Tantadel

julio 01, 2012

¿Final exitoso o conflicto poselectoral?

En nuestra historia un proceso electoral será tan vigilado... Todos con desconfianza o incomodidad.

¿Qué final tendrá nuestro costosísimo proceso electoral? Oneroso en todo sentido, no sólo en lo económico. El país ha sido descuidado, lo que incluye a su capital. Estamos hondamente divididos en guerra civil verbal, la que de pronto estalla en la cara de periodistas críticos. El problema de Tepito y la incapacidad del mejor alcalde del mundo, y próximo secretario de Gobernación quedó clara; la detención de un supuesto hijo del Chapo Guzmán y el asesinato de policías federales en el aeropuerto también mostró corrupción e ineptitud del gobierno calderonista. Problemas al por mayor en una nación que acumula pobres y con frecuencia padece matanzas. Si existe un México profundo, como dicen algunos, bronco, violento, es posible que no tarde en dar muestras de su malestar. Cómo estará la situación política que los candidatos debieron jurar por escrito que no recurrirán a la violencia si los resultados les son adversos. En rigor, algo hecho para frenar a los partidarios de Obrador.

Pero la firma de los cuatro aspirantes presidenciales, el jueves, dejó a muchos una sensación de inquietud. ¿Realmente no tendremos conflicto poselectoral? miles de jóvenes y quizás millones de admiradores de López Obrador no ven otra salida, en caso de que su candidato fracase por segunda ocasión. Para ellos el día de hoy se consumará un nuevo fraude largamente tramado por la mafia del poder. Que eso lo digan en las redes sociales personas de escasas luces, no hay problema, lo grave es que lo apuntan académicos e intelectuales de muchas lecturas, seguros de que las encuestas son fraudulentas: la conspiración existe y trata de destruir a México. En caso de que gane Peña Nieto no hay más que ir a la escandalosa protesta poselectoral. La solución sería una victoria contundente del priísta.El caso es que nunca en nuestra historia un proceso electoral será tan vigilado. Un ejército de militantes de los partidos, observadores nacionales y extranjeros de organizaciones civiles y de instituciones como la UNAM y el IFE estarán observándolo. Todos con desconfianza o incomodidad.

Leo multitud de artículos y opiniones en las redes y pocos invocan cautela, confianza, prosigue la campaña de descalificaciones aunque los partidos no den la cara. Las aversiones y los odios aumentan. A pocos les preocupa el enorme costo que pagamos por mantener satisfecha la voracidad de los partidos. Algunos dan cifras y las comparan con lo que cuesta un buen hospital o varias escuelas de calidad. No pensamos en el desorden en que vivimos: la confusión recorre a la nación. Estamos en espera de una solución milagrosa, un caudillo salvador. Jamás hemos reflexionado en la necesidad de sustituir a los dirigentes iluminados por ideologías, partidos honrados, un mejor sistema, un Estado fuerte que proporcione progreso y garantice libertades. No hay proyectos serios sino ideas vagas y propuestas absurdas, generalidades.

Gane quien gane hay que hacer una honda cavilación sobre el camino que deseamos como nación que aspira a la grandeza. Buscar seres casi divinos es una obsesión que debemos dejar atrás. El guía justo y bondadoso, el individuo que Dios envió para mejorar, es una buena broma. Los países no avanzan así. El esplendor de las naciones exitosas se debe al trabajo de toda la sociedad bajo gobiernos adecuados. México ha recurrido a la violencia para romper el atraso. Recordemos el millón de muertos en la Revolución Mexicana. Nos llenamos de caudillos y desde entonces nos hemos aferrado a ellos con mayor intensidad que en siglos anteriores. Para colmo, ningún aspirante presidencial (de los cuatro no se hace uno), ningún partido, invoca un cambio de estructura económica, echar a patadas al capitalismo. No. A lo sumo quieren repintar la fachada. No más. ¿Y para ello debemos matarnos unos a otros?

Excelsior - 2012-07

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