Tantadel

septiembre 10, 2012

Ahora, ¿dónde están “las izquierdas”?

Desde el sábado los periodistas agudos tenían la información: el domingo siguiente (ayer) López Obrador marcaría distancias con los partidos del Movimiento Progresista, haría su propio partido, constituyéndose Morena en el eje, donde nadie más que él podrá ordenar y nos endilgaría un decálogo para llevar a cabo la “resistencia” civil pacífica contra la mafia del poder que ya se habituó a robarle la Presidencia de la República. Un decálogo que él llama de no obediencia. Mientras tanto, el equipo de Peña Nieto va tomando una monstruosa forma entre dinosaurios, bebesaurios y ex perredistas arropados por un proyecto más bien conservador. Ya con su gabinete y su proyecto firmado ante varios notarios públicos, tratará de desactivar tanto las bombas de tiempo que le heredó el PAN como las que están fraguando los movimientos que apoyan a un caudillo cada vez más solitario y distante de la casona presidencial que desea con vehemencia.

Dentro del PRD hay de todo, como en botica, unos saben de su peso real para atraer votos, otros le desean buena suerte y juran volver a votar por él en 2018 y los tenemos, como Jesús Ortega, que sueltan la rienda a su aversión y rechazo al caudillo: “Con AMLO se va la esquizofrenia”. Por su lado, Obrador sabe que no cuenta más con el PRD, para él es un cascarón que albergará otras candidaturas, por ahora la de Marcelo Ebrard, quien con cautela se ha retirado del primer plano. Pero sin duda Miguel Ángel Mancera crecerá y se convertirá en un serio y fuerte rival para cualquiera. El PRI, desde ahora, no parece tener un candidato con posibilidades presidenciales como las tuvo Peña Nieto. Sabe, en consecuencia, que lo mejor es crear su propio organismo.

Los miles de concurrentes a la asamblea de ayer en el Zócalo saben que no hay regreso, que la terquedad de López Obrador lo hará ir por una tercera candidatura presidencial. Allá quienes lo siguen a un rumbo todavía más oscuro y turbio. El problema es inmediato, ¿qué harán sus fanáticos con el decálogo de la desobediencia pacífica? Nos dice que no tolerará la “imposición”. De nuevo aparecen dudas: ¿Y qué va a hacer para impedir que el PRI gobierne seis años? ¿No recuerda que hace seis años llegó al extremo ridículo de ponerse una banda presidencial mal hecha para sentirse presidente legítimo? Los resultados fueron visibles y lamentables para su causa. No se le ocurre reflexionar con la cabeza y asumir una actitud semejante a los de sus correligionarios como Arturo Núñez o Graco Ramírez, o diputados y senadores que están dispuestos a tratar con Peña Nieto y dejar de lado una pugna sin sentido, que los hará volver a una situación enfermiza y modesta en votos.

Lo poco que le queda a López Obrador es un grupo mínimo y sin relevancia. Dudo que Marcelo Ebrard y Manuel Camacho tomen la decisión de seguirlo. Ya tienen una posición relevante dentro del organismo creado por Cárdenas y no la perderán en una aventura más, cuyo fin desde ahora es posible apreciar en toda su magnitud.

El PRD realmente ha carecido de identidad, lo de “las izquierdas” es un invento para justificar la presencia de tribus y mafias ávidas de poder. Ahora, ya sin caudillos, las bases pueden impulsar un gran movimiento popular que en verdad sea de izquierda, poner distancias con los ex priistas y darse tanto una ideología avanzada como un proyecto generoso que sea capaz de distinguirse del PRI y del PAN.

De manera tramposa, ayer, Obrador leyó un discurso repleto de lugares comunes y frases hechas. Divide a México en dos: los traidores a la patria y los patriotas que están con él y lo siguen en sus intentos de salvarnos de los malvados que nos oprimen. Nadie más que él podrá darle a México paz, tranquilidad y prosperidad. Con cautela se deslindó del PRD y dijo que vería si era deseable que Morena, apoyado por el PT y Movimiento Ciudadano, se constituyera en un partido para seguir la batalla contra los malos del filme. En su decálogo de desobediencia pacífica civil señaló vaguedades para un propósito claro: no reconocerá por ningún motivo a Enrique Peña Nieto. Supone que la nación entera lo seguirá como si se tratara de obtener la independencia de España. Con los medios fue especialmente rudo, vengativo: “Los medios de comunicación masiva son el pilar fundamental del régimen. Hay que contrarrestar sus campañas de exaltación de los autoritarios y corruptos y sus campañas de desprestigio de los que no transigimos ni con la corrupción ni con el autoritarismo. Y deberemos hacerlo con todos los instrumentos a nuestro alcance: comunicación directa, medios alternativos, redes sociales, radio y televisión comunitarias…”.

En suma, Obrador deja claro la separación del Movimiento Progresista y su idea de no reconocer a Peña Nieto. Una duda: en cuanto Peña Nieto caiga por el peso de la desobediencia civil pacífica, ¿qué sucederá? ¿Él será presidente o habrá un nuevo proceso electoral dirigido por Morena, una vez que la regeneración nacional haya concluido? No cabe duda: hay dos Méxicos: el que AMLO ve y el real.

Opinión 2012-09-10 - La Crónica

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