las universidades públicas (¿por qué no incluir a las privadas?), los que ya preparan las pancartas para sumarse a la lucha de aquellos que tienen intereses con AMLO, desde sindicalistas añejos y turbios hasta alumnos de escuelas ricas, cuyos padres se enriquecieron con un sistema que hoy es por completo obsoleto.
Que tres de los cuatro aspirantes presidenciales digan que están por triunfar es normal. Lo que resulta una provocación es decirnos que si pierden será porque la mafia insiste en quitarles las posibilidades de hacer de México una potencia internacional.

Según informaciones del reportero Andrés Becerril de Excélsior, el PRD ha solicitado un préstamo de 50 millones de pesos a la Banca Afirme y uno más del Banco del Bajío por 30 millones. Entre los gestores se hallan Javier Salinas Narváez, Luis Miguel Barbosa, Jesús Zambrano y René Bejarano. La pregunta es obvia: ¿para qué quieren tales sumas si la campaña está por concluir y, según sus propias encuestas, tienen el triunfo asegurado, poseen ya un gabinete que espera tomar posesión de inmediato? Es evidente que se trata de obtener recursos para financiar acciones poselectorales. Pero ésta es una realidad que ningún simpatizante de Andrés Manuel logra ver. Todo se limita al complot de los medios y la enigmática mafia del poder. Así es fácil el análisis político.
Bueno, y si gana AMLO, ¿qué hará el PRI: ungir presidente legítimo a Peña Nieto, tomar Reforma, hacer un gabinete paralelo y hablar de un complot urdido por Vázquez Mota y López Obrador?

Opinión 2012-06-22 - La Crónica

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