Tantadel

septiembre 12, 2012

El adiós de Calderón

Felipe Calderón no tuvo una tarea fácil, de principio a fin encontró la hostilidad de López Obrador y sus seguidores. Para colmo le estalló una bomba de tiempo, la inseguridad y el narcotráfico. Pero si añadimos su escasa experiencia, la falta de cuadros panistas capaces de gobernar, el panorama queda completo. Su administración fue mala. Hace algún tiempo, en estas mismas páginas, escribí una pregunta: ¿Cómo verán las futuras generaciones a Felipe Calderón, qué dirá de él una historia severa e informada? Los resultados sin duda le serán adversos. De allí que haya rumores acerca de su posible salida de México.

Sin embargo, Calderón no es ingenuo y ahora, con el país en relativa calma (sólo los extremistas tontos ven en la esquina a los batallones de estudiantes clasemedieros armados hasta los dientes aguardando el momento en que el iluminado dé la orden de iniciar la revolución que David Alfaro Siqueiros vaticinó en uno de sus murales de la Ciudad Universitaria, la cuarta y definitiva. En consecuencia, ha optado por cerrar lo más decorosamente posible. Para empezar, sí reconoció el triunfo del PRI. Hace los adecuados preparativos con el objeto de que la transición se lleve a cabo de la mejor manera, pese a los sombrerazos de los perredistas que siguen pensando en un fraude más.

Las cosas no se detienen allí, ahora, y desde hace algunas semanas, el Presidente de México ha iniciado un impiadoso bombardeo de mensajes que nos indican, a nosotros y al mundo, que todo está perfecto, que nunca ningún presidente hizo tanto bien como él. Para llevar exitosamente la campaña, sus colaboradores más cercanos declaran un día sí y el otro también, que todo es inmejorable. El país está tranquilo, con las arcas llenas, poco desempleo y sobre todo a salvo de las crisis económicas de Europa y Estados Unidos. No pasan muchos minutos sin que leamos o escuchemos las voces de la razón: Calderón y su equipo, con voz de locutores deportivos, plenos de entusiasmo hablan de grandes logros y minimizan las derrotas.

Tampoco elogiar la actividad propia es algo negativo, es, en todo caso, algo poco digno, pero está en su derecho y es claro que le sobraron dineros para invertir en publicidad en un intento de modificar su futuro desde el presente y dejando de lado el pasado.

El PRI no parece un crítico severo, unas puyas aquí, otras allá y en general Peña Nieto se ha pasado el tiempo dándole la razón a casi todos y diciendo que respeta a sus enemigos y críticos, en lugar de cometer grandes hazañas políticas para que él y su partido nos hagan pensar en que sí hay cambios o estamos al borde de presenciarlos. En lo personal, veo pobreza política y algo más, salvo unas cuantas novedades poco promisorias, en ese partido están los mismos de siempre. Los líderes naturales no logran asomar la cabeza entre tantos elementos que ahora han redescubierto su devoción por el partidazo. Los cuadros más experimentados son piezas de museo, las centrales de trabajadores que fueron poderosas y cuyos líderes salvaron más de una vez al Presidente de la República hoy tartamudean, tienen mala memoria y para colmo se quedan dormidos. Los políticos más vigorosos lo son en el campo atlético, no en el intelectual.
Sé que algo peor sucede en la nueva oposición conformada por el PAN y el PRD, las cosas no están mejor, pero es el PRI el que va a mandar a lo largo de seis años. Lo hará en un medio donde la hostilidad se mantendrá de parte de algunos sectores extremos, gobernará para una sociedad mucho más avezada que la que dejó en 2000, con medios de comunicación críticos y sin las antiguas formas y normas no escritas que le funcionaban al “primer mexicano” y su gabinete. En suma, no será para Peña Nieto un día de campo. Hay escepticismo acerca de sus capacidades y aunque es un hombre carismático y alguien que aprende rápido, su discurso es monótono, repetitivo y poco original. Acartonado, en una palabra. Esperemos que ya en Los Pinos muestre su personalidad, dentro de la lógica de los presidentes priistas de sólo mostrar el verdadero rostro, una vez que esté habitando en Los Pinos.

Felipe Calderón está en lo suyo, en despedirse diciéndonos que nos salvó del crimen organizado y que ya falta poco por hacer. Los miles de muertos fueron de patriótica utilidad. Sin embargo, la realidad es otra, deja un país incierto, en el cual todavía hay mucho malestar y pocas esperanzas. Para completar el panorama, López Obrador está en tregua, para sólo reorganizar a sus más leales, deja en el PRD a muchos de sus mejores servidores y amenaza ser de nueva cuenta candidato presidencial, sin mirar que el PRD ya busca presidente entre Miguel Ángel Mancera y Marcelo Ebrard, con bastante anticipación.

Si el PRI desea mantener el poder, desde ahora tendrá que hacer las cosas muy bien y permitir que los nuevos dirigentes surjan y se muevan en busca del poder con ideas vigorosas y de interés social. En otras palabras, el PRI tendrá que ser lo que nunca ha sido: dejar de funcionar como agencia de empleos y ser un verdadero partido político.

Opinión 2012-09-12 - La Crónica

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