Tantadel

agosto 27, 2012

La historia según la política

La historia, explica un lugar común, la hacen los vencedores, aunque en ciertas ocasiones los vencidos impongan sus criterios y la verdad de una acción bélica de brutales características. Un caso es, a no dudarlo, el hermoso y doloroso libro La visión de los vencidos, donde Miguel León-Portilla recopila fragmentos de la derrota azteca. De cualquier forma, a la larga, la historia aparece con claridad, hace tiempo que pertenece al campo científico: es posible probar los datos que se le entregan al lector. Por otra parte, bien sabemos que la política ha utilizado a la historia para sus peores fines. Ha hecho héroes a verdaderos villanos y convertido en piltrafas a hombres y mujeres de gran valía. Evidentemente la historia oficial es por completo maniquea, dividida de modo pétreo en una lucha de buenos siempre buenos contra malos perfectos. No hay medias tintas. Sobre todo en México.

Esta breve reflexión proviene de las palabras tramposas, una vez más, de Manuel Camacho: Después de calificar a Felipe Calderón como “espurio” e ilegal, López Obrador le pide que intervenga para detener el triunfo del PRI en las urnas. Para Camacho esto es válido: solicitarle una mentira al Presidente de México, luego de llamarlo por seis años “usurpador”. Y lo es en función de sus intereses políticos. El desdén a Calderón, las ofensas de Obrador al Presidente, ya son historia. Ahora debe cooperar a eliminar a Peña Nieto, porque ése es el deseo del caudillo de “las izquierdas”.

En otros términos, la historia está en venta, cada interpretación es correcta, por inexacta que sea, todo depende, para la política, del uso que pueda dársele. Claro también hay actitudes ingenuas basadas en las simpatías que el “historiador” tiene por una causa o por un personaje. Víctor Hugo, en Los miserables, dedica unas páginas a imaginar que Napoleón no es derrotado en Waterloo, señala que si hubieran llegado a tiempo las tropas de refuerzo, no tendríamos registros adversos al emperador francés. Lo mismo he podido escuchar de simpatizantes de Francisco Villa. Si en Celaya la legendaria y brava caballería de la División del Norte aplasta al ejército de Obregón, habría ganado la Revolución de Zapata y del propio Villa. Pues sí. Pero Napoleón y Villa fueron derrotados. Lo demás son conjeturas simples. Si no matan a Colosio, el PAN jamás hubiera ganado, si Miguel de la Madrid toma una decisión sensata ante la sucesión presidencial y hace presidente a Cuauhtémoc Cárdenas, hoy no existiría el PRD y Manuel Camacho, Marcelo Ebrard y López Obrador serían buenos ciudadanos y dignos militantes del PRI, organismo que de muchas maneras los desechó.

Hoy, Manuel Camacho –que ignorante no es– pide públicamente que cerremos seis años de historia brutal contra Calderón y, conforme a la lógica (con frecuencia ilógica) de AMLO, se ponga del lado de “las izquierdas”, ésas, sí, ésas que por años lo ofendieron y le hicieron la gestión más complicada. A las limitaciones propias de Felipe y su partido, hay que precisar la larga lista de agravios y ofensas que, con ayuda de algunos medios, recibió. Sólo recordemos que fue acusado con vulgaridad de “alcohólico” y “teporocho”, con una enorme elegancia y que Ebrard se negaba a saludarlo. Ahora lo quieren como aliado. La historia es manipulable, o basta con olvidarla: los hechos no ocurrieron o fueron nimiedades momentáneas.

Para Manuel Camacho, esos casi seis años de insultos y acusaciones contra Calderón “son pequeñeces”. Ah, pero si el Presidente ayuda a “las izquierdas” a alcanzar la casona presidencial, ellos mismos se encargarán de hacer una nueva versión del Libro de Texto Gratuito, donde se especifique que fue el presidente legítimo. Cinismo y desfachatez. Es su última carta antes de que las autoridades electorales den al PRI como victorioso en la contienda presidencial, del mismo modo que ya lo han hecho con los perredistas triunfadores y entonces sí, López Obrador, Ricardo Monreal y otros más se vean en la patriótica necesidad de sacar a los aguerridos e ingenuos jóvenes del movimiento 132 y a los sindicatos más dogmáticos, propiedad de eternos líderes corruptos, para crear no una revolución (no hay condiciones para un movimiento de esa magnitud), pero sí una revuelta y el permanente acoso a Peña Nieto, hasta que, cerca de 2018, los falsos izquierdistas se pongan en movimiento para ir en pos de la Presidencia de la República. El problema es que para entonces, el caudillo estará vetusto y tendrá que luchar contra quienes hoy lo adulan todavía. Esto es: “las izquierdas” tendrán no uno, sino muchos aspirantes a ocupar Los Pinos.

Pero no debería sorprendernos la conducta de Camacho, es un hombre que seguirá los pasos de Muñoz Ledo: de proyecto de político exitoso a sombra de su sombra. Por algunos años pensó que sería el sucesor de Salinas. No lo fue. Sus ambiciones eran muchas y muy evidentes. Se fue del PRI dejando tras de sí un tiradero visible. Para seguir actuando, hizo un partido de centro y ahora es el más puro de todos los izquierdistas del orbe. ¡Vaya carrera!

Opinión 2012-08-27 - La Crónica

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