Tantadel

julio 06, 2012

La historia se repite, qué flojera

Cuauhtémoc Cárdenas fue víctima de un fraude electoral. Entonces había forma de llevarlos a cabo, pues los instrumentos electorales estaban en manos del gobierno, concretamente en las de Gobernación. Pudo incendiar el país, prefirió acatar las reglas con las que había participado. Luego fue dos veces más candidato presidencial y el milagro no ocurrió. Perdió de nuevo: primero con Ernesto Zedillo y más adelante con Vicente Fox. En ese tiempo los perredistas habían procreado otro caudillo, ahora mal preparado, rudimentario, pero tenaz y agresivo, diseñado según los cánones de los líderes que le gustan a muchos mexicanos. Un tirano de discurso simplista y de apariencia generosa: una curiosa versión de Robin Hood o de Chucho el Roto. Pasó a ser el caudillo y, obviamente, a ejercer el cargo.

La primera vez que se postuló a candidato presidencial, tuvo gran aceptación, como la recibió tres veces Cárdenas. AMLO fue favorecido con alrededor de 15 millones de sufragios, los mismos que ahora los mexicanos le dieron. Perdió ante el empuje de Felipe Calderón y actualmente ante un confiado e ingenuo Enrique Peña Nieto, que obtuvo, en números cerrados, unos 3 millones más que su rival.
Ante la primera derrota, López Obrador perdió los estribos y azuzó a sus seguidores, mandó al demonio a las instituciones y se hizo coronar, en una ceremonia memorable por ridícula, “presidente legítimo”. Su reino no fue más allá del Paseo de la Reforma y su gabinete jamás pudo tomar una decisión. Pero AMLO no se arredró, hay que verlo como un hombre obsesionado por el poder, y con mucho dinero de fuentes enigmáticas, recorrió el país un par de veces. Cuando arrancó su segunda campaña iba debajo de Vázquez Mota y desde luego de Peña Nieto. Pero sus asesores son más astutos y experimentados, todos formados en el PRI, que los de Peña Nieto y le pusieron minas por todo su andar. En algún momento una le estalló en la Iberoamericana. No obstante, pudo superar el incidente y mantenerse de puntero en las encuestas. El resto es tan reciente que no vale la pena repetirlo.

Una vez que AMLO perdió y la derrota fue confirmada por los conductos legales y autorizados y validado por el presidente de la República, cobró fuerza lo que Andrés Manuel venía anticipando: el conflicto poselectoral. Con habilidad no exenta de rencor, ha venido montando el escenario, por ahora sólo secundado por el grupo #yosoy132. Está en la parte legal, a la que tiene derecho. Pero no parece hallar la forma de superar el escollo y quitarse de encima el peso del fracaso por más que él y sus seguidores digan que el priista compró votos. ¿Dónde?, pregunta Marcelino Perelló en Excélsior. ¿En una votería? ¿Es posible comprar con tarjetas de Soriana 3 millones de votos? En la lógica del Peje, sí. También en la de sus fanáticos, desde luego. Escuché a una señora jurar que el propio Peña había introducido en la urna presidencial dos votos en lugar de uno. Bueno, qué decir ante tales argumentos. Pero asimismo los perredistas han comprado votos.

¿Qué sigue, preguntan muchas personas? Una suerte de duplicación de lo que ocurrió hace seis años. Habrá marchas, plantones, insultos navegando por las redes sociales, indignación de algunos medios o periodistas de Televisa que lo apoyan y ya. ¿Alguien quiere una lucha armada? Imagino que sí, pero dudo que hayan pensado en las dificultades y las consecuencias. López Obrador tendrá que digerir su rabia y pensar en el 2018, pero cuidado, allí ya están los pensamientos de Ebrard y de Mancera. Tampoco los gobernadores perredistas que acaban de llegar verán con buenos ojos el conflicto poselectoral. Gabino Cué ya reconoció a Peña. Al PRD no le conviene el pleito, ha llegado muy lejos gracias a dos caudillos: Cárdenas y Obrador, ¿para qué arriesgar lo ganado y volver al tercer lugar?

Quedan los jóvenes iracundos, sin más proyecto que su aversión por Peña Nieto tendrán que volver a las aulas y cada tanto seguirlo e insultarlo como los perredistas hicieron con Calderón. Lo demás no pasará a la historia. Los universitarios concluirán sus estudios y comenzarán a buscar trabajo en un país confuso, inestable y de escaso desarrollo económico, con altos niveles de pobreza, desempleo y marginación. Un sitio poco habitable merced a los partidos políticos. ¿No se les ocurrirá pensar que el problema no es Peña Nieto ni la solución es López Obrador, y que la solución pasa por un intenso cambio de estructura económica, política y social? Al escuchar a los integrantes de tal movimiento, es posible notar que sólo los mueve un fraude imaginario en contra de alguien que es tan conservador como Vázquez Mota o Peña Nieto, dicho esto por verdaderos izquierdistas.

Luis Carlos Ugalde declaró que López Obrador es el mismo de hace seis años. Tiene razón, salvo que la situación nacional no es la misma, añado yo. Tampoco el PRI ha cambiado mucho. Habrá que concederle, como hizo Vargas Llosa, el beneficio de la duda. Peña es un priista novedoso, rodeado por un cerrado séquito de los mismos de siempre. La única diferencia es que ahora llegaron por elección popular.

Opinión 2012-07-06 - La Crónica

No hay comentarios.: