Tantadel

julio 13, 2012

¿Sirven para algo las instituciones?

En estos momentos la realidad surge y nos permite mirar que las instituciones son enormes edificios con personajes que cobran muy bien y que no sirven para mayor cosa. Todas tienen intereses peculiares, pero lo primordial es mantenerse vivas pese a su inutilidad. No se trata de mandarlas al demonio como cada tanto hacen López Obrador y su séquito sino de valorar sus tareas, aquéllas que tendrían que darles sentido. México hoy es un país casi anárquico, donde cada quién hace lo que le viene en gana y la ciudadanía paga los costos. Independientemente de lo que haya sucedido en la cadena de tiendas de autoservicio Soriana, ¿es válido que una turba vaya a agredirla? ¿Y las autoridades capitalinas? Se trata de una venganza indudablemente y como tal están actuando medios y partidarios del PRD. Es un evidente linchamiento, a lo que antes AMLO y ahora Ebrard dirían que son actos de justicia, usos y costumbres, como han precisado cuando fueron asesinados por multitudes azuzadas policías o supuestos ladrones.

¿Somos una ciudad de leyes? Claro que no. Si López Obrador vuelve a cerrar calles y a erigirse en presidente legítimo por segunda vez, no habrá policía que le impida secuestrar la ciudad, arrebatárnosla. Lo vemos en cada marcha, en cada plantón, en cada acto de vandalismo político realizado por el PRD y seguidores, muchos en el DF.

El periodista Renato Consuegra precisa al respecto: “Por tanto, los atentados, porque no son otra cosa, por parte de los seguidores de López Obrador en contra de las tiendas Soriana —incluida la oficiosa revisión y cierre de dos de ellas realizada por los colaboradores de Clara Brugada en Iztapalapa—, carecen de toda razón e, incluso, fundamento jurídico para señalar a la empresa de algo que sólo ellos miran.”

Pero hablemos del sector que obstinadamente sigue a López Obrador. En su doble juego, un día, porque así les conviene, aceptan y firman las propuestas institucionales, pero si los resultados no son los que esperan, la reacción se hace violenta y rechazan a las costosas instituciones. Para que el IFE no fuera hoy blanco de las iras de los grupos más dogmáticos, hubiera tenido que ser más preciso en sus advertencias y sanciones, en su trato con los partidos y en el manejo de las inmensas cantidades de dinero que les concede por agredir y dividir a los mexicanos Así, en estos momentos, no padeceríamos los embates del grupo fanatizado de AMLO. Como parte de una realidad poco vista tenemos los siguientes datos. De la lista nominal de 77,738,494 electores, no votaron por AMLO 61,841,495. Sea porque votaron por otros candidatos (Peña Nieto: 19,226,784; Vázquez Mota: 12,786,647; Quadri: 1,150,662), sea debido a que fueron anulados o no acudieron a las urnas (28,677,402). Esto permite imaginar un movimiento #Yosoy61 millones que le es adverso.

Significa que la inmensa mayoría de los mexicanos no está de acuerdo con López Obrador ni con los partidos que lo postularon. El problema radica en que las citadas instituciones, el aparato legal, político y económico, está sujeto de brazos por una camarilla de ex priistas resentidos eternamente, que hoy ven cómo pasa su oportunidad de triunfar para realizar una purga casi al estilo de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

Hasta este momento, una vez que AMLO rechazó el costoso proceso electoral, estamos viviendo atemorizados por la decisión que vaya a tomar. Resulta que es el hombre más poderoso de México, está sobre las instituciones y los esfuerzos de quienes tratan de conservarlas. Sólo acepta, obvio, su triunfo, el que una mafia le niega. ¿Qué sigue: una revolución? Seamos realistas. A lo sumo una serie de revueltas como las que lleva el brazo “armado” de Obrador, el movimiento Yo Soy 132, que lo mismo agrede a un actor televisivo, que a una cadena de tiendas que hace lo suyo: vender diversos productos o se trepa a la inútil Estela de Luz para protestar y decirnos que la lucha es por nuestro bien. Este berenjenal en el que estamos metidos principalmente los capitalinos, tiene nombres y apellidos. Y aquí es donde vemos que las instituciones y las leyes dejan de tener utilidad pese a lo costosas que resultan. Soriana es linchada, las calles son tomadas, el presidente del IFE es apedreado en su automóvil. ¿Y la policía y las leyes? Todo goza de buena salud. Nos lo dicen a diario en esta ciudad, la más segura del mundo, donde todos se someten y obedecen, menos AMLO y los suyos.

Como si lo anterior, brevemente descrito, no fuera suficiente, cada vez que un periodista da una opinión desfavorable al caudillo, aparecen los ataques, los insultos, las amenazas. Ya tenemos casos de periodistas escupidos y vejados. Es el castigo de una muchedumbre fanatizada, que recurre a la violencia como en Fuenteovejuna o en La muerte tiene permiso. Pero si en ambos ejemplos literarios había una razón poderosa para el linchamiento y sobre todo carencia de instituciones, ahora, a pesar de ellas, debemos caminar temerosos de no irritar más al candidato presidencial derrotado por segunda vez. ¿Vivimos la cultura del fraude o solamente le toca a él por querer salvarnos de las corruptas instituciones comenzando por el IFE?

Opinión - La Crónica

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