Tantadel

junio 04, 2012

La burocracia cultural

No hay un rubro donde los gobiernos panistas hayan tenido éxito en doce años. Uno poco estudiado es el enorme desaseo en materia cultural. Primero fue Sari Bermúdez, ahora es Consuelo Sáizar. El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes tendrá que ser pacientemente reconstruido después del 2 de julio. Como nunca, brilla el autoritarismo rayano en la majadería. Ni una ni otra tienen obra, un libro, un cuadro, una pieza musical, que las acredite como parte de la comunidad artística e intelectual de México. Advenedizas, personas afortunadas, fueron incapaces de crear una inteligente política cultural, ambas se manejaron por caprichos y berrinches.

El panorama cultural de nuestro país es obscuro y una de las mayores tragedias que aqueja hoy a la cultura en México se vive en las escuelas de enseñanza artística, principalmente en las de nivel profesional. Es cierto que desde tiempo atrás la burocracia que las administra no ha sido la idónea, pero desde que el panismo llegó al poder, su problemática se ha agudizado como nunca antes en su historia. El control total que se ejerce desde la cúpula de la burocracia cultural hasta sus niveles inferiores es descarado, mientras la desvinculación con el arte y los artistas día a día se hace más honda, afectando de modo lacerante la vida institucional de estos centros educativos.
¿Qué futuro tiene el arte y cuál los artistas que dependen de mafias listas a ocupar todo lugar que quede libre? ¿Acaso le importa a esta burocracia que administra las escuelas profesionales lo que verdaderamente ocurre en ellas? ¿La conocen realmente? No, es lo de menos. Lo que importa es dominar ese macro-coto de poder, aun si para ello deban propiciar o solapar arbitrariedades de todo tipo en el seno de sus comunidades artísticas. La próxima designación del nuevo director del Conservatorio Nacional de Música atestiguará este hecho: difícilmente llegará el mejor porque será designado el más ad hoc a este impenetrable sistema burocrático.
Después del fracaso de Ricardo Miranda como director y al que las autoridades no les quedó más que retirar, llegó uno más incompetente y arbitrario, Karl Bellinghausen, al que no pudieron sostener y ahora proyectan en el proceso de designación del nuevo titular a dos candidatos. Por un lado, un personaje desconocido para el medio musical profesional y reconocimiento artístico, el comunicólogo Benjamín Anaya, por otro lado, el delfín del panismo, David Rodríguez de la Peña, quien obedece a los intereses de control y continuidad del gobierno actual, que si bien egresado del CNM ni idea tiene de lo que hoy vive esta institución. A un lado dejan el mejor proyecto educativo, perfil, trayectoria profesional, experiencia y solvencia directivas. Sólo se hará un nuevo reacomodo que dejará de lado toda posible y urgente mejora educativa. Qué lamentable, pero es lo usual en el retrógrada ejercicio de poder de la burocracia del CNCA. La gran pregunta a los sabios de Bellas Artes: ¿dónde están los otros candidatos que presentaron sus proyectos como el del doctor Julio Vigueras Álvarez o el de los maestros Víctor Barrera y Fabián Bretón? Omitidos. Evidentemente, por ser los mejores y más vinculados al Conservatorio.

Por otro lado, según leo en la columna de Humberto Musacchio y en un artículo de Ignacio Trejo Fuentes, que el INBA tiene lo suyo. Despidieron a la esposa del segundo, Ixchel Cordero, cuya capacidad como funcionaria cultural me consta. No sólo eso, el propio Consejo editó al matrimonio un estupendo libro de entrevistas, cuyo sólo prólogo es de gran utilidad para los estudiantes de Comunicación. Es un acto de injusticia y un registro más de las arbitrariedades del INBA y en general del CNCA. Funcionan, eso sí, para velar muertos famosos. El resto puede ir a cualquier agencia funeraria, según sus posibilidades. En Bellas Artes nada más caben los muy famosos y los amigos de Consuelo. Los festejos y reconocimientos oficiales recaen en sus cercanos, jamás en los intelectuales críticos, como es digamos el caso del escritor Gonzalo Martré, autor de una de las grandes novelas sobre el 68, Lo símbolos transparentes, ha cumplido 80 años y ni la Sala Boari le conceden para un merecido reconocimiento que sus lectores demandan.

Ixchel Cordero trabajaba en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, ubicado en la Condesa, donde coordinaba los Paseos Literarios que le han dado brillo a la institución. Que pueden despedirla, pueden, que ella puede recurrir a sus amigos y a las leyes para defenderse, claro que también puede. Y en eso está la talentosa Ixchel Cordero, quien sin duda es una competente promotora cultural.

Sí, está visto, la educación artística y el impulso al verdadero arte podrán tener un futuro, pero bajo un régimen panista, jamás… ¡Qué lejos estamos de José Vasconcelos, Carlos Chávez y José Luis Martínez y qué cerca de Consuelo Sáizar! Por fortuna, como escribió Ignacio Trejo Fuentes, dentro de pocos meses, se irán y es casi seguro que no tengan ni tiempo ni inteligencia para constatar los daños hechos al desarrollo armónico de la cultura nacional.

Opinión 2012-06-04 - La Crónica

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