Tantadel

julio 08, 2012

Reconstruir la izquierda sin AMLO

Lo que hoy conocemos como las izquierdas no son más que mafias que buscan el poder sin ningún proyecto.

Sinceramente las llamadas izquierdas sólo pueden ser aceptadas como tales debido a la falta de rigor analítico y porque el PRI lleva años en el centro, según más de un presidente, lo que deja al PAN en la derecha. Es difícil creer que un puñado de tránsfugas del primero pueden convertirse en la izquierda del país, cuando ninguno lo fue. Se educaron en el autoritarismo, la cultura del fraude y la ausencia de valores democráticos. La izquierda histórica, la que venía desde principios del siglo XX se perdió en un mar de ex priismo. La lista es larga e incluye a los fundadores del PRD.

La derrota de AMLO no es la de la izquierda. Al contrario, es la oportunidad de abandonar el populismo estilo Echeverría, la demagogia que pasa por las dádivas, retomar principios ideológicos de las corrientes más avanzadas y aplicarlas al caso mexicano. En otras palabras salir del atraso y la miseria política para que aprovechando el cúmulo de votos atraídos por los ex priistas, sea creada una nueva alternativa política que llene el hueco que dejó el poderoso pensamiento de Marx en todas sus variantes.

Ir al conflicto poselectoral es un suicidio colectivo. Las mentes más lúcidas del PRD deben dejar de lado el fatídico caudillismo, darle a López Obrador el sitio que merece en la historia de ese organismo y cerrar una página lamentable de la historia de la izquierda mexicana. Dicho en otros términos: hay que refundar al PRD. Es el momento adecuado. Políticos como Manuel Bartlett, Ricardo Monreal, Manuel Camacho y el propio López Obrador son piezas de museo; personajes formados en el peor priismo, no pueden ser ejemplos de nada positivo. Cumplieron unos y otros han logrado sobrevivir por sus mañas y trucos. Nadie pasa de lobo a Caperucita Roja. No basta el toque mágico del líder tabasqueño, cuyas características son las de un tirano trasnochado, para colmo altanero, mentiroso y poco eficaz por más votos que haya podido arrastrar. No es un estadista, menos un hombre de izquierda moderna e inteligente es a lo sumo un hombre carismático que supo aprovechar bien su autoritarismo y terquedad, al suponerse el elegido.

El PRD pasa por su mejor momento con más de 15 millones de votos, aunque, como en el caso del PRI, no todos vengan de la mejor manera. Es un capital político aprovechable. Lo mejor es reconocer el triunfo de Peña Nieto y al mismo tiempo convocar a la nación a formar un gran partido de masas, bajo rigurosos y audaces proyectos ideológicos que impulsen el progreso nacional. La izquierda violenta, corrupta, majadera jugó un papel importante, hay que desecharla y avanzar. ¿Qué clase de país quiere esa nueva izquierda? ¿Hacia dónde debe caminar en un mundo que se globaliza bajo las premisas de un capitalismo desaforado y de organismos internacionales que ven en las privaciones de los pueblos la solución para mantener la hegemonía de un sistema?

El discurso de AMLO y sus seguidores ha dejado de ser útil. Sus acciones también. Ponen en riesgo al país, lo desestabilizan. Por lo pronto consiguieron una hazaña. Pero con tales reglas y esos conductores siempre serán derrotados, aunque sea por un puñado de votos. Deben abandonar el campo de batalla callejera, de escasa imaginación y muchas trampas, y proponer alternativas coherentes a la realidad que nos rodea. Las teorías del fraude, de la eterna conspiración, el inspirar piedad, el ser los buenos del pésimo filme, no son razones para darles el poder.

Lo que hoy conocemos como las izquierdas no son más que mafias que buscan el poder sin ningún proyecto que no sea el beneficio propio. El país necesita un partido realmente de izquierda, con una ideología que se diferencie de la actual para crear los contrapesos a la irrefrenable globalización. Es ahora o nunca. La presencia de caudillos no resulta novedosa, un proyecto moderno de izquierda sí lo es.

Excelsior - 2012-07-08

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