Tantadel

septiembre 30, 2012

La candidatura del PRD en un volado

Fabuloso que dejaran de prevalecer los intereses de las familias y mafias que devoraron a un partido.


Una vez que el general Cárdenas concluyó su periodo presidencial, dejando una huella indeleble, se hizo todavía más reservado. Algunos lo llamaban La esfinge de Jiquilpan. El distinguido político había hecho lo suyo y no deseaba, institucional como era, interferir en las acciones de sus sucesores. Sin embargo, cuando notó que sus avances revolucionarios eran sepultados por leyes y disposiciones reaccionarias no sólo habló, sino que intentó dar un gran paso para unificar a todas las fuerzas progresistas del país y frenar a la derecha. Por desgracia, no prosperó: las divisiones entre las distintas posturas ideológicas de izquierda se acentuaron.

Su hijo Cuauhtémoc siguió los mismos pasos, se dedicó con mayor denuedo a la política que a la ingeniería. Fue senador, gobernador y subsecretario antes de comenzar un largo y penoso recorrido en pos de la Presidencia de México. Al no vislumbrarla siguiendo las reglas establecidas por un PRI cerrado, autoritario y brutal, optó por buscarla a través de una ruta independiente. Como Carlos Madrazo, quiso democratizar al partido. Merced a esa tenacidad, estimulada por un justo resentimiento, creó el PRD y lo llevó a grandes alturas, tres veces fue candidato presidencial y si en la primera hubo un fraude, donde se encontraban Manuel Bartlett y Manuel Camacho, en las siguientes ya Cárdenas había pasado sus mejores momentos. Le faltó lo que a Obrador le sobra, terquedad, capacidad para mentir y hacer demagogia cambiando de táctica cada veinte minutos.

Como primer jefe de gobierno capitalino democrático, Cárdenas puso en el DF un alto número de deshilvanados luchadores sociales corruptos que terminaron ricos y poderosos. Hoy lo controlan casi en su totalidad. Cuando apareció un nuevo caudillo, a Cárdenas le dieron un mote con laureles, “líder moral” y lo arrumbaron por instrucciones de López Obrador, quien hoy tendría que retirarse a escribir sus memorias.

Eliminar la pugna sobre la candidatura presidencial del PRD, entre Marcelo Ebrard y López Obrador, utilizando una encuesta (que desdeñan) fue una tomadura de pelo de ambos y una acción antidemocrática que ignoró al partido. Cárdenas hasta hoy habla del tema y desde EU señala que la encuesta que definió la candidatura de AMLO fue un error. Añadiría yo que también fue prueba del nulo respeto que la dirigencia siente por las bases, la militancia no cuenta, sino los intereses de mafias y familias. En todo caso, el problema fue que para algo tan serio, dos políticos inescrupulosos echaron un volado. En otras condiciones, si el método es otro, claro y participativo, el que hubiera ganado hubiera podido ser mejor rival para frenar a Peña Nieto. En realidad no hubo tal volado, es una imagen propia, muy del lenguaje de los perredistas, pero eso fue. Los admiradores de Ebrard dicen ah, si él hubiera sido el candidato, derrota a Peña, pero el caso es que tampoco lo habría logrado a pesar de la fuerte campaña que ha hecho, aprovechando el cargo de mejor alcalde del mundo, otorgado por un grupo de colegas ingenuos. AMLO perdió por la ridiculez de la Presidencia legítima.

Sus demás observaciones prueban que Cárdenas sigue amando a su perversa criatura. Le deseó lo mejor a López Obrador, menos que le gane al PRD, y a éste dijo que sería fabuloso que dejaran de prevalecer los intereses de las familias y mafias que devoraron a un partido esperanzador.

Veo difícil que el PRD se reponga del daño que entre todos sus dueños le han causado, pronto veremos más fracturas y alejamientos a causa de Obrador, mientras que el PRI hace lo que sabe hacer: arrellanarse en el poder. Quizá el PAN, lejos de Calderón y esperemos que también de Madero, pueda escaparse del trauma que le dejaron 12 años de lamentables políticas, errores y de una guerra mal conducida y ser competitivo. México requiere una lucha limpia de varios partidos.

Excelsior - 2012-09-29

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