Tantadel

septiembre 09, 2012

México, paraíso del plagio

¿No les importa darle el Premio FIL a un señor que se ha robado 26 artículos?

Hace unos días, la burocracia cultural dio una noticia asombrosa: la FIL de Guadalajara decidió asignar su premio (alguna vez llamado Juan Rulfo, hasta que la familia se incomodó por el manejo y con razón) al escritor Alfredo Bryce Echenique. Asombrosa, porque el peruano ha sido acusado de plagio y lo que es peor, lo ha aceptado con una razón inaudita: mi secretaria, confundida, envió los artículos. Pero el caso es que Bryce ha enfrentado serios problemas de orden legal. Ahora la FIL, con el aval del CNCA, lo honra con una jugosa cifra de dólares; como meses antes, otro célebre plagiario, Sealtiel Alatriste, fue galardonado con el premio Xavier Villaurrutia, al que tuvo que renunciar al serle comprobados públicamente escamoteos intelectuales. En ambos casos, Excélsior dio amplia cobertura.

El asunto mexicano fue escandaloso, tanto que Alatriste tuvo que abandonar el empleo en la UNAM. Con tal motivo, aparecieron infinidad de artículos comentando el plagio en México. Participé con un texto llamado Plagio, luego existo, donde recordé que las historias de plagios nacionales han involucrado a docenas de escritores, algunos de enorme prestigio como Carlos Fuentes, Alfonso Reyes y Octavio Paz. En algunos casos, las víctimas señalaron las sospechosas semejanzas entre el texto del famoso y el propio. Rubén Salazar Mallén denunció a Paz y recientemente Teófilo Huerta señaló a José Saramago como autor de un hurto. Su cuento, La segunda muerte, se había convertido en novela, en manos del Premio Nobel. Quizá tomó la idea sin imaginar las consecuencias. De por medio, precisó Huerta, estaba Alatriste, quien no sólo encubría y facilitaba temas ajenos, sino que él mismo a falta de imaginación tomaba párrafos de otros.

En el diario La Razón, Gil Gamés hizo algunos comentarios: “Jorge Volpi, Julio Ortega, Leila Guerrero, Margarita Valencia, Mark Millington y Mayra Santos Febres, ¿no les importa darle el Premio FIL a un señor que se ha robado 26 artículos? Inviten a Alatriste al jurado y todos contentos. Mecachis. No se lo tomen a mal a Gil, pero son ustedes unos papanatas interesados, grillos que no premian la calidad sino, como suele ocurrir con los premios, el lobby, las cenas, las influencias...” La responsabilidad del premio de la FIL no está sólo en los jurados, sino también en las autoridades de la feria y del CNCA. El caso de Bryce Echenique es internacionalmente conocido. Quienes otorgaron tan a la ligera el premio, precisa Gil Gamés, “serán recordados por destrozar un premio importante. Oiga, Raúl, ¿ya vio lo que ocurrió con su premio?”

Sin duda Bryce tiene gran talento, lo ha mostrado en novelas como Un mundo para Julius, pero se dejó tentar por la necesidad de mantener el prestigio y recabar dinero fácil. Juan Rulfo sólo requirió dos libros para obtener la brillante reputación que conserva intacta, cuando no pudo o no quiso escribir más, enmudeció. Es todo. Lamentable es que el artista plagie, pero resulta patético y poco inteligente que un grupo de personas lúcidas y algunas con obra significativa, decidan enfangar su influencia en una acción como la cometida.
Bryce, por otro lado, carece de culpa en este lodoso conflicto. Esta pésima decisión ha provocado un nuevo escándalo cultural en un país que, desde hace tiempo, carece de figuras destacadas dentro de la burocracia, sin obra y prestigio, permiten toda clase de fechorías. No dejemos de lado que la afamada escritora y colaboradora de estas páginas, María Luisa Mendoza, se vio involucrada en un caso de plagio de un título por ella utilizado y que el CNCA usó y no dio mayores explicaciones públicas.

Por fortuna, como solía escribir el notable columnista NikitoNipongo: ya faltan menos de dos meses para que Consuelo Sáizar y los suyos se retiren. A ver qué sorpresa nos aguarda con el nuevo gobierno, que tampoco parece interesado en la cultura.

Excelsior - 2012-09-09

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