Tantadel

agosto 24, 2012

La nuestra, política de “talentos

Una vez que el celebérrimo corral de pruebas animales para confirmar el nuevo “fraude” a López Obrador conmocionó al mundo, hemos regresado al nivel político que nos corresponde: el de la mediocridad. Los priistas meditan con calma cuáles son sus reformas iniciales, aquéllas que lo mostrarán como el mejor partido del mundo y sus alrededores. Las han mantenido en secreto, pero todos saben cuáles son y a dónde van. Por si las dudas y proponen que Pemex se abra a la inversión privada, ya los perredistas y sus satélites afilan espadas y dagas. En las calles ganarán, apoyados por millones de mexicanos que suponen que el petróleo es sagrado. Privatizarlo equivale a permitir que nos quiten a la Virgen de Guadalupe. En México, no lo dejemos de lado, también “las izquierdas” son creyentes del mejor estilo. Una prueba es el mismísimo AMLO, cuya devoción por Cristo es conocida.

Pero las reformas o aquéllas que van a intentar los priistas deben pasar por el Congreso de la Unión y en ninguna de sus partes el ex partido oficial tiene mayoría absoluta. Deberá negociar. De nuevo tendremos la lucha entre priistas y ex priistas. Interesante. El PAN tiene en su modesta bancada, titanes de la política. Allí está Ernesto Cordero, conocedor de las necesidades del pueblo mexicano, sabe, entre otras cosas, que una familia vive maravillosamente con unos 5 o 6 mil pesos mensuales y hasta coche, casa y a los hijos en escuelas privadas puede tener. Será un senador modelo, polemista espléndido que no pudo, ni con el apoyo de Felipe Calderón, vencer a la derrotada Josefina Vázquez Mota. En el Senado estará también el todavía oficialmente priista Manuel Bartlett, el hombre que extravió el sistema de cómputo para que Cuauhtémoc Cárdenas perdiera las elecciones en un visible fraude. Su bancada será la más pequeña: él y dos o tres más, si ello es posible, gracias a maniobras de perversa habilidad. Será invaluable para perredistas y petistas que poca escolaridad tienen.

Los perredistas hacen visibles artimañas para acompañar en la derrota a López Obrador, mientras por el otro lado se preparan para dejarlo en las calles con el Yo Soy 132, los restos del sindicalismo sectario pero progresista y algunos más. Pero por tacto político, cada vez que alguno de ellos declara, hace terribles advertencias: el PRI no avanzará en sus reformas. Pero hay un problema: todos los partidos trabajan con la certeza de que Enrique Peña Nieto ya es presidente a pesar de las tarjetas de Soriana y de los decididos jóvenes millonarios de la Iberoamericana. Los únicos que tienen en sus manos la cajita de Pandora, son Obrador y Monreal, aguardan temerosos la esperanza escondida en el fondo: que las autoridades electorales le digan al país que no, que no es válido la mitad del proceso electoral, el bueno es donde ganaron los perredistas de modo aplastante. Esto lo saben por las declaraciones sinceras de patos, pollos y un chivo que tenía mucha información sobre el fraude priista.

En tanto, los priistas recurren al sistema establecido por el fallecido líder cetemista Fidel Velázquez: hablar y hablar sin decir nada. Una cualidad oratoria que posee la totalidad de los políticos mexicanos, herencia del viejo y exitoso priismo. Basta con oír a los hombres del casi presidente, Luis Videgaray, Emilio Gamboa, Pedro Joaquín Coldwell o Penchyna: logran tomar el micrófono horas sin decir nada. El PRI, en consecuencia, es algo inasible y no sabemos a dónde va ni qué realmente quiere, fuera, claro está, de muchas promesas y compromisos firmados que responden a casos concretos: una escuela aquí, un camino allá... Las verdaderas reformas nacionales, las estructurales que México requiere, necesitan dos cosas: talento para negociarlas y decisión para mantenerlas contra aquellos que se refugiarán en las marchas, plantones y expresiones brutales. Jesús Zambrano, quien dice respetará la ley, anticipó anteayer, que si el TEPJF no invalida las elecciones (ojo: nada más las presidenciales) habrá una “revuelta”. La única duda es saber si “las izquierdas” saldrán a las calles violentamente con el apoyo de las aves de corral, chivos y borregos que el PRI distribuyó a cambio de más de tres millones de votos.

Pobre México, ¿en verdad merecemos esta clase política, la presencia de una falsa izquierda, una derecha timorata y para colmo un partido ganador lleno de dinosaurios indecisos y como si todo ello fuera poca cosa, un líder tabasqueño en caída libre que trata de arrastrar a sus partidarios a un desastre total? Las voces populares han dicho que Dios le dio a México todo en abundancia: oro, plata, petróleo, tierras fértiles, atracciones turísticas de gran belleza, pero para contrarrestar esas maravillas, le dio a los partidos políticos y a una larga cadena de caudillos capaces de convertir el oro en lodo. En este contexto, me parece que deberíamos hacer dos cosas: dejar que los actuales políticos y funcionarios aniquilen a la nación o cambiarlos por otros que tengan talento y deseos de trabajar positivamente para aprovechar las riquezas naturales de México de manera inteligente y progresista.

Opinión 2012-08-24 - La Crónica

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