Tantadel

septiembre 17, 2012

Morena, ¿el último intento?

La costumbre para seleccionar a un presidente primero fue parte del ritual presidencialista: el mandatario en turno, antes de concluir su periodo, designaba a su sucesor. El elegido provenía del gabinete, donde, se suponía, estaban los amigos cercanos, los colaboradores más fieles. Los tiempos, sin embargo, fueron sufriendo modificaciones y la oposición tuvo al fin presencia. Carlos Salinas designó a Luis Donaldo Colosio como candidato presidencial y su atroz asesinato aceleró las modificaciones del proceso que estaba en las manos del más alto político mexicano. De cualquier forma, Salinas insistió en hurgar dentro del gabinete. De este modo apareció Ernesto Zedillo, hoy en apuros para no ser juzgado por la matanza de Acteal.

Del lado opuesto, el PAN crecía y una coalición de organismos avanzados proponía con insistencia a Cuauhtémoc Cárdenas. Fue el PAN el que primero rompió el monopolio priista. Lo hizo con Vicente Fox y repitió la proeza con Felipe Calderón. El PRD, fiel a su tradición, desaprovechó las oportunidades. Dudo mucho que haya sido objeto de maniobras para impedirle el paso. Más bien sus dos únicos aspirantes, Cárdenas y López Obrador, no supieron triunfar, se tropezaron: al primero le faltó audacia, al segundo le sobró.

Lo que sucedió cuando Fox magulló el monopolio político priista fue que la costumbre de elegir candidato de entre los integrantes del gabinete desapareció para brindarle al DF la posibilidad de ser una poderosa plataforma para buscar la Presidencia de la República. Cárdenas salió la tercera vez de la jefatura de gobierno y lo mismo le ocurrió a López Obrador. Dicho en otros términos, el enorme peso político de la ciudad capital fue descubierto. Considerada por el PRI como de segundo orden político, por siglos el “ombligo del mundo”, según apreciaciones prehispánicas, fue fundamental en una nación centralista (que lo sigue siendo a pesar de todo), estaba relegada. No importaba que fuera la casa de los poderes ni que aquí estuviera lo más destacado de la vida educativa y cultural, tampoco parecía contar su abrumadora multitud de habitantes.

Si para el PRI el DF desapareció y no le prestó ninguna atención en el triunfo de Peña Nieto, convertido en perredista o, si se quiere, en obradorista, dejó en claro que para las llamadas izquierdas es su principal soporte. Desde ahora, en un exceso, ya Marcelo Ebrard agita desesperadamente el dedo proponiéndose como candidato. Los expertos precisan que falta el tiempo de Miguel Ángel Mancera.
De cualquier manera, el DF presentará diversas posibilidades, incluido nuevamente AMLO, quien regresará al lugar de sus grandes triunfos para buscar una tercera posibilidad para obtener la Presidencia, al frente de Morena, ya convertido en partido. Es posible imaginar un escenario difícil para esta nueva intentona. Dos fueron suficientes para mostrar al líder tabasqueño de cuerpo entero, con sus defectos y virtudes, más los primeros que las segundas. Sus vaivenes tácticos en lugar de enriquecerlo lo arruinaron. Al desechar el eje de sus éxitos, “primero los pobres”, y acercarse a los empresarios y a las clases media y alta, desmoralizó a muchos seguidores. La idea de la república amorosa fue una broma de mal gusto que probaba que no sabía escuchar a nadie más que a él. Su repetida negativa a reconocer el triunfo ajeno lo llevó a una suerte de suicidio que por ahora no se nota, pero que será más claro en la medida en que pase el tiempo y las ambiciones presidenciales avancen y crezcan.

AMLO parece no resentirlo, pero ha perdido parte importante de sus ingresos y ya conocemos la maldición de Hank González: político pobre, pobre político. Para pelear por cualquier cargo se requiere mucho dinero, realmente mucho. AMLO, derrotado dos veces, no tendrá grandes fuentes de ingresos externos, a lo sumo, lo que le venga de amigos y admiradores.

Es muy posible que Morena sea una institución política condenada al fracaso. Jugó un papel importante, pero al mismo tiempo dividió a sus cercanos. Hoy dentro del PRD hay un sentimiento de hostilidad. Los militantes están divididos entre quienes lo detestan y aquellos que mantienen lealtad y respeto. Es pronto para opinar del futuro de Morena. Pero sí va a provocar un boquete en el PRD. Muchos se irán con AMLO y se vengará de ese partido: dividiendo a “las izquierdas”, cumplirá de esta manera su gran amenaza. Por ahora el país parece satisfecho con el trío PRI, PAN, PRD. Los intentos anteriores de crear un partido de izquierda serio fracasaron con el Partido Comunista y el Partido Popular Socialista. Los partidos pequeños, negocios familiares o empresas de grupos políticamente modestos no tienen más porvenir que el desaparecer poco a poco o sumarse a cualquiera de los mayores.

Lo que veremos, en consecuencia, es una lucha casi personal de AMLO, tratando de armar su tercera candidatura. Tan es así que en Tabasco es su hijo quien está al frente de Morena. Lo que no llama más la atención es su inconsistencia y falta de sinceridad: va y viene, se contradice y nos toma el pelo. Una prueba de ello es la siguiente afirmación: “En Morena no se aceptará el caciquismo, el amiguismo, el influyentismo, el nepotismo, el sectarismo y el clientelismo”. That’s all?

Opinión 2012-09-17 - La Crónica

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