Tantadel

septiembre 03, 2012

¿Hay una generación de la “onda”? (1/2)

Hace poco, una joven periodista me hizo de nuevo la pregunta que, por ejemplo, José Agustín se niega a responder con abierta hostilidad: ¿Qué es la generación de la Onda, dónde estaba usted? Ésa fue una discutible calificación que Margo Glantz nos endilgó para hacerse pasar como crítica literaria aguda e innovadora, cuando ella es mejor analizando a los clásicos. Algo le respondí a la reportera, ahora prefiero, con mayor calma, ahondar en el tema.

Una generación literaria es un conjunto de escritores de edad semejante, cuya obra tiene algunas características similares, un lenguaje común. Por lo regular queda marcada por los grandes acontecimientos políticos, sociales y culturales de una época, como le ocurrió a la generación perdida a la que perteneció Hemingway, donde la matanza de la Primera Guerra Mundial hizo visibles sus efectos más allá del campo de batalla. Entre nosotros, que se reconozcan como generación, tenemos a la del Ateneo de la Juventud, donde Reyes, Torri, Vasconcelos y Martín Luis sobresalieron. Brilla la de los Contemporáneos, quienes cometieron la hazaña de darle a la cultura nacional los necesarios aires renovadores de Europa y Estados Unidos. Sus más distinguidos miembros fueron Salvador Novo, Carlos Pellicer, Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia y José Gorostiza. Asimismo, debemos recordar Taller, revista que agrupó y le dio nombre a una generación que encabezaron Octavio Paz, José Revueltas, Efraín Huerta y Rafael Solana. Difícil hoy imaginarlos juntos: sus carreras corrieron por diversos rumbos.

Marco Aurelio Carballo, según nos indica una de sus obras, Muñequita de barrio, pertenece a la generación del 40, sólo que tal generación fue apareciendo de modo complejo y en diferentes momentos. Al principio, arrancamos, alrededor de 1959, agrupados en un taller literario, Mariano Azuela, con una revista casera: José Agustín, Eduardo Rodríguez Solís, Gerardo de la Torre y yo. Poco más adelante, uno o dos años, se incorporaron Alejandro Aura, Juan Tovar, Gustavo Sáinz, Andrés González Pagés, Jorge Arturo Ojeda y Elsa Cross, justo cuando los primeros con José Agustín y yo en la preparatoria 7, hacíamos una suerte de periódico literario llamado Búsqueda, órgano de unos cafés literarios que dirigía César Horacio Espinoza, quien gustaba de utilizar el seudónimo Horacio Juvan. Habrá que añadir que la Revolución Cubana acababa de triunfar, Guevara ya era proverbial, Agustín, Gerardo y yo fuimos militantes comunistas en diversos momentos de aquella época y el rock and roll dejaba huella indeleble como evidente manifestación contracultural, como la poesía beat. En ese momento Juan José Arreola decide, a petición de nosotros, formar un taller literario y una revista, hoy legendarios: Mester. En esas sesiones transcurridas en la casa de Arreola en Río de la Plata aparecieron algunos más como Hugo Hiriart, Roberto Páramo (quien inexplicablemente desapareció, abandonando una carrera promisoria para la que estaba singularmente dotado), Ignacio Solares, Carmen y Magdalena Galindo y otros que se me escapan. La mayoría de nosotros escribimos nuestros primeros textos en revistas colegiales, de tal manera que consideramos los cuentos y poemas que aparecieron en Mester como el arranque formal. Hablo de 1963 y 1964. Mucho más adelante, el círculo se ampliaría. Al grupo que Margo Glantz de modo simplón, y sin encontrar mayores diferencias entre cada uno de nosotros, calificara como de la Onda y que se encuentra reunido en dos libros, Antología joven de México y Onda y escritura, publicados por Siglo XXI, se le añaden personajes solitarios como Parménides García Saldaña y Raúl Navarrete, al que Rulfo exaltara. Ambos murieron de forma dramática y prematura. También en ese año, conozco a un poeta importante: Dionicio Morales. El encuentro fue en aquella remota OPIC que dirigía Abigael Bohórquez. Finalmente, en 1989, Marco Aurelio Carballo comienza a escribir literatura y de este modo la generación crece. En esos tiempos surgen asimismo autores exitosos, de edad semejante a la nuestra, como Eugenio Aguirre y Rafael Ramírez Heredia, y aumentan la lista de autores nacidos alrededor de 1940 y que hasta hoy no ha encontrado más nombre que los ya citados de la Onda. Agustín propuso dos nombres para calificarnos: Mester y generación del 68. Como la veo, pareciera que está perfectamente conformada por el año de 1938, año en que nace Gerardo de la Torre y 1944, cuando nace José Agustín. Sin embargo, 1938 es también el año de nacimiento de José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis, quienes pertenecen por razones históricas y de prematura incorporación a las letras, a otra generación, la de Juan García Ponce, Juan José Gurrola y Juan Vicente Melo, Inés Arredondo... De tal forma que será interesante cuando, llegado el momento, los críticos, la estudien y vean cuáles son sus puntos de contacto, sus diferencias, sus méritos o fracasos y las razones de sus escrituras.
Como generación aparecimos en un libro propuesto por el poeta Xorge del Campo, quien lo ofreció a Arnaldo Orfila una antología de nuevos narradores: Literatura joven de México. Éramos siete y el editor le pidió a Margo que la prologara, allí nace la Onda. El éxito fue mucho y llegó la segunda edición, llamada Onda y Escritura, nuevamente prologada por Glantz y con otros escritores mayores que nosotros que representaban “la escritura”, nosotros éramos los onderos, los que escribíamos con desenfado y descuido.



Opinión 2012-09-03 - La Crónica

1 comentario:

Eduardo Rodriguez Solis dijo...

Bien que me acuerdo de aquellos tiempos. cuando empezábamos a darle a las cosas de la creación literaria. Clarinetes que yes. Pero como que se nos olvida quién nos empujó a estos menesteres de las letras. Fue Anya Herrera o Anya Herrera de Schroeder, quien era la cabeza del grupo de teatro que teníamos y quien también era la batuta en nuestros primeros talleres de literatura. Ella era una bella dama y estaba, claro que sí, llena de cultura. Sus escritos por ahí andan. De ella hicimos "Los hilos de la luna", donde Gerardo de la Torre, José Agustín, yo (Eduardo Rodríguez Solís), el hermano de José Agustín (Alejandro), Rosario Ferrer y alguna de las hermanas de José Agustín, éramos los actores. Luego hicimos de Anya, "El juego", y ganamos varios premios en un concurso. Augusto, el hermano de José Agustín, se ganó hasta una beca por su escenografía. Luego vino la increíble relación que tuvimos con Juan José Arreola, quien fue casi nuestro Gurú en las letras. Y me acuerdo que hasta en mi casa de Sudermann 335, Chapultepec Morales, nos reuníamos con el Taller de Arreola. Tiempos idos, preciosos, repletos de recuerdos agradables y no. (Eduardo Rodríguez Solís. erivera1456@yahoo.com)