Tantadel

agosto 20, 2012

La libertad de expresión, aquí y allá

La libertad de expresión no es bienvenida en ningún lado. En todas partes dicen amarla y respetarla, pero no hay quien se sienta cómodo o satisfecho con las críticas adversas por más justas que sean. Para combatirla hay una multitud de recursos, algunos suaves y chantajistas, otros violentos y exagerados. Quien recibe los efectos de la libre opinión debe ser especialmente sereno, pensar en que es así como debe manejarse el mundo. El poder es más sensible, su camino tendría que estar exento de malas opiniones y, entonces, como no va a encontrarlas a causa de la diversidad de ideas y sentires, se rodean de especialistas en relaciones públicas. Pero así como es cauteloso en sus reacciones, suele ser brutal con sus adversarios, no importa cuán famosos sean, cuánta razón tengan. Es común desdeñar la pluralidad.

Por ejemplo, el presidente ruso, Vladimir Putin, se irritó porque en su nación hay quienes se oponen a su administración y, para mostrar sus desacuerdos, asumen distintas posturas. Como muchos saben, las integrantes del grupo punk Pussy Riot cantaron en paños menores y dentro de la principal catedral ortodoxa una rola que señalaba “Madre de Dios, echa a Putin…”. Según la información, no me queda muy claro si las chicas quieren que Putin se vaya del poder, de Rusia o de plano del mundo. Pero la reacción del poder ruso fue tremenda y una jueza, Marina Soroya, les dictó una condena de dos años de cárcel a las Pussy Riot, “por vandalismo religioso”, sin duda porque la música no se detenía en la idea de correr a Putin, sino que además señalaban a la Iglesia Ortodoxa Rusa de creer en el presidente ruso y no en Dios. Cabe añadir que el juicio duró seis meses y fue llevado a cabo en medio de un enorme escándalo, como si viviéramos en tiempos medievales. En todo caso, y esto es lo sensato, los religiosos no debieron permitir que las Pussy Riot celebraran un concierto en un recinto religioso. Punto, de tal forma, las autoridades civiles rusas no pecarían de autoritarias ni las religiosas se sentirían ofendidas y las Pussy Riot no serían ahora tan famosas.
Algo semejante le pasa al australiano Julian Assange, quien en su empeño para mostrar las atrocidades de las grandes potencias fundó WikiLeaks y ahora pasa el tiempo huyendo de sus enemigos, quienes hurgan en su pasado y presente. Por ahora halló asilo en la Embajada de Ecuador en Inglaterra y espera que el reino británico le permita, conforme a lo estipulado por el derecho internacional, ir a ese país latinoamericano que lo ha acogido. Hasta el momento de escribir estas líneas, Assange vive en un pequeño cuarto mal ventilado y en espera de que no entren los agentes ingleses, violando normas muy severas, a la residencia de Ecuador en Gran Bretaña. Como es visible, tampoco el gobierno de Gran Bretaña es muy afecto a tolerar aquello que le reste prestigio de nación civilizada y amante de todas las libertades, un país por cierto de historia brutal, como España, Francia, EU o Alemania.

En tal sentido, no hay potencia históricamente hablando que haya sido tolerante con las críticas, de la misma manera, sólo algunas pocas naciones pequeñas aceptan a regañadientes las opiniones adversas. Para qué señalar a las personas del poder político, cuya carrera depende de la opinión pública, aquí la intolerancia es total y completa, nadie se salva, Algunos fingirán tolerancia, los más combatirán la libre expresión.

Pareciera que unos países por poderosos, y otros por modestos, tienen coincidencias y afinidades: a ninguno parece gustarles las críticas o algo parecido que los exhiba como enemigos de las libertades, sobre todo de expresión. México no es la excepción, cuando por allí alguien lo critica, saltan las autoridades a pesar de su baja autoestima y los medios cuyo patriotismo es fuerte. Sin embargo, hay que reconocer que a menos que nos digan que el deporte mexicano es muy malo, poco nos afectan las críticas. Ni siquiera las internas. Como nunca hoy en México los mandatarios son no criticados, sino ofendidos de manera muy soez y nada sucede. Imposible hacer una lista de las majaderías que ha recibido Felipe Calderón de parte de los perredistas, del mismo modo que comienza a ser fatigante las ofensas graves para Peña Nieto. Es inaudita la cantidad de insultos dedicados a ellos y no pasa nada, como en Rusia, donde las pobres Pussy Riot están ya en la cárcel.

Al contrario, si uno se atreve a criticar (no a insultar) a López Obrador se le viene el mundo encima abrumado por tantas agresiones como le organizan sus fanáticos. Uno se pregunta entonces: ¿y la libertad de expresión?, los perredistas pueden ofender a diestra y siniestra y ¿los que no somos admiradores del caudillo debemos callar? En su lógica, así debe ser. Todo contra PRI y PAN, nada contra el PRD. No deja de ser inaudito que aquellos que no estamos de acuerdo con dicho partido y su candidato desde hace doce años, pase a ser traidor a la patria y a la inversa: buen mexicano es quien con la vida apoya al tabasqueño.

Está visto que, como decía Marx, vivimos en la prehistoria.

Opinión 2012-08-20 - La Crónica

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