Tantadel

junio 17, 2012

Nostalgias revolucionaria

¿Dónde está el cambio que suponemos Obrador representa? ¿Y la famosa clase obrera que nos salvaría?

Durante los años de juventud, parte de mi generación literaria e ideológica, pensó que sólo había un camino para salir del atraso, las injusticias y contradicciones: eliminar el capitalismo. Como es obvio, su gran rival, el socialismo marxista era nuestra respuesta. Ingresé antes de los 20 años a la Juventud Comunista y casi enseguida pasé al Partido Comunista. No veíamos otra forma para deshacernos de la economía de mercado que hoy globaliza hasta a las naciones que fueron marxistas, las que, a lo sumo, viven inmersas en una suerte de economía mixta. No teníamos más ejemplo que la vía revolucionaria: así nacieron la URSS, China, Corea del Norte, Vietnam y Cuba. Había, sin embargo, políticos marxistas como Salvador Allende, que buscaban la ruta electoral: llegar al socialismo sin sangre.

Los matices de la izquierda eran muchos y para los años 60 había más: desde aquellos que simpatizaban con Stalin, a quien suponían heredero de Marx, Engels y Lenin, hasta los que creían en Trotski, pasando por las tesis maoístas y las de Lombardo, que veía potencial en la Revolución mexicana al suponer que de movimiento democrático burgués podría pasar a socialista. Todos éramos partes de grupúsculos que apenas conseguíamos mantener la lucha desigual contra el poder. La izquierda estaba fragmentada y la clase obrera era el eje de nuestros sueños y esperanzas. Cuando José Revueltas dejó el PC para formar su propia organización, no iba al PRI ni a crear una lastimosa sucursal de tal partido, fundó una corriente leninista espartaquista, donde estaba lo mejor del pensamiento revolucionario y descubrió en un libro memorable, Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, que la clase trabajadora mexicana carecía de partido, de orientación que la condujera a la toma del poder. Fueron discusiones espléndidas que conmovieron a los jóvenes que participaron en el movimiento estudiantil de 1968.Las cosas cambiaron radicalmente con el derrumbe del socialismo. La izquierda quedó huérfana. Parecía que las ideologías habían muerto, también las grandes utopías. En este contexto de muchas dudas y ninguna respuesta, un grupo de ex priistas fundó el PRD. En sus propósitos no estaba la toma del poder para establecer un gobierno comunista. Simplemente querían ponerle al sistema creado por el PRI un poco de pintura en la fachada, sin cambios estructurales dramáticos. Los charlatanes y los corruptos se adueñaron del partido y lo convirtieron en máquina electoral. Los ex priistas se metamorfosearon en “las izquierdas” y un caudillo apenas letrado impuso consignas populistas que cualquier clásico del marxismo hubiera reprobado con facilidad. La izquierda fue secuestrada.

Como en el 68, los jóvenes irrumpieron en la escena, pero, a diferencia de hoy, muchos llevaban un proyecto: la revolución marxista-leninista. Los de hoy no piensan en aliarse a los obreros sino al PRD, su fin es eliminar (término justo) a Peña Nieto. El resto vendrá mágicamente cuando el caudillo tome el poder. ¿Qué cambiará? Nada. Simplemente garantizará empleo para los suyos. La lucha contra el sistema concluirá para los jóvenes con el derrumbe de Peña, a quien agreden en mítines, le dicen “te odio” o para el que piden la reaparición de Aburto el asesino de Colosio. ¿Los mueven Marx o Guevara? No, los agita un líder caricaturesco.

¿Dónde está el cambio que suponemos Obrador representa? ¿Y la famosa clase obrera que nos salvaría? En manos de líderes eternos, corruptos, también sin principios ideológicos. ¿No se han dado cuenta de que AMLO carece de proyecto de nación y en su lugar tiene un arsenal de vaguedades y simplezas? Y los intelectuales más distinguidos que pasean sin decoro con el caudillo, ¿cómo imaginan a México en sus manos? ¿El fin del capitalismo y sus contradicciones, la desaparición de las clases sociales, la extinción del Estado? ¿Qué?

Excelsior 2012-06-17

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