Tantadel

agosto 10, 2012

Mi tía Betty Fabila

El pasado martes 7 falleció mi tía Betty Fabila, en total discreción y sólo acompañada por su hija, la pianista Betty Zanolli Fabila. Llevaba varios meses de penosa enfermedad. No recibía visitas y estaba alejada de familiares y amigos.

Únicamente respondía llamadas telefónicas de sus muy cercanos, yo entre ellos.
En su mejor tiempo fue una de las mejores voces de la ópera mexicana, una soprano de hermosa voz y soberbia figura. Estudió canto en el Conservatorio Nacional de Música, bajo la dirección atenta del barítono David Silva, y todavía menor de edad hizo el papel de Musetta de La Bohemia. En el libro Cincuenta años de ópera en México, de Carlos Díaz Du-pon, editado por la UNAM (Instituto de Investigaciones Estéticas, prologado por Jorge Alberto Manrique), Betty Fabila aparece citada con frecuencia, particularmente entre 1951 y 1960. Ello me hace pensar que su carrera fue intensa, exitosa y breve. En 1959 se casó con el notable músico Uberto Zanolli, creador de orquestas, director de otras muchas, descubridor del músico italiano, compatriota suyo, Giacomo Facco, a quien no sólo encontró en los archivos del Colegio de las Vizcaínas sino que siguió, estudió y reconstruyó las partituras, un artista un tanto olvidado en un país que ha optado por el espectáculo dejando de lado la alta cultura, como lo ha señalado Mario Vargas Llosa en su libro La civilización del espectáculo, y poco después dejó los escenarios operísticos. Debo añadir que es con María Callas que Zanolli llega a México, en una época de esplendor para Bellas Artes y la ópera en particular.


En 1958, el maestro Uberto Zanolli, dirige a mi tía en Madama Butterfly, cuenta el citado libro, con un enorme éxito. Ya antes Betty Fabila había cantado Aída, Traviata, Fausto, La Serva Padrona, Bohemia, Werther, Gianni Schicchi, Sour Angelica, Don Giovanni y la opereta El Murciélago. “El día 11 de septiembre de 1955, explica el citado autor, cantó Betty Fabila muy bien La Traviata…”. En fin, una larga lista de obras clave en el repertorio operístico, lo que le dio una enorme popularidad y la colocó al lado de las mejores sopranos mexicanas, quedando su talento en los anales de las mejores cantantes que ha dado el país.
Yo la recuerdo en mi niñez. Glamorosa, muy diva, siempre guapa y distinguida, solía cantar, por aprecio familiar, en los casamientos de sus primas hermanas. Las iglesias donde se celebraban las bodas, atraían a un público que iba más allá del familiar. Solía presumirla y en ocasiones invitaba a mis más cercanos amigos a escucharla en el Palacio de Bellas Artes. Todavía en clase de historia de México, mi profesor Arturo Arnáiz y Freg, un intelectual ilustre, la mencionó con afecto al saber mi apellido materno. Su familia inmediata: su padre Manuel Fabila, un distinguido estudioso del derecho agrario que dejó amplia obra sobre el tema, sus tíos Alfonso Fabila, pionero de la antropología y la etnología, cuyos libros siguen siendo editados y Gilberto Fabila, más político que intelectual, asimismo autor de diversos libros sobre cuestiones agrarias, fue diputado y senador de la República, además había sido nieta del destacado periodista Ignacio Herrerías. Esto es, Betty Fabila nació en un medio propicio al pensamiento y al arte.

Aunque no volvió a Bellas Artes en la UNAM se graduó como bióloga, por décadas fue catedrática de la Escuela Nacional Preparatoria y a partir de 1972 retornó al canto, como solista de la Orquesta de Cámara de la ENP bajo la dirección de Uberto Zanolli, su fundador. Grandes cantantes de alcance internacional como el barítono Roberto Bañuelas y su esposa la soprano Hortensia Cervantes me han contado diversas historias sobre el talento de mi tía. El mismo Luis Herrera de la Fuente la ha recordado con admiración. La última vez que la escuché cantar fue en un homenaje al compositor poblano Pelagio Manjarrez, en la sala Manuel M. Ponce, hace unos diez años. La parte pianística estuvo a cargo de mi prima Betty Zanolli Fabila.

En el libro que he referido aparecen fotografías de Betty Fabila interpretando Madama Butterfly, Carmen, La Traviata, Fausto, entre otras, rodeada siempre de grandes cantantes como Giuseppe Di Stefano, Cesare Siepi, Giulietta Simionato, Enzo Mascherini y Victoria de los Ángeles, así como de Edna Torres, Rosita Rimoch, Alicia Aguilar, Plácido Domingo, José Sosa, Martha Ornelas, Socorro Sala, Aurora Woodrow, Maritza Alemán y muchas más estupendas voces que hoy están al margen del ruido que provoca el espectáculo, además de destacados directores de escena y producción. Uberto Zanolli, con quien inició su relación amorosa en el escenario del Conservatorio en 1953, evidentemente la dirigió en innumerables ocasiones. Su muerte fue devastadora para mi tía.

Como simple rareza, mi tía Betty Fabila, eximia soprano mexicana, fue despedida por tres o cuatros cercanos a ella en los velatorios del ISSSTE, casi al mismo tiempo que Conaculta, en manos de toscos mercaderes, despedía ruidosamente en Bellas Artes a la cantante popular Chavela Vargas. Sí, los tiempos han cambiado.

Opinión 2012-08-10 - La Crónica

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