Tantadel

octubre 05, 2012

El infatigable Calderón

Según información destacada del pasado lunes, Felipe Calderón le dijo al mundo: Luché contra los criminales “hasta el límite de mis capacidades”. Lo presumió en su propio estado, Michoacán, dentro de esta larguísima gira de despedida de Los Pinos que comenzó una vez que él y su partido fueron derrotados de manera clara y contundente. A partir de ese momento, el presidente se impuso una nueva y gozosa tarea: hablar bien de su trabajo, decirnos que nos ha dejado un país perfecto, tranquilo, con empleo casi total, sin pugnas internas, con carreteras extraordinarias, aeropuertos muy modernos (en los que nunca habrá un avión de la más importante empresa aérea del país, la desaparecida Mexicana de Aviación), sin narcotráfico, en fin, un país modelo que en seis años dejó el subdesarrollo y la miseria y pasó al primer mundo.


Las palabras que he trascrito para arrancar esta nota, permiten imaginar a Felipe Calderón con su metralleta y una pistola, granadas de mano, cananas, cuchillos en las botas, al frente de inexistentes tropas, dándose de balazos con los narcotraficantes. Acorralado en alguna montaña del norte, defendiéndose y defendiendo a la patria hasta el último disparo. Las suyas son palabras dramáticas. Con rigor, él simplemente ordena, no está al frente de soldados, marinos y policías que sí pelean. Supongo que es una metáfora de la intensidad del combate que él mal conduce desde su escritorio.

Hace algunas semanas, cuando los medios comentaban la derrota del PAN merced a una lamentable conducción y a las pugnas internas que ahora afloran con crudeza, escribí en estas mismas páginas cómo recordaríamos los mexicanos al presidente Felipe Calderón. El futuro se antoja adverso para él. Si consideramos que las denominadas “izquierdas” nunca dejaron de hacer campaña en su contra, que hasta la fecha mantienen su acusación de ser un usurpador o un mandatario ilegítimo, quienes no dudarán en mantener la venganza. Hay ejemplos: Luis Echeverría, quien ya está muy delicado de salud, incapaz de recibir visitas o de aparecer en público, sigue recibiendo acusaciones y ofensas por su gestión. Los mismos intelectuales que masivamente lo siguieron y apoyaron como el gran presidente progresista, hoy lo han abandonado. Los medios señalan que luego de concluir su mandato presidencial, Calderón y los suyos dejarán México. Pienso solamente en los familiares de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado. ¿Mantendrán en silencio su dolor? Lo dudo. Hay cosas imposibles de ocultar. En el tema económico: hay reservas, no hubo despilfarro sino disciplina financiera, sí, pero eso sólo benefició a unos cuantos empresarios, no al pueblo, donde hay miseria y carencias. No fue el presidente del empleo, por más que ahora recorra el país señalando triunfos y victorias. Tal vez si sus más tenaces opositores, los perredistas, le hubieran permitido el acceso a la Cámara de Diputados para informar de su gestión, Calderón no tendría necesidad de recorrer el país y muchos lugares del planeta afirmando lo duro que trabajó, dándonos cifras que hablan de incesantes e impetuosos avances: escuelas por cientos, hospitales en todos los pueblos, datos que son magnificados por un hombre que en verdad está gozando su despedida. Al mismo tiempo, intenta doblar a la historia y convencerla de que la suya fue una administración perfecta. Lo que, por otra parte, todos los presidentes salientes nos han dicho, todos, menos López Portillo que tuvo que llorar un rato para conmover al país y distraerlo de sus fracasos económicos y de la humorada que anticipó al inicio de su gestión: Aprendamos a manejar la abundancia.

Calderón va y viene y no deja pasar una hora sin que nos informe de sus logros, de una admirable gestión del país. Nadie le cree, ni siquiera sus más cercanos. De haber sido un periodo exitoso, el PAN no habría perdido la presidencia y menos obtenido el tercer lugar, luego del PRI y del PRD. Si quedaron algunos recursos en las arcas, todos están siendo utilizados en este largo periodo de transición. La reforma laboral preferente, aprobada en lo general con muchas modificaciones, no convertirá a Felipe Calderón en héroe político. Leyes al vapor, redactadas con desesperación, muy polémicas, que no justificarán su paso por el poder. No hay duda que el presidente debió comenzar el sexenio trabajando con este ímpetu que ahora le vemos. Lleva tres meses declarando sin parar, aprovecha cualquier rendija, inaugura obras modestas, para que no haya reclamos una vez que regrese a ser un ciudadano más. De cualquier forma, en semanas es imposible hacer lo que no hizo en seis años. La historia es implacable, no da con frecuencia segundas oportunidades y menos cuando se carece de verdadero talento político y el hombre fue incapaz de rodearse de hombres y mujeres de talento y experiencia. Los resultados están a la vista. No fue un presidente mal intencionado, tuvo deseos de cambiar a México, lo que no tuvo fue la audacia y la inteligencia necesarias para llevar a cabo una tarea titánica. Su gestión fue desafortunada y mediocre. El colmo fue su reciente declaración visionaria: No creó empleos, pero puso las bases para que en el futuro haya “miles y miles de fuentes de trabajo”. Nuestros nietos serán afortunados.

Opinión 2012-10-05 - La Crónica

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