Tantadel

septiembre 07, 2012

La inexplicable política mexicana

Cuando estudiaba en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, ingresé en un mundo inteligente y generoso: el de los clásicos de la teoría política: de Platón, Aristóteles, Maquiavelo y Moro a Marx, Engels y Lenin, pasando por Montesquieu, Locke y Sieyes. Todos sostenían con brillantez tesis soberbias que de haber sido aplicadas adecuadamente tendríamos un mundo ideal. Muchas ideas de esos pensadores han sido tomadas y utilizadas sin esmero en diversos países. Las utopías parecen tener influencia en más de una acción política, pero siempre terminan encerradas en las páginas de los libros que consumen únicamente los teóricos y los académicos. La realidad nos obliga a seguir rutas diferentes y a recoger doctrinas maltratadas y peor aplicadas. Si uno ve a la política desde la perspectiva incierta de quienes la practican profesionalmente, no existe camino para mejorar a la humanidad. Ella se orienta por el peor de los pragmatismos.

México sin duda es el peor ejemplo. Por décadas no hubo otra teoría que el pensamiento salvador del presidente en turno. El país dependía de las habilidades o perversiones del líder, un caudillo sexenal. La ideología, por así decirle, provenía de un conjunto de vagas ideas que el político había adquirido sin rigor y más bien tomando ejemplos de manuales de historia, acaso de algún maestro confuso. De tal manera que la principal fuente política del país es el más lamentable de los pragmatismos. El PRI lo redondeó y le dio una orientación dizque revolucionaria para quedarse en el cómodo centro como hoy está en el sistema que sin una argumentación juiciosa, mantiene al PRD y satélites en la izquierda y al PAN en la derecha.

En esta tesitura y en una nación donde el priismo es una religión por todos aceptado, les guste o no, los políticos van y vienen de los partidos, los que sólo sirven como plataforma para saltar de un empleo a otro. Los pocos que realmente poseen una ideología concreta, ven saltimbanquis, no guías sociales. Una explicación del peor pragmatismo la escuché de un hombre que, luego de militar en la izquierda socialista de hace años, pasó al PRI, de allí al PRD, estuvo en el PAN y ahora ha regresado al partido madre y padre de todas las batallas, el Revolucionario Institucional. Dijo ser como un futbolista: jugaba donde era posible hacerlo, con quien lo contratara. No hay lugar para las utopías ni para las grandes propuestas de aquellos pensadores que trataron de rehacer sociedades imperfectas. Todos se guían por normas poco plausibles, las que antecesores ignorantes y audaces crearon de refritos e ideas vagas. Añaden su particular estupidez.

El equipo de transición de Enrique Peña Nieto tiene, entre algunas novedades a Rosario Robles, la mujer que era “de izquierda porque de ese lado está el corazón”, y ahora explica que “la izquierda está en todos lados”. Su perredismo fue extremo, rayano en lo grotesco. Invención de Cuauhtémoc Cárdenas, quien obviamente venía del PRI, se proclamaba surgida de batallas sociales. Su carrera fue meteórica en ese partido. Llegó a lo que Beatriz Paredes ni María de los Ángeles Moreno no consiguieron: gobernar el DF. La compleja y turbia vida interna del PRD la condujo del éxito a la derrota y fue expulsada por razones que nadie ignora. Inteligente, supo refugiarse en los medios, como lo hizo la panista Purificación Carpinteyro, quien ahora representa al PRD. Desde allí reconstruyó su vida política y mientras su hija buscaba abrirse paso en el PAN, ella coqueteaba con el PRI. Hoy la vemos al lado de Peña Nieto, en el equipo de transición, en espera de un alto cargo.

Mudarse de partido no es ya una rareza digna de Ripley, es una cómoda realidad que nos muestra el pragmatismo de la política y los niveles de intensa corrupción de todos los institutos políticos. No hay ninguna ideología, hay necesidad de ser funcionario. Cuando Manuel Camacho, Marcelo Ebrard o Porfirio Muñoz Ledo se declaran de rabiosa izquierda, mueven a risa. Todos se mantienen en un PRI eterno y cambiante. Los partidos son entelequias, siglas, nunca representan valores e ideologías, sino puestos de combate para vencer a un hipotético enemigo y colarse al mejor empleo posible. En este universo tan perverso como práctico, se mueven los políticos. Sin dignidad o decoro alguno, con la idea de figurar. Rosario Robles, ahora tricolor, desató oleadas de comentarios ácidos en las redes sociales. ¿Y? Mayor utilidad tendrá en un PRI que tiene al frente la molestia del sector radical del perredismo. ¿Y qué es el PRD? Una suma confusa orientada por el rencor de ex priistas. Del mismo modo que el largamente opositor al PRI, el PAN, en cuanto llegó al poder se apropió de los métodos y usos de aquellos que sacó de Los Pinos. Fox parece más priista que Videgaray o Coldwell, mostrando de tal manera que no tenemos un sistema de partidos sino un partido con dos alas y que vuela muy bien.

Robles recuperó lo suyo: un lugar destacado en el poder. No quería modificar al país, quería empleo. Lo tiene ya en el primer círculo del PRI. Los perredistas imitan a los priistas prófugos, buscando un lugar adecuado en el poder. ¿Existe la izquierda o a lo sumo son priistas avanzados?

Opinión 2012-09-07 - La Crónica

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