Tantadel

agosto 06, 2012

María Luisa Mendoza, la famosa China Mendoza

El pasado sábado, en Cuernavaca, un grupo de importantes escritores morelenses y defeños le rindieron un cálido y amoroso homenaje a María Luisa La China Mendoza, por su hermoso andar entre novelas y artículos. ¡Qué de cariño y talento ha dejado mi querida China Mendoza a su paso por estos caminos de Dios! La China primero se destacó en el periodismo, lo hizo fresco, novedoso, agudo, pleno de sentido del humor. Muy pronto fue rodeada por los mexicanos más célebres de nuestro tiempo. La recuerdo cuando yo comenzaba a escribir en el mismo diario que ella, El Día, recién creado, imposible imitar su estilo juguetón, desenfadado e inteligente, su gran cultura que disfraza con bromas. No sé hasta dónde ella se percataba de que había innovado el periodismo, sus columnas y conferencias eran seguidas por multitudes. Se limitaba a hacerlo con naturalidad. Cuando de pronto no le gustaba una palabra o le resultaba poco adecuada, le era fácil inventar otra y así fue conformando un vocabulario muy propio.

Luego, como es normal en las personas que dominan la palabra escrita, La China comenzó a escribir novelas y pronto estuvo a la altura de aquéllas que tenían el mayor prestigio: Rosario Castellanos, Elena Garro, Inés Arredondo y muchas más. Es querida y respetada. Aunque México es contradictorio, poco leal e inteligente, a María Luisa le falta el reconocimiento oficial. En malas manos, ignorantes, conservadoras, manos de mala fe, las instituciones culturales no son capaces de discernir sobre el estado real de la literatura mexicana.

Como escritora de literatura es sencillamente genial, sabe edificar sus historias con sólidas estructuras. Sus personajes siempre son memorables. Como periodista pueden leerla los sábados en Excélsior, donde con agudeza cuenta sus penas, alegrías, desgrana recuerdos y a veces, muy quitada de la pena, narra historias suyas, de sus amigos los más famosos como Carlos Fuentes, García Márquez, sus maestros del legendario Centro Mexicano de Escritores: Juan Rulfo y Juan José Arreola, o de sus compañeros de beca en el Sistema Nacional de Creadores, beca que obtuvo al mismo tiempo que su muy cercano Ricardo Garibay y yo.

La China Mendoza ha escrito novelas clásicas en nuestras letras, libros espléndidos sobre personajes maravillosos. Cito algunos, pues de casi todos he escrito unas líneas o a veces algún artículo o un ensayo. Ojos de papel volando, Con él, conmigo, con nosotros tres, De ausencias, El perro de la escribana, Fuimos es mucha gente, Maquinita de hacer ruido, De amor y lujo, obra premiada y una novela realmente hermosa, nostálgica y universal, que me tocó ser uno de los presentadores; De cuerpo entero, su autobiografía, en fin, una larga serie de espléndidos libros todos de muy altos vuelos, de imaginación deslumbrante y de un talento singular, muy pocas veces visto en México. Su columna “La O por lo redondo” hizo época y fue el inicio de lo que hoy llamamos nuevo periodismo. Algo semejante ocurrió con otra que fue muy aclamada: “Trompo a la uña”. Ha sido multipremiada y muy reconocida en México y en el extranjero. Dueña del Premio Nacional de Periodismo y becaria del Sistema Nacional de Creadores.
En lo personal me gusta leerla, pero también disfruto de su conversación. Es una mujer deslumbrante y dueña de un lenguaje hermoso, extraño e inventado, una sintaxis que ha sabido llevar al extremo de sus posibilidades con la invención de verbos y adjetivos, se atreve a romper reglas ancestrales y le funcionan muy bien tanto en el periodismo como en las profundidades de una muy hermosa literatura.



La China –Borges lo escribió para ella– nació escritora, siempre lo fue, habla como escritora y escribe como escritora, lo es de pura cepa, porque ama las palabras y les da un cuidado y un sentido muy peculiares. Conozco a La China, la observo con cuidado y me he dado cuenta que su gran amor es la belleza, la belleza varonil, la de los gatos y los perros, la de las flores y las plantas, la de los libros de buena prosa y grandes historias épicas, la de las muñecas antiguas, la magnificencia del tequila y la de la charla con sus amigos. Nació también aristócrata de ideas y progresista por convicción, su nacionalismo es conmovedor, como el del gran historiador Gastón García Cantú y entonces le duelen las desgracias de Guanajuato y las de todo su México, las del planeta, que también es suyo como lo vemos en De amor y lujo, una novela que bien se puede leer en China, en España, en Transilvania y en Uruguay, que como el Quijote es universal porque es inteligentemente nacional. No creo poder decir mucho más, salvo que la admiro desde que la vi y supe de su escritura. Es de esas mujeres sorprendentes y a las que he tenido el altísimo honor de conocer y tratar. En tal sentido la vida ha sido generosa y me puso muy cerca de Elena Garro y de Beatriz Espejo, de Marcela del Río, de Griselda Álvarez y, desde luego, de la notable María Luisa La China Mendoza, quien ha dejado una profunda huella en la cultura nacional y con sus libros y artículos nos ha hecho mejores.

Opinión 2012-08-06 - La Crónica

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