Tantadel

septiembre 26, 2012

El parricidio interminable

Dentro de los rituales políticos mexicanos (inventados por el PRI) está sin duda el más abyecto: no es la sumisión, el qué horas son, las que usted quiera señor Presidente, ni el informe donde las cifras son alegres y el culto a la personalidad brutal, lo es el parricidio. El hecho de matar al presidente anterior para que surja plenamente el poder del actual. Es un acto canalla, sobre todo porque salvo los últimos mandatarios, todos han sido producto del célebre dedazo presidencial. El fenómeno se repite en los estados y en el DF es ya una práctica instituida. Lo atroz del caso es que matan a quien le deben el cargo.



El parricidio se lleva a cabo para consolidar el poder propio y eliminar los restos del que lo concedió a través de una peculiar forma de sucesión casi monárquica. No es tan exacto, pero la generalización cabe cómodamente en la historia de los ciclos presidenciales. Algunos ajenos al sistema que de pronto lo abordaron, como Fox y Calderón, lo han intentado usar, el primero con Santiago Creel, el segundo con Ernesto Cordero, pero no supieron manejar la rutina, ambos fueron delfines fallidos. Sin duda les sale bien a los priistas y a sus derivados.


Veamos el caso de Marcelo Ebrard, sumiso ante el poder inmenso de López Obrador, pero atento a las oportunidades que le brindaba el sucesor de Cuauhtémoc Cárdenas, bajo la supervisión de Manuel Camacho, quien rozó la presidencia en su etapa priista. Ahora aparece el verdadero Ebrard, una vez que el líder tabasqueño, en apariencia, le cede el terreno a los ahora perredistas. O al menos esos suponen las “fuerzas emergentes” de “las izquierdas oficiales”. Lo que no están calculando es que la voluntad y terquedad de López Obrador puede ser más fuerte que sus declaraciones y sus posturas de apariencia agresiva. El tabasqueño volverá a recorrer los caminos de la República y moverá grandes masas y será candidato presidencial con su propio partido y la lealtad de muchos perredistas que no aceptan ser manejados por ex priistas.


Marcelo Ebrard le cobra la factura a Obrador y le dice al diario El País un montón de directas indirectas a su antiguo jefe. “Hay que construir una izquierda para gobernar, no para protestar”, dejando de lado la época en que Ebrard se hacía de la vista gorda ante los excesos de los seguidores de AMLO, que por años no le dirigió la palabra a Calderón y evitó encuentros con el “espurio”. En otros términos: ¿ahora sí dejará el estilo violento y agresivo que Andrés Manuel impuso en “las izquierdas”?


Otra joya: México “necesita prestigios políticos, no carismas”. Más claro ni el agua de Iztapalapa: Marcelo representa lo primero, Obrador es puro carisma y eso aunque atrae votos por millones, no sirve, se requiere ser un político sensato y experimentado. Por piedad, podemos desbordar páginas y páginas con las listas de promesas incumplidas, sus muy discutibles éxitos y el estado actual de la ciudad que todavía gobierna el ex priista. El triunfo de Miguel Ángel Mancera se explica por los méritos propios de una carrera intachable y una campaña eficaz.


Si antes Marcelo y Manuel Camacho eran clones del radicalismo de Obrador, hoy ponen mucha tierra de por medio. El primero lo explica así: “Hay que refundar el partido y celebrar un congreso. ¿Qué nos puede llevar a hacerlo? La competencia con Andrés Manuel. La ventaja del PRD es que Morena es el partido de una sola persona…” El resto de la entrevista prosigue por el estilo: Ebrard representa a la auténtica izquierda, mientras AMLO construye su propio organismo que resultará algo indefinible. Tarde o temprano, sugieren las palabras del jefe de Gobierno capitalino, se enfrentarán y de entre todas “las izquierdas”, el PRD será la mejor opción. Lo que no acaba de saber o finge no verlo, es que dentro del PRD, aparte de tribus con claras tendencias y deseos de poder, hay miles que mantienen la confianza en el tabasqueño y que, llegado el enfrentamiento, no seguirán a los ex priistas por más “prestigio político” que tengan. Saben bien, cómo fue edificado ese proyecto y que, cuando Vicente Fox cesó a Ebrard, fue López Obrador quien lo mantuvo y lo hizo más adelante jefe de Gobierno, donde pudo acrecentar su poder aprovechando su tortuoso modo de conducir al partido y al gobierno capitalino.


El parricidio dentro de “las izquierdas” ya está en marcha: los marcelistas tratan de sepultar a López Obrador, ya no les aporta nada, al contrario, es un estorbo en la ruta hacia el poder. Sin embargo todavía faltan cinco largos años en los que AMLO hará lo que bien sabe hacer: moverse dentro del pueblo. Pocos imaginan al elegante Marcelo, ya obeso, conduciendo su bicicleta por todos los municipios del país. Para colmo, no tendrá una gran estructura ni los recursos que proporciona un cargo tan alto como la jefatura de la gran ciudad capital. Los dineros del PRD, PT y Movimiento Ciudadano no es fácil que le sean entregados para recorrer todo el país. Hasta hoy, los triunfos ajenos han pasado por encima del DF, pese al orgullo que sienten los perredistas en disponer a placer de la joya de la corona.


Opinión 2012-09-26 - La Crónica

No hay comentarios.: