Tantadel

septiembre 17, 2012

¿Dónde está la “mafia del poder”?

En estos tiempos modernos o que prefiguran una nueva modernidad, ya nada queda claro en México, donde no hay “izquierda” sino “izquierdas” y ninguna de ellas realmente posee la estructura ideológica y moral que la acredite como tal. Pero algo urge saber, antes de tratar de avanzar como nación: ¿qué es la mafia del poder, quiénes la integran, dónde sesiona, a qué se dedica cada uno de sus integrantes? De lo contrario, jamás sabremos contra qué molino de viento estamos topando y en consecuencia nos quedaremos con una ocurrencia más de López Obrador para justificar sus ya cuatro derrotas electorales.

Fidel Velázquez fue famoso por muchas cosas: primero era un hombre sólido en tanto priista, se dejaba matar por el lamentable presidencialismo que padecimos durante décadas y del cual quedan restos. Sus frases solían ser certeras e imponían conductas, normas. Él fue quien para frenar el futurismo de los aspirantes presidenciales, dijo con voz apenas audible: El que se mueve no sale en la fotografía. Y por años así fue. Nadie decía una palabra, se limitaban a trabajar y a adular al presidente. La cautela era esencial. Un caso nada más. En tiempos de Carlos Salinas, el delfín inicial, qué duda cabe, era Manuel Camacho, fue el vicepresidente y el que inquieto jugaba todas las posiciones del gabinete con tal se serle útil al mandatario y asegurar su candidatura presidencial. A su alrededor había un séquito impresionante que sin discreción se manifestaba por alguna tarea política cuando su jefe Camacho llegara a la Presidencia de la República.

Pues bien, tanto y tan burdamente se movió Manuel que Salinas prefirió a un hombre sensato, inteligente, eficaz, pero sobre todo discreto: Colosio. La brutal reacción de Camacho dejó un desagradable sabor de boca luego del asesinato nunca aclarado del aspirante priista.

Ahora Fidel Velázquez ha muerto y no existe más el presidencialismo tradicional que tanto daño produjo al país. Por ello todos se mueven, todos aspiran a ser candidatos presidenciales. Peña Nieto no toma posesión del cargo y ya hay en todos los partidos, el suyo incluido, aspirantes declarados o prudentes que buscan la casona presidencial para 2018. El PRD tiene por lo menos dos: López Obrador y Marcelo Ebrard. Cada uno cuenta con una estructura más o menos conformada o que busca ser modificada para efectos electorales. Deben estar listos para los comicios de 2013. En este nuevo proceso electoral, advierte desde ahora Jesús Zambrano, personaje de medianía política, que el PRD hará alianzas con el PAN, jamás con el PRI.

Tales declaraciones o advertencias o tal vez amenazas, se ligan a la pregunta inicial: ¿cuál es la mafia del poder? Según la lógica elemental de López Obrador, el eje de esa siniestra organización, invisible, tiene en el núcleo al PAN y al PRI, no en balde se ha negado a reconocer a Calderón primero y ahora a Peña Nieto. De este modo le ha dado grandes pinceladas de pintoresquismo a la política nacional. Imagino que a esos partidos debemos sumar al alto clero y a muchos empresarios multimillonarios. Estos son el peligro para México. La mafia del poder.

Sin embargo hay más alianzas y acercamientos entre PRD y PAN que entre PRD y PRI. Y si Zambrano no miente por su todavía existente cercanía con Obrador, veremos más de un eje político PAN-PRD para ir contra el PRI. Quiero decir que entonces el PRD, si no es parte de la mafia del poder, al menos está cerca. ¿Eso explica la ruptura más o menos cordial entre el caudillo tabasqueño y la alianza de partidos que sostuvo su candidatura con mucho dinero y mucho trabajo? Realmente no. Lo que desea AMLO es su partido, un organismo a modo, donde nadie le diga no, donde la hora y el día sean las que él quiera y no los reales. Y allí radica el futuro fracaso de su nueva candidatura presidencial, la tercera, las mismas veces que Cárdenas, en una época su inventor y promotor, lo fue. Será como una familia donde la mirada severa del padre tiene control de todos y nadie se moverá para salir en la foto. Por lo pronto, ya en Tabasco, el coordinador de Morena es su hijo Andrés Manuel López Beltrán. Con esta forma garantizará lealtad y obediencia, que es su estilo de conducir, sin contratiempos, sin consejos ni recomendaciones, por donde su instinto poco letrado lo conduce.
Pronto sabremos qué harán los asesores de AMLO, la mayoría brillantes, famosos y con obra. Está visto que no es suficiente tener cerca de él a tanta lumbrera si no les hace el menor caso y hace lo que su dedito le indica.

En lo personal, me encantaría saber quiénes conforman la misteriosa mafia del poder, no para pedirles algún favor, sino para escribir artículos mejor informados. No es posible depender de las ocurrencias de un hombre que se apoderó de diversas organizaciones y las demolió. Ahora no se aprecia, pero en las siguientes elecciones lo veremos. Si no me creen, como dice Ricardo Alemán: Al tiempo.

Opinión 2012-09-14 - La Crónica

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