Tantadel

agosto 05, 2012

La relación de Borges con México

De todos los mexicanos, muerto Reyes, sólo Arreola podía conversar con él.



La gran relación de Borges con México se llama Alfonso Reyes. Había leído a López Velarde, sabía de Juan José Arreola y Elena Garro, incluida en una de sus antologías de literatura fantástica, pero el ateneísta era su principal devoción. En un libro editado por la UAM, Borges y yo, narro una anécdota. Lo conocí en 1970 en Buenos Aires, en la Biblioteca Nacional. Me tendió los brazos y dijo sonriente: Ah, mexicano, los argentinos junto a ustedes somos rústicos, toscos, burdos, zafios, ignorantes… Pare, Borges, ¿a cuántos mexicanos conoce usted? Sólo a uno, a mi maestro Alfonso Reyes. Bueno.




Dos veces lo visité y en ambas ocasiones salí deslumbrado. Me confirmaba que era el autor de la única gran revolución literaria hecha desde el español en el siglo XX. Nadie tan grande como él: era literatura quintaesenciada. Si deslizaba una broma antiperonista, la vinculaba a Joyce o a Huxley, con lamentables resultados para Evita y Perón. Sus amores mexicanos estaban centrados en Reyes, en pláticas memorables con el autor de Ifigenia cruel. Pero iba y venía por las grandes literaturas, precisaba, citaba párrafos enteros de Las mil y una noches, de Shakespeare, Wilde, Chesterton, Joyce o Kafka, hablaba de su amistad entrañable con Bioy Casares y sus infinitas charlas (que ahora conocemos en un polémico libro: Borges) en las cenas maravillosas que juntos pasaron. Justo en una de esas sobremesas, dice Borges en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, Bioy recuerda “que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres”. Por fineza hacia el mexicano que lo visitaba, regresaba a Reyes.




Cuando vino por vez primera a México, no conversé con él, estaba siempre asediado por tumultos. Pero lo disfruté en sus pláticas con Juan José Arreola, su mayor devoto, del que Borges, generoso, dijo: “Me permitió intercalar algunos silencios”. De todos los mexicanos, muerto Reyes, sólo Arreola podía conversar con él. Durante su encuentro inicial, cayó de rodillas: Borges, 25 años de admiración. El porteño repuso: ¡Qué pérdida de tiempo, che!



Sabemos ahora que Borges es insuperable, es posible, parafraseando sus propias ideas, que haya mejores libros que los suyos, pero una obra monumental como la que logró es absolutamente imposible de hallar. Intente leer lo escrito sobre Borges, es incontable. ¿Sabe que por todo el orbe hay literatos escribiendo sobre su obra, repitiendo sus temas, trabajando bestiarios, recreando la gran literatura universal, utilizando su sintaxis y su gusto por los adjetivos sonoros? En el propio Borges hay una respuesta. Un personaje desea inventar un mundo. No, le responde alguien todavía más extravagante: Mejor concibamos un universo. Borges consiguió hacer el sueño realidad: edificar su propio universo. Por ello está vivo, es respetado, admirado, imitado. Alguien escribió: Muerto Borges, la literatura ha concluido.



Su madre, y no Dios (él era agnóstico), lo hizo literato; antes de aprender a jugar, hablaba idiomas, leía y escribía. Nunca supo más que ser literato de tiempo completo, un lector devoto. Su obra está reunida, completa, hasta sus anotaciones en libros han sido dadas a conocer. El amor poco le importó porque estaba casado desde siempre con las letras. Su ironía era demoledora, juntos, él y Bioy formaban un equipo formidable que ahora tratan de romper con naderías. El trabajo conjunto prueba la solidez del afecto.



Cuando salí del segundo encuentro con Borges, el poeta surrealista Aldo Pellegrini —comeríamos con Haroldo Conti— preguntó mi opinión. Le dije: es un hombre genial que sabe ocultar su prodigioso talento y distraernos con su cultura que apabulla. Sí, lo hace con modestia poco sostenible. Allí radica su encanto, añadí, su modestia es discretamente falsa: sabe que es un genio disfrazado de ser humano.



He vuelto a Buenos Aires y recorrido sus calles, las que él amaba, sigue caminándolas, conversando siempre sobre literatura.

Excelsior - 2012-08-05

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