Tantadel

septiembre 05, 2012

¿Hay una generación de la “Onda”? 2/2

En 1975 el INBA organizaba giras fronterizas (la frontera norte, desde luego) para defendernos de la penetración cultural estadunidense, sin percatarse de que el caballo de Troya se llamaba Televisa. En Ciudad Juárez, conocí a un hombre provinciano, agudo y feroz enemigo del DF: Jesús Gardea y estaba desesperado, había nacido en 1939 y no tenía libro alguno editado. Finalmente consiguió editar y apareció un eficaz prosista que murió en marzo de 2000, sin haber tenido idea de su pertenencia, al menos por razones de edad, a la misma generación de la que hoy hablo con rapidez, tratando al menos de ubicarla, pues se trata de personas distintas entre sí y con diferencias políticas, morales y culturales muy claras y que, como consecuencia, en tanto grupo, fueron incapaces de luchar contra lo establecido. De los “onderos”, sin duda José Agustín, Parménides García Saldaña y yo, teníamos mayores afinidades: el rock y aires contrarios al sistema. Los tres en algún momento estuvimos en el Partido Comunista y nunca nos gustó el PRI ni la sociedad que había edificado.

Todavía no se ha escrito un libro sobre dicha generación y su connotación “ondera”. Sin duda, Parménides se reconocía como tal. El resto no, aunque aceptábamos que a nuestro alrededor había un movimiento contracultural que nos impulsaba. Algunos hemos recibido esa atención en lo individual. Una vez Carlos Montemayor se interesó en nosotros y le consiguió a Jorge Arturo Ojeda una beca para hacer un libro de análisis crítico sobre su propia generación; él, sin embargo, prefirió redactar una obra más sobre Octavio Paz. No está de más señalar que Octavio vio con desprecio el trabajo de Jorge Arturo, ignoro las razones, esto me fue contado por el propio autor del ensayo.

Gustavo Sáinz tuvo una intensa relación con José Agustín y Parménides García Saldaña, no cabe duda, tendría que estar con nosotros, pero él permaneció distante. Alguna vez El Búho lo entrevistó y fue duro con José Agustín, a los demás nos engavetó y por último se puso al lado de figuras como Goytisolo y Vargas Llosa. Luego su alejamiento de México lo hizo menos popular de lo que fue cuando publicó Gazapo. A menos que se tenga, como Fuentes, un gran talento literario y un amplio sentido publicitario, en México funciona el refrán de que santo que no es visto no es adorado.

Dionicio Morales, con Aura y Elsa Cross, por último, son algunos de los escasos poetas en medio de un grupo de narradores. El primero conserva características que lo hacen diferente quizá por su cercanía con poetas de la talla de Carlos Pellicer y Efraín Huerta.

Pues bien, de una u otra forma, por nacimiento y ciertas afinidades, por encuentros y desencuentros, legados y aportaciones, rivalidades y simpatías personales, algunos ya distanciados por los nuevos tiempos y los cambios que de pronto ocurren, que una misma época concede, un largo número de narradores y poetas se han acumulado y todos hacen su obra sin detenerse a pensar en ellos mismos, tal vez en espera de que alguien los analice con seriedad y cierta objetividad.

De cualquier forma, se me antoja una pregunta: ¿somos los nacidos alrededor de 1940 una generación? Por razones cronológicas sí, por otras resultan más complejas y difíciles las afinidades. Onda, por lo pronto, nos parece algo peyorativo. Agustín propuso Mester y otro sugirió 1968, en recuerdo del año trágico que se cruzó en la vida de todos nosotros, aunque, en este caso, Alejandro Aura insistió que él nada tuvo que ver con el movimiento y que no escribió algún verso al respecto. Si hay que ponerle un nombre a una generación que como tal no existe, bien podría ser el de 1940 y listo. Si debo pensar en generación (como respuesta a una pregunta mil veces hecha), sólo puedo hacerlo en aquellos que conocí alrededor de 1960: José Agustín, Gerardo de la Torre, Eduardo Rodríguez Solís, Antonio Castañeda, Jorge Arturo Ojeda, Parménides García Saldaña, Roberto Páramo, Gustavo Sáinz, Alejandro Aura, Elsa Cross, Juan Tovar, Eugenio Chávez y algunos que se me escapan. Por razones de edad, porque coincidimos y estuvimos juntos en momentos formativos. A todos nosotros, como generación, le han hecho diversos reconocimientos: el primero lo realizó Marco Antonio Campos, el segundo, Humberto Guzmán, el tercero lo hizo un joven escritor, David Gutiérrez Fuentes, quien publicó una serie de entrevistas en El Búho. Como dato adicional, la mayoría de nosotros escribió trabajos iniciales en Volantín, Búsqueda y Mester. Estuvimos en el taller de Arreola, en el Centro Mexicano de Escritores y consolidamos la literatura urbana que habían iniciado Spota, Fuentes y Solana. Creo que hubo un tiempo en el que todos nos quisimos y compartimos hallazgos intelectuales y políticos. De mi parte, he escrito sobre ellos porque recuerdo con emoción nuestros inicios y añoro una lucha contracultural que muy pocos dimos.

Si fuimos “onderos”, ya somos abuelos poco animosos para ir contra el sistema. Lo despreciamos e intentamos modificarlo, pero resultó más sólido de lo que imaginamos. Hoy, a escala global, se ha tragado hasta a Paul McCartney y Bob Dylan. Si un poeta beat, como Ginsberg, hubiese sido mexicano, estaría haciendo antesala con Peña Nieto.(Segunda y última parte)

Opinión - La Crónica

2 comentarios:

Eduardo Rodriguez Solis dijo...

René Avilés Fabila es un escritor que ya está hecho un sabio. La paciencia y los años te hacen llegar a esta etapa. René y otros de su generación, no todos, ya somos sabelotodos. La vida ha creado esta ley... Los tiempos que nos tocó vivir fueron llenos de fábulas. Hicimos de tochomorocho. Escribimos en todos los lugares, hasta debajo de las mesas. De Arreola y de Rulfo aprendimos bastante y todo lo que ha escrito la dichosa generación ha servido de mucho. Claro que sí.

Eduardo Rodriguez Solis dijo...

René Avilés Fabila es un escritor que ya está hecho un sabio. La paciencia y los años te hacen llegar a esta etapa. René y otros de su generación, no todos, ya somos sabelotodos. La vida ha creado esta ley... Los tiempos que nos tocó vivir fueron llenos de fábulas. Hicimos de tochomorocho. Escribimos en todos los lugares, hasta debajo de las mesas. De Arreola y de Rulfo aprendimos bastante y todo lo que ha escrito la dichosa generación ha servido de mucho. Claro que sí.