Tantadel

julio 23, 2012

José Agustín y yo en Atlixco

La muy larga amistad entre José Agustín y yo arrancó allá por 1959, quizá antes, cuando escapábamos de la adolescencia. Nos presentó un amigo común a la salida del Instituto Simón Bolívar y de inmediato coincidimos: él fumaba Camels (gringos) y yo State express (ingleses), éramos, para decirlo en el lenguaje directo que ha caracterizado nuestras respectivas literaturas, mamones en exceso. Tanto él como yo ya escribíamos, la ventaja de mi nuevo amigo es que, junto con lo que fue la célula básica de nuestra generación, habían formado un taller literario y de allí salían sus textos iniciales y obras de teatro que ellos mismos montaban. Eran tiempos, por las limitaciones económicas, de ron y bajo su influjo discutimos cuentos y poemas, capítulos de novelas, compartíamos autores conforme alguno los descubría. Políticamente nos orientaba la recién nacida Revolución Cubana y el rock and roll. Éramos, según la definición de un cineasta francés, hijos de Marx y Coca-Cola.

En el bachillerato conocimos a multitud de escritores, maestros que buscábamos para saber de sus secretos literarios. Entre ellos estaba el que más nos estimuló: Juan José Arreola, con quien formamos un taller literario y una revista memorable llamada Mester. Casi al mismo tiempo el Centro Mexicano de Escritores nos becó por un año bajo la dirección de tres grandes literatos: Francisco Monterde, Juan Rulfo y Juan José Arreola. José Agustín concluyó La tumba y yo Hacia el fin del mundo.

Nunca hemos dejado de ser grandes amigos, aunque él viva en Cuautla y yo en el DF. Cada que podemos nos vemos para tomar unas copas y desgranar recuerdos, luego de carreras literarias de más de cincuenta años. Hemos recibido distinciones: yo obtuve el Premio Nacional de Periodismo, entregado por el presidente de la república Carlos Salinas, y Agustín el Premio Nacional de Literatura, de manos de Felipe Calderón. El Premio Colima a la mejor obra publicada del año lo conseguimos ambos en distintos momentos. La verdad es que no podemos quejarnos, nos ha ido bien.

Ahora vendrá algo notable: la bella ciudad de Atlixco ha decidido hacernos un homenaje a los dos juntos, algo que solamente había hecho la Escuela Nacional Preparatoria 7, donde ambos estudiamos. Nos entregará la copia de la Cédula Real de la Fundación de Atlixco, firmada por Felipe II, con anuencia de Carlos V en 1579. Aparte, dentro del marco del II Encuentro Nacional de Poetas, y la presentación del libro Atlixco, la Palabra Escrita en el Agua, nos harán un reconocimiento por “nuestra trascendente trayectoria en las letras nacionales, el 4 de agosto próximo, a las 16:00 horas,” según explica una carta de la Dirección de Cultura, suscrita por el dramaturgo y autor de la citada antología, Ricardo Pérez Quitt. Tal honor hace un par de años me lo hizo Puebla, cuando en sesión solemne de Cabildo la presidenta municipal, Blanca Alcalá, me entregó la copia relativa a la fundación de esa ciudad.

Ahora sí puedo decirle a José Agustín, al fin juntos, pero no solos. La ceremonia es posible anticiparla: será tutelada por el presidente municipal de Atlixco, Ricardo Camacho, y otras autoridades. Algo parecido, pues, a lo ocurrido en la ciudad de Puebla, salvo que en Atlixco la entrega estará dentro de un festival poético, en el que la gran primerísima actriz Lilia Aragón leerá poesía.

Atlixco no es para mí una novedad. Cuando vivía el inmenso dramaturgo Héctor Azar, estuve allí varias veces, con otros escritores, y ahora, desde hace tiempo, la hizo suya un entrañable amigo de Agustín y mío desde la niñez: Javier Duhart, que bien combina la arquitectura con la poesía y la prosa narrativa. Este camarada y colega suele invitarnos a su casa en Atlixco. De tal suerte que esa bella ciudad me es cercana. Tanto José Agustín como yo nos sentimos realmente halagados por el galardón que nos conceden. El que estemos ambos, pienso, es asimismo un reconocimiento a nuestros trabajos y sobre todo a una larga amistad que nada ha ensombrecido. Para mayores datos, nos casamos con compañeras de la preparatoria. Él tiene tres hijos estupendos y yo dos tortugas medio idiotas. La pasamos muy bien, sobre todo cuando aparece una botella de buen whisky.

Qué de años hemos estado juntos en varios países y en infinidad de mesas redondas y conferencias. Nos gusta jugar a ser Monsi y Poni e intercambiamos elogios mutuos. Rechazamos tajantemente la idea de que somos parte de la generación de la Onda, ésa no existe, fue una pésima idea de Margo Glantz, que no supo analizarnos con cuidado, cuya crítica en prólogos a dos antologías editadas en 1958 por Siglo XXI fue tendenciosa, inexacta y parcial. Pero bueno, estaremos en Atlixco de nuevo los dos, como cuando éramos adolescentes e intercambiábamos libros y fotos de mujeres desnudas. Algo que ha sufrido modificaciones: abandonamos lo primero.

El anuncio oficial de la entrega será el próximo jueves 26 de julio, en el DF, en una rueda de prensa en el Centro Xavier Villaurrutia del INBA, donde estaremos José Agustín y yo: Nuevo León 91. En Atlixco esperamos a nuestros amigos poblanos y si alguno del DF quiere acompañarnos, también lo aguardamos.

Opinión 2012-07-23 - La Crónica

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