Tantadel

agosto 17, 2012

Qué es la izquierda en México?

Sería absurdo imaginar que la izquierda debe ser comunista. Luego de años de Guerra Fría, de una larga lucha de los grandes medios occidentales contra el bloque socialista, el desprestigio mismo que el estalinismo le concedió al pensamiento de Marx, Engels y Lenin, luego del derrumbe, suena tonto pensar en una izquierda comunista. El socialismo que vemos en Francia o antes en España, los líderes que fueron militantes comunistas y gobiernan en países latinoamericanos, no muestran mucho de su pasado: tratan, al contrario, de amoldarse al mundo que mantiene la globalización capitalista a un ritmo acelerado. La Francia socialista queda supeditada a una Alemania tenazmente enamorada de la economía de mercado en sus posturas más radicales. Lo hace convencida de que el comunismo es un mal sistema, tuvo medio país bajo control soviético y en consecuencia muchos recuerdos son amargos. La España monárquica fue gobernada por socialistas y nada pasó, salvo abrirles el paso a los sectores más conservadores, quienes prometieron medidas infames y ganaron en un proceso electoral.

En Europa se gestó la izquierda, desde antes de la Revolución Francesa, allí libró grandes batallas antes de extenderse por el orbe. Marx y Engels veían que el fantasma del comunismo recorría el viejo continente y lo hacía temblar de pavor. Hoy apenas unos cuantos lo añoran en sus formas ortodoxas. Nadie podría pensar que el modelo cubano es bueno para Brasil o Argentina, menos para México, donde el Partido Comunista fue fundado en 1919 y luego de pasar por mil transformaciones, decidió suicidarse para dar paso a una verdadera pesadilla en sucesivas organizaciones que muestran una ridícula cantidad de “pruebas” zoológicas del imaginario fraude electoral. En suma, hay que buscar una nueva izquierda.

El socialismo surge como teoría para manifestar oposición al individualismo, poco a poco va desarrollándose, pero sus grandes antecedentes teóricos son antiguos y nacen de la desigualdad y el choque entre quienes detentan enormes fortunas y quienes poco o nada tienen. Saint-Simon es el gran impulsor de la idea, en tanto que Marx y Engels le dan carácter de ciencia, un método, y le encuentran sentido a la aparición del proletariado luego de la Revolución Industrial. Por cada dueño de fábrica, hay cientos, miles de trabajadores. Es la clase llamada a tomar el poder y transformar el rumbo de la humanidad. Lenin consolida la idea y le añade un elemento básico: el partido.

En pocas ocasiones el proletariado ha intentado tomar el poder, el esfuerzo viene de otras clases o grupos sociales. Quizá en la Comuna de París, tan estudiada por Marx, pero en los demás grandes intentos, son otras las fuerzas las que luchan. En Rusia es una mezcla de obreros, campesinos e intelectuales avanzados que toman el poder en 1917 en un proceso complejo y acelerado por las malas condiciones del país. Stalin le da a la naciente revolución una serie de atroces deformidades que a la larga le costarán la vida al socialismo. En China es Mao y sus ejércitos campesinos que cometen la hazaña de la Larga Marcha y en la Europa Oriental, el encumbramiento comunista proviene del impetuoso paso del Ejército Rojo hacia Berlín. Algo semejante ocurre en otros países que se asumieron comunistas, bajo el amparo del marxismo-leninismo, un proyecto pensado para la Europa avanzada, no para los países más pobres, donde el proletariado apenas existía. Cuba es un caso semejante: allí un grupo de hombres emergidos de la clase media, con formación revolucionaria hacen la primera revolución comunista en América Latina.

Si hubo un momento en que la globalización se llevaba a cabo bajo el signo de la hoz y el martillo, fue en los años de Guerra Fría, luego de la derrota del fascismo y el surgimiento de la Unión Soviética como potencia internacional. Pero era más sólido el capitalismo que el mal conformado bloque soviético, dueño de severas discrepancias entre sí y distanciado del modelo original. Su derrumbe fue de muerte natural. Al fallecer dejó al mundo sin una idea clara de lo que debe ser la izquierda. Para ello basta ver el caso mexicano, donde tal fuerza política la representan ex priistas y corruptos de toda suerte, aventureros y farsantes. Impostores.

El problema es que el país, sin ganas de debatir el asunto, dio por hecho lo que esa organización dijo: ahora hasta los medios, el PAN y el PRI, al referirse al PRD y aliados, los califican de “izquierda”. ¿Izquierda Camacho y Ebrard, izquierda el hombre que escribió el himno al PRI tabasqueño? Si a esa “izquierda le basta disminuir salarios de funcionarios y usarlo en sus haciendas y dádivas imaginarias, perfecto. Eso no es una postura digna y comprometida históricamente. Para limosnas, la Iglesia, para bajos sueldos, un pueblo en medio de la nada. Necesitamos una izquierda auténtica, con objetivos claros y una idea de transformación, que haya leído a los clásicos del socialismo y sea capaz de modernizarlos. Es un buen momento para la hazaña. El PRD, que se ve a sí mismo como un triunfador, en meses padecerá una grave crisis y se desmoronará. Tiene pies de lodo y cabeza hueca. ¿Qué pondrá el México progresista en su lugar?

Opinión 2012-08-17 - La Crónica

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