Tantadel

agosto 22, 2012

¿Cambiará el PRI realmente?

He estado leyendo multitud de artículos, notas, en fin, materiales periodísticos que hablan sobre el retorno del PRI. Por añadidura escucho comentarios sobre el tema. Los más felices, obviamente, son los priistas, vayan o no a tener empleo. Su partido logró algo muy complicado: regresar por la vía electoral en un país donde edificaron grandes obras, pero también causaron graves daños a la salud pública. Ignoro qué pesa más en la sociedad mexicana. Supongo que lo construido, de lo contrario, jamás hubiera regresado al poder luego de dos derrotas consecutivas. Pero las opiniones son diversas, hay quienes aprueban luego de dos fracasos panistas y de muchas intentonas fallidas del PRD, las primeras con un candidato excelente, las dos recientes, con un caudillo venido a más. En general, yo me topo con sentires adversos al PRI y/o desconcertados ante la reacción de una sociedad que los hizo regresar al poder.

¿Qué temen quienes titubean ante el retorno del PRI? Que regrese el autoritarismo. El que Enrique Peña Nieto no lo parezca, no significa que haya cambiado todo un organismo que apenas vislumbró la democracia. Se trata de un partido hecho desde el poder y, para colmo, que consiguió la habilidad de mantenerse por años en la cúspide. El autoritarismo no llegó solo, vino acompañado por la ausencia de libertad de expresión (el Presidente y su familia, por ejemplo, eran sagrados, intocables) y por los excesos de una fuerza que desconoce los límites, me refiero a la represión: una y otra vez se sintió con violencia, en algunos momentos fue atroz. Los opositores serios eran perseguidos y amenazados, en ocasiones encarcelados y hasta asesinados. Entre los primeros estuvieron personajes como el notable artista plástico David Alfaro Siqueiros, entre los segundos la familia Jaramillo y los estudiantes que cayeron en Tlatelolco.

Pero lo peor fue la corrupción. No conozco político priista de medio pelo para arriba que no sea afortunado: casa, autos, buena cuenta bancaria y la protección del sistema que, aunque ya no estuviera bajo su control aún era capaz de apoyarlo. La cantidad de altos funcionarios priistas que trabajaron con los gobiernos panistas no es despreciable. El PRI más que un partido era (¿es?) una agencia de empleos. Solidarios entre ellos, formaron un poder que se dio el lujo de corromper aquí y allá porque el país era suyo.

Pienso, sin embargo, que somos nosotros, la sociedad, la que ha sufrido modificaciones profundas y que no tolerará más los vicios del pasado, que espera que el PRI sepa apreciar y sobre todo utilizar correctamente esta nueva y sorprendente oportunidad. Tampoco llegó por el talento de sus hombres o porque de pronto fueron tocados por una varita mágica que los hizo decentes, dignos y llenos de talento político, de respeto por la sociedad. Lo hizo ayudado por un PAN repleto de inútiles, de funcionarios improvisados, de dos presidentes imposibles de aceptar como estadistas: ambos son políticos aldeanos, de poca monta, más Fox que Calderón. Lo hizo ayudado por la estulticia de López Obrador, por sus ocurrencias plenas de torpeza, demagogia y falsedad, por un partido, el PRD, que ha mostrado altísimos niveles de corrupción. En tal sentido, superaron con creces a sus maestros priistas. Materialmente han asaltado cuanta población han gobernado.

No vuelve el PRI por sus propios méritos, en este sentido, fue ayudado por dos partidos peores que el viejo organismo que construyó instituciones educativas, culturales, médicas, que hizo infraestructura y mucho más, al tiempo que gobernaba con brutalidad y desprecio hacia el pueblo. Supo hacer suya (en el imaginario) lo mejor de la historia nacional. Pero al mismo tiempo acartonó a los héroes, tanto así que el PAN y el PRD, que deberían tener una simbología patria distinta o más completa, son adoradores de los mismos personajes y algo más, mientras que Fox era émulo de Santa Anna, López Obrador quería ser una versión cursi y ridícula de Benito Juárez. El andamiaje que ya cruje no sufrió modificaciones, es decir, los rivales del PRI se han montado sobre el sistema que erigieron los mandatarios que hoy vemos como parte de un pasado con cargas de ignominia.

Enrique Peña Nieto puede ser un buen candidato y, de ser confirmado presidente, que lo será ante las “pruebas” perredistas y las protestas del señor Madero, un político correcto. Pero las señales del arrepentimiento por el pasado y las señales de un futuro promisorio no aparecen por ningún lado. El PRI es el mismo, no importa quiénes se hayan subido a su autobús, la única novedad son dos o tres personas. El resto son los de siempre, por lo menos hasta ahora.
Pero si uno ve con rigor crítico a los partidos que padecemos, son todos iguales, hablan semejante, tienen como meta lo mismo y, para colmo, lo fundamental es que no tienen la menor idea de lo que es grandeza política. Quieren el empleo y luego ya verán resultados o no. Son pocos los que han merecido un lugar en la historia, de los más recientes, sólo lo ha obtenido Lázaro Cárdenas, los demás son parte de lo que Borges en su infinito ingenio llamó la historia universal de la infamia.

Opinión 2012-08-22 - La Crónica

No hay comentarios.: