Tantadel

julio 22, 2012

PRI versus ex PRI

Cuando uno ve a los dirigentes más visibles de lo que muchos llaman izquierdas, sólo se hallan ex priistas.





Dicen los estudiosos de los entretelones políticos que Carlos Salinas imaginaba un México bipartidista, donde lucharan como en EU dos partidos: demócratas y republicanos; un perenne choque entre PepsiCo y Coca-Cola; aquí PRI y PAN. Dudo de ello. Tonto no es y cualquiera sabe que México tiene vocación pluripartidista. Cada mexicano supone tener un proyecto político salvador, pero de los registrados, sólo tres realmente lo son. Y como en el caso norteamericano sus diferencias son matices modestos. Ninguno ve como una amenaza a la economía de mercado, todos son perversos y poco inteligentes. Me pregunto si han leído a los clásicos de la política y biografías de notables estadistas. Imposible, son acabados pragmáticos.





Cuenta el marxista Isaac Deutscher que el escritor Ignazio Silone decía que la lucha final, en tiempos en que el marxismo era una realidad imperfecta, sería entre comunistas y ex comunistas. En ese mismo sentido opinaba el militante de izquierda y novelista Arthur Koestler, autor, entre otras obras, de El cero y el infinito, ya dentro del bando de los renegados: los ex comunistas somos las únicas personas que sabemos de qué trata el problema.





Ahora vemos algo semejante: la lucha final se da entre priistas y ex priistas. Ellos se conocen y saben cómo hacerse daño. Ninguno tiene ideología, ambos se escudan en vaguedades, ocurrencias y sobre todo en las perversidades que tienen a la mano. Los ex priistas son peores porque cuentan con un elemento básico: el rencor ante lo que no obtuvieron, en consecuencia, deseos de venganza.





El PAN, por una suma de circunstancias favorables, pudo sacar al PRI de Los Pinos. Una vez en la Presidencia mostró su incapacidad para hacer política, lo integran administradores de empresas y fabricantes de discursos de autoestima. Guste o no la gran escuela política mexicana es el PRI; en sus diversas etapas edificó el país, es el heredero de lo positivo y lo negativo de la Revolución, un movimiento nacido de la desesperanza y la miseria. Ninguno poseía un proyecto ideológico como en Rusia lo tuvieron los bolcheviques. Madero no era Lenin, un poderoso pensador, revolucionario con claros propósitos que había analizado a su país luego de la atenta lectura de los más avanzados teóricos de la política y en especial de Marx y Engels. Madero era un espiritista que tuvo contacto con ánimas bondadosas, quienes le dictaron ideas y planes poco audaces y apenas imaginativos.





Ahora que de ambas revoluciones nada queda, sino recuerdos borrosos, es posible hacer mejores balances de sus resultados. En México el PRI nació de las necesidades de la nueva clase política y a su vez, dicho partido engendró como opositor al PAN, donde se aglutinó la reacción mexicana y más adelante, por la descomposición priista nació el PRD. En principio una buena idea que se convirtió en una pésima broma política al alcanzar altos niveles de corrupción y regresar al caudillismo al que el PRI trató de ponerle coto, un límite de seis años. Cuando uno ve a los dirigentes más visibles de lo que muchos llaman izquierdas, sólo se hallan ex priistas: López Obrador, Cárdenas, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Arturo Núñez, González Pedrero…, todos llenos de odio hacia los que les impidieron llegar a los cargos ambicionados: los priistas.





No hay en el combate, lleno de inmoralidades y trucos baratos, una gota ideológica. Dejaron atrás al PAN, patético y a veces conmovedor, por ingenuo, sintiéndose siempre el bueno del pésimo filme. Todo indica que el PRD saldrá derrotado por el PRI, es evidente. Pero si el primero consigue liberarse de AMLO podría seguir siendo competitivo para mantener viva la tenaz lucha entre priistas y ex priistas. Los demás esperaremos que aparezca una nueva opción esperanzadora e indique un cambio de rumbo hacia la izquierda. Obrador y los suyos son realmente una contradictoria humorada.





Excelsior - 2012-07-22

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