Tantadel

julio 09, 2012

PAN: del poder a la derrota

Cuando Vicente Fox obtuvo la Presidencia de la República, no fue la hazaña del PAN, lo fue de un caudillo campirano, comerciante dicharachero, osado, ignorante y sobre todo decidido. Del partido necesitó el registro y la maquinaria, que no es poca cosa, pero fue un grupo, hasta hoy poco analizado, el que lo impulsó a Los Pinos: “Los amigos de Fox”, formado por empresarios de alta capacidad que a su vez llevaron a cabo una tarea multiplicadora. Del otro lado estaba un PRI encanecido, corrupto y anquilosado. Incapaz de renovación alguna. Al concluir su periodo, la personalidad y capacidad de Fox estaban plenamente valoradas: como estadista, era un charlatán. Pero gracias a su coraje, el país conoció la alternancia y una mayor libertad de expresión.

El caso de Felipe Calderón es distinto, mesurado político profesional. Fue a contracorriente, no era el candidato de Fox, lo era Santiago Creel, pero tenía habilidades para moverse dentro de Acción Nacional. Su más duro rival, López Obrador, venía de hacer campaña presidencial desde el Gobierno del DF, su partido, el PRD, había descubierto el valor de los caudillos entre tanta mediocridad y tanto personaje corrupto salido de las aparentes luchas sociales. Fue una pelea complicada, pero al final se impuso Calderón por un margen escaso. Allí, con un político conservador de decoro y habilidad, logró hacer del PAN un organismo compacto y obstinado (siempre lo ha sido), pero no supo formar políticos donde prevalecen los empresarios incapaces de entender las funciones sociales del Estado. La mejor prueba fue su gabinete, el que pasó por sucesivos cambios sin lograr resultados positivos. No fue tan audaz como muchos esperaban y, como Fox, siguió montado en el viejo jamelgo creación del PRI, un sistema ruinoso que Calderón intentó mover el gobierno como lo hacía el PRI, imposible. Tampoco pudo imponer a su delfín como la hacen los priistas y sus primos los perredistas. Al final y a regañadientes Josefina Vázquez Mota, perfectamente diseñada para labores dentro de organismos sociales de autoestima y protección a los desamparados, resultó la candidata. Siempre llena de optimismo y de discursos farragosos fue hacia la derrota apabullante. Con ella, Calderón y Gustavo Madero, el orgulloso PAN se hizo del tercer lugar, donde en realidad sólo había tres partidos y tres candidatos. López Obrador, con sus usuales falsedades, con su gastado mensaje, en momentos disfrazado de un rudimentario populismo “amoroso”, pronto la alcanzó y superó.

Ahora, con un PAN humillado, ha comenzado la pugna por los restos del desastre. Calderón trata de mantener la calma y la cordura, mientras Madero y Josefina dejan que fluya su resentimiento. Madero, uno de los más patéticos políticos que la reacción ha ofrecido al país, sigue su discurso contra Peña Nieto, poniéndose al nivel del tramposo López Obrador, cuyas artimañas están en todos los medios y sólo no las ven sus fanáticos. Tan pillos fueron unos como otros, sin excepciones. Miranda de Wallace ha optado por el silencio: está consciente de su pésimo papel y del mal paso que dio: jamás se repondrá ni como política y menos como luchadora social.

Josefina se dio un curso veloz de autoestima y encaró al país, perdí, pero seguiré en la lucha. Tendría que darse cuenta que en buena medida ella misma fue responsable del fracaso panista. Nunca supo hacer una campaña seria, trascendente. Como los perredistas, vio a Peña Nieto como un pobre hombre que sin sus “patrones” no llegaría a ningún lado, salvo a la derrota. Nunca lo bajaron del primer lugar.


El PRD necesita en principio deshacerse de López Obrador o se verá en la necesidad de hacer un ridículo mayor en 2018, a donde ya se ven Mancera y Ebrard. Urge la refundación y ser una izquierda responsable y dueña de una ideología visible, no más ocurrencias de AMLO. Eliminar la intensa corrupción que padece. El caso del PAN es crear políticos de talento y habilidad, pero con diferente proyecto. No pensar más como empresarios de poca monta y estudiar la política como ciencia. Asimismo, necesitan eliminar figuras lamentables como Madero, el campeón de las derrotas panistas.

Si Acción Nacional quiere regresar a la casona presidencial dentro de seis años, requiere cambios inmediatos. ¿Tiene sentido que el Presidente salga ante las cámaras acompañando a los derrotados para decirnos que aceptan el triunfo del PRI, pero que estarán vigilantes? Pues mejor que soliciten su ingreso al CISEN. Se necesita una reunión interna para hacerle al añoso PAN una serie de reformas que se base en cuadros profesionales de su ideario, desde luego, renovar tal ideario, recuperar a los que se han ido y tenían talento, como Espino. Pero sobre todo, dejar de lado el discurso cursi y ramplón que los más importantes panistas mantienen. Es el momento de pensar más como políticos modernos y no como cruzados de la autoestima que no dejan de cumplir con ir a misa. De lo contrario, la siguiente lucha presidencial será de nuevo entre el PRI y el PRD, si es que ambos aprenden las lecciones de esta campaña dura y brutal que no concluye, merced a la tediosa conducta de López Obrador, un caudillo que exige jubilación.
Opinión 2012-07-09 - La Crónica

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