Tantadel

agosto 12, 2012

¿En dónde se extravío la cultura oficial?

Hace poco, durante un desayuno amistoso de intelectuales, artistas y políticos le pregunté a Manlio Fabio Beltrones que en qué momento el PRI había extraviado la cultura. El asunto amerita largas reflexiones. El hecho de que la burocracia cultural esté enferma, no indica que la cultura nacional lo esté, pasa buenos momentos, se da al margen del INBA y Conaculta. Pero apretemos el tema. El Estado ha tenido larga vocación de apoyo a las artes, quizás desde los tiempos de Justo Sierra y con más exactitud luego de la Revolución que desata un tsunami cultural: pintores, escritores, músicos, coreógrafos, arquitectos…, convierten a México en potencia y le dan aires de vanguardia. México, como Buenos Aires por otras razones, se convierte en un foco de intensa luminosidad artística. Personajes asombrosos como José Vasconcelos, Carlos Chávez, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, José Luis Martínez… orientan el camino.

Al principio, el Estado tuvo aciertos, luego se fueron diluyendo en malas decisiones, las autoridades no siempre han sido las más adecuadas. Los vicios de la política se duplicaron en el INBA y luego en Conaculta. Se hicieron castillos feudales, donde los titulares resultaban príncipes absolutos y autoritarios. Sin embargo, el PRI jamás dejó de edificar y avanzar en la infraestructura y en ideas que en ocasiones venían de la comunidad artística. Carlos Salinas incluso, reorganizó la cultura nacional con el Conaculta y el Cenart. Luego vino la alternancia y llegaron los desatinos inauditos. Sari Bermúdez, ignoraba que el país tiene Biblioteca Nacional; Sergio Vela, se encerraba en su oficina; y la peor, Consuelo Sáizar, quien carece de obra, no escribe ni lo que firma, su paso por el Fondo de Cultura Económica y Conaculta simplemente ha mostrado su poder político, autoritarismo e ignorancia. México queda como un país que encaja perfectamente en el desorden criticado por Mario Vargas Llosa y que confunde alta cultura con el espectáculo, con simple show que no requiere apoyo oficial.

Sáizar imagina que con golpes publicitarios, gastos desmesurados (Excélsior dio a conocer las cifras abultadas que su administración gasta sólo en viajes), un estilo rudimentario y amenazante, efectúa una labor excelsa. Lo que ha consolidado es al Palacio de Bellas Artes como velatorio para sus amigos; carece de sensatez y de política cultural y sólo beneficia a un grupo leal. Está por consolidar un camino peligroso para el arte, cada vez más arrinconado. Bailarines, cantantes y hasta escritores buscan en otros sitios lo que el país no ofrece. ¿Apoyos? Sí, con criterios de amistad, no de calidad. Ay de aquél que no goza del aprecio de Consuelo.

Imagino que Enrique Peña Nieto tendrá contemplado, sobre todo luego del desatino en la FIL, dedicarle parte de sus esfuerzos a recuperar la tradición de un Estado que apoye las artes. Tanto Labastida como Madrazo, candidatos derrotados, tenían proyecto cultural en sus campañas. En la recién transcurrida, apenas se preocuparon por el tema, acaso tangencialmente, al hablar de educación. Por la importancia de la cultura nacional es deseable que los intelectuales más destacados, los periodistas especializados en el tema, los académicos más distinguidos, sean convocados a expresarse acerca de la tan urgida política cultural. No es posible ya poner al frente de Conaculta a un buen amigo, allí debe estar alguien con obra y experiencia y deben contar las opiniones de los expertos. De lo contrario, seguiremos dando tumbos, con gastos absurdos y dejando algo tan importante como las artes en personajes de mínima estatura y visible incapacidad.

Asimismo es tiempo de no ver al Estado como benefactor cultural, hay que comprender que da señales de fatiga, que en consecuencia la sociedad debe generar sus propias empresas culturales y no esperar que algún pobre diablo encumbrado nos haga famosos o nos dé una beca.

Excelsior - 2012-08-12 00:00:00

No hay comentarios.: