Tantadel

julio 04, 2012

El obligado conflicto post-electoral

Aquellos que pensaban que López Obrador y los suyos acatarían los resultados electorales en caso de no serles favorables, estaban equivocados. La elección presidencial, en su lógica, fue un fraude colosal y hábil, donde participaron el sistema político, la gente del dinero, el IFE, la UNAM, los medios de comunicación y millones de mexicanos ingenuos o “masoquistas”. En cambio, el proceso capitalino fue impecable. Eso es impresionante, es no ver la realidad. Si los obradoristas ganan, es una elección limpia; si pierden, es algo turbio, resultado en un complot perverso para impedir que llegue un tabasqueño iluminado a salvarnos. Pero así es México, un país que sospecha de todo y de todos. Desconfiado, inseguro y, en tal sentido, López Obrador es un espejo para millones de mexicanos.

Veamos el DF, donde el PRD y sus aliados obtuvieron una clara y contundente victoria. Miguel Ángela Mancera, según datos del IFE, obtuvo 3 millones de sufragios. AMLO alcanzó menos, votaron por él 2.5 millones. Peña Nieto consiguió un millón 240 mil votos y Beatriz Paredes menos, sólo 940 personas le dieron su apoyo. Esto nos lleva a una conclusión, en el DF el PRI no existe. A la cúpula se le olvidó la ciudad capital, pese a ser el eje del país, donde están las mejores escuelas, el centro del poder, las instituciones que lo conducen, aquí se hace política, pues están los tres poderes y los medios de comunicación fundamentales. Y al PRI se le perdió la ciudad capital, en manos del PRD desde que Cárdenas le propinó una enorme derrota.

Poner a Beatriz Paredes como candidata al Gobierno del DF fue un acto ingenuo o torpe. No hizo campaña, apenas pronunció alguna frase certera, no se le vio más que ocasionalmente en una ciudad cuyas calles estaban saturadas de propaganda perredista y petista, en cada poste colgaban pendones con el rostro de Mancera y de los candidatos a senadores, diputados, legisladores y delegados de dichas fuerzas. En los debates hizo un papel lamentable, sobre todo tomando en cuenta su larga carrera política. Si esperaban el efecto Peña Nieto en el DF, estaban jugando a la comidita y no haciendo política de alto nivel, audaz y con rostros nuevos. El PRI esperaba alrededor de millón y medio de votos en el mejor escenario; en el peor, sólo uno. Bueno, se cumplieron sus tristes expectativas: Paredes no consiguió el millón, esto es, apenas el voto duro de tal organismo.
Hoy el DF, luego de tanta corrupción, tanta incapacidad, de pugnas visibles entre las tribus, de llenarse los bolsillos y las maletas con dólares de extrañas procedencias, de padecer inseguridad y cada día nuevos cientos de recientes vendedores ambulantes, de eternas marchas, plantones y de espectáculos en plazas públicas para conseguir votos fáciles, le pertenece por completo al PRD y sus aliados, los que no pudieron vencer al PRI en la lucha por la Presidencia de la República.

López Obrador tiene su casa en el DF, se mueve como no lo hace en Tabasco. Es aquí donde cierra calles y pone carpas vacías para protestar. No tiene simpatizantes capitalinos, tiene adoradores. En este contexto evidente, ¿qué pensó el PRI? Evidentemente que nada, simplemente se le olvidó la capital, el DF siguió moviéndose por pura inercia. Ningún priista tocó las puertas de las casas, fue a los mercados, hizo mítines en las calles, se movió de un lugar a otro en pos de votos. Con un simplismo total, los dinosaurios seleccionaron a una persona cuyo nombre es conocido pero no respetado, que padece flojera, está fatigada. Sólo Wallace, para citar a una representante de un partido serio, fuerte, intentó hacer una campaña fuerte, el problema es que no estaba para eso, de política poco entiende. Tomó los peores defectos de Vázquez Mota, creyó en la zarandaja del voto solidario de las mujeres y apeló a algo que ya no es: ciudadana pura y simple. En lo sucesivo, aunque se retire, la veremos como una política profesional, poco eficaz. Entre ella y Josefina, llevaron al PAN del poder al tercer lugar.

El PRI está gozoso, ya forma grupos para la transición, reparte empleos y forma un gabinete del modo usual en México, entre los amigos cercanos, no con los mejores hombres y mujeres, como es habitual. Supo regresar de dos derrotas severas y ganar Los Pinos. No parece que, engolosinados como están, quieran convertirse en un partido en serio, formidable, con una ideología clara y cuadros nuevos. El DF no entra en sus planes. Seguirán moviéndose por allí los mismos ruinosos políticos que no encuentren empleo dentro del gobierno federal. Sin pensar que una de las claves para triunfar se llama ciudad de México. Para complicar más las cosas, así como Calderón tuvo la intensa guerra de los capitalinos perredistas, ahora la tendrá Peña Nieto. Inevitablemente. El ya aburrido conflicto poselectoral seguirá estando en la arrogante ciudad capital, la que no existe para el PRI. Algo más, no será tan grave: ahora sí, el PRD piensa en el futuro, quiere para 2018 a Mancera o a Ebrard, así que no acompañarán a Obrador en su nueva guerra.

Opinión 2012-07-04 - La Crónica

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